El presidente estadounidense criticó duramente al titular del banco central, Kevin Warsh, por convalidar el primer incremento en tres años. La decisión internacional empujó al alza los rendimientos de los bonos del Tesoro, elevó el riesgo país local por encima de los 500 puntos y acotó el margen del equipo económico para salir a los mercados.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, cuestionó con dureza a la Reserva Federal (FED) luego de que el organismo decidiera subir las tasas de interés por primera vez desde julio de 2023, una medida que contrasta de plano con las exigencias del mandatario de recortar el costo de financiamiento.
"Las tasas de interés en Estados Unidos deberían ser del 1%, o menos, porque tenemos el mejor crédito del mundo" estalló Trump a través de su plataforma Truth Social, exigiendo un recorte inmediato. En la misma sintonía se pronunció el vocero de la Casa Blanca, Kush Desai, quien calificó la medida como un paso "bastante desafortunado" carente de fundamentos económicos sólidos.
Pese a las presiones de la administración central, Kevin Warsh, el nuevo titular de la Fed recientemente nominado por el propio Trump, convalidó un incremento de 0,25 puntos porcentuales, llevando el rango de referencia del 3,5%-3,75% al 3,75%-4%. La suba responde a las persistentes presiones inflacionarias impulsadas por el encarecimiento global del petróleo.
"La inflación está demasiado alta y lo ha estado durante demasiado tiempo", justificó Warsh en conferencia de prensa, marcando distancia de los pedidos del Ejecutivo y ratificando su rol como un actor independiente, a pesar de que el propio mandatario había advertido públicamente que se sentiría decepcionado si no bajaba los tipos de interés.
La decisión de la FED repercutió de forma inmediata en los mercados internacionales y golpeó de lleno a los activos locales. En la previa del anuncio, los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años superaron el 5% de rendimiento por primera vez en tres años, desatando una fuerte ola de aversión al riesgo global y un desarme de posiciones en países emergentes.
Este reacomodamiento internacional arrastró a la Argentina: el indicador de riesgo país que elabora el JP Morgan trepó unos 20 escalones en las primeras ruedas de la semana y volvió a ubicarse por encima de los 500 puntos.
Frente a un escenario de mayor volatilidad y tasas más altas, las opciones para el Gobierno se achican considerablemente. Los analistas advierten que, con estas condiciones, la administración nacional difícilmente pueda salir a refinanciar sus vencimientos en el mercado de deuda internacional, lo que obligará al equipo económico a postergar sus planes y aguardar una ventana de oportunidad más propicia para resolver los compromisos financieros previstos de cara a 2027.