Microchips con células de médula ósea de los astronautas orbitaron la Luna para ayudar a investigar cómo los vuelos espaciales de larga distancia.
La semana pasada, mientras los cuatro astronautas del Artemis II orbitaban la Luna antes de su regreso a la Tierra, cuatro chips transparentes, cada uno del tamaño de una unidad USB y cultivados con sus células de médula ósea, también estaban en órbita.
Estos chips sirven como "avatares", modelando aspectos clave de la biología de Victor Glover, Jeremy Hansen, Christina Koch y Reid Wiseman.
Este histórico vuelo de prueba, lanzado el 1 de abril, sustenta el objetivo de la NASA de establecer una presencia humana permanente en la Luna como un trampolín para explorar el sistema solar. El programa Avatar -Respuesta Analógica Virtual del Tejido del Astronauta- podría ser clave para comprender cómo los viajes espaciales profundos afectan la biología humana, particularmente los riesgos de la exposición a la radiación.
Este experimento biológico a bordo de la nave espacial Orion es un primer paso. ¿Sobrevivieron los chips al viaje? ¿Hasta qué punto los cambios en las células reflejarán lo que sucede en los cuerpos de los astronautas? Los científicos lo sabrán después del amerizaje, cuando se recuperen los dispositivos.
"Esto es realmente una prueba de concepto, porque conseguir espacio en una misión como esta es valioso", explicó Donald Ingber, director fundador del Instituto Wyss de Ingeniería Biológicamente Inspirada de Harvard, cuyo laboratorio y empresa emergente, Emulate, están trabajando con la NASA en el proyecto.
La visión a largo plazo es enviar estos chips de modelado de órganos -para pulmones, hígados o corazones- al espacio antes que las tripulaciones reales. Si reflejan con precisión lo que sucede en el cuerpo, la NASA podría usarlos para anticipar los efectos en la salud y desarrollar tratamientos médicos personalizados para proteger a los astronautas en función de su biología individual.