El presidente ruso camina por la cuerda floja: reconoce el descontento de la opinión pública, pero no ofrece indicios de que pueda renunciar a sus exigencias.
Una cosa parecía evidente tras la apagada conmemoración en Moscú, este fin de semana, de la victoria soviética sobre la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial: el presidente Vladimir Putin siente la presión.
Parte de ella viene de manera directa de Ucrania, a medida que Kiev incrementa sus ataques en territorio ruso y mantiene a las fuerzas de Putin prácticamente estancadas en el frente. Pero otra parte también procede del frente interno, con el aumento del descontento entre los rusos por las restricciones de internet y los problemas económicos.
Por eso, cuando Putin subió al podio ante un grupo de periodistas tras finalizar los festejos del sábado, el dirigente ruso pareció sentir la necesidad de enviar el mensaje de que no estaba librando una guerra eterna.
"Creo que el asunto está llegando a su fin", dijo Putin.
Ese comentario fue el que generó titulares. Pero otras frases de Putin distaban mucho de ser una capitulación y mostraban el delicado equilibrio que intenta lograr mientras prosigue una guerra en la que muchos de sus principales objetivos siguen sin cumplirse.
El equipo militar ruso se mantuvo alejado de la plaza Roja el sábado, no solo por razones de seguridad, sino también porque las fuerzas rusas "deben centrar su atención en la derrota final del enemigo", dijo Putin durante la conferencia de prensa. También arremetió contra las élites occidentales por no tener en cuenta los intereses de Moscú, por lo que llamó provocar el conflicto en primer lugar y por esperar erróneamente el colapso de Rusia. No dio indicios de que fuera a modificar sus exigencias con la intención de poner fin a la guerra.
"Quiere enviar un mensaje: 'Entiendo que esta guerra tiene que terminar pronto, pero tiene que terminar bajo mis condiciones'", dijo Stefan Meister, analista de Rusia en el Consejo Alemán de Relaciones Exteriores.

Eileen Wang renunció a su cargo en la localidad de Arcadia. Puede ser condenada a 10 años de prisión.
Aunque los índices de aprobación de Putin han descendido recientemente, siguen siendo bastante más altos que los de los años anteriores a que lanzara su invasión a gran escala de Ucrania en 2022, según el Centro Levada, un encuestador independiente. (Los sondeos de aprobación tienen limitaciones obvias en un sistema autoritario).
"No es que este régimen se esté desmoronando de repente y ya no haya apoyo", dijo Meister. "Creo que lo que entendemos ahora es que está bajo presión. Y la presión funciona. Tiene que reaccionar de alguna manera ante ella".
Para muchos rusos, el año ha traído aumentos de impuestos e incómodas restricciones a internet, ambos claros subproductos de la guerra, así como frustraciones derivadas de una economía tambaleante que ha provocado el cierre de empresas y el incremento de los precios de los alimentos y las facturas domésticas. Aunque el conflicto en Irán ha hecho subir el precio del petróleo, Rusia todavía no ha notado del todo los beneficios.
Las conversaciones de paz canalizaron en su momento las esperanzas públicas de poner fin a la guerra. Pero han desaparecido de las noticias a medida que el gobierno de Donald Trump ha centrado su atención en Medio Oriente.
Boris Nadezhdin, un político de la oposición que intentó presentarse a las elecciones presidenciales contra Putin en 2024 con una plataforma antibélica, pero fue excluido de la carrera, se ha estado preparando para presentarse a las elecciones parlamentarias previstas para otoño. Como parte del proceso, ha estado organizando grupos de discusión. Dijo que no había visto a los rusos tan enfadados con el gobierno desde la década de 1990.
"De alguna manera, las cosas han empeorado mucho desde principios de año", dijo Nadezhdin en una entrevista telefónica.
El descontento, dijo, se divide en tres grupos principales: las personas mayores, molestas por sus bajos ingresos y el aumento del costo de vida; los jóvenes, descontentos por los nuevos cortes de internet y la limitación de las aplicaciones; y un amplio sector de la sociedad, frustrado por una guerra que cumple cinco años.
La gente tiende a culpar al gobierno en general o a las autoridades locales, más que al propio dirigente ruso, de los diversos problemas, dijo Nadezhdin.
"De momento, la opinión predominante es 'el zar es bueno, los boyardos son malos'", dijo Nadezhdin, al repetir un dicho común en Rusia que se refiere a los líderes supuestamente benévolos engañados por sus asesores.
Aunque Putin no se enfrenta a ninguna amenaza electoral, Nadezhdin dijo que el pueblo ruso se encuentra en la "primera etapa del despertar".
Recientemente, Putin se ha mostrado inusualmente vulnerable. Según los analistas, los asesinatos de los principales dirigentes iraníes por parte de Estados Unidos e Israel avivaron los temores del líder ruso sobre su propia seguridad y dieron una justificación para limitar de forma más drástica el acceso a internet. Al mismo tiempo, Kiev ha intensificado los ataques de largo alcance contra Rusia con nuevos misiles de crucero y aviones no tripulados de fabricación nacional.
El período previo al desfile del Día de la Victoria del sábado estuvo dominado por un frenesí de especulaciones sobre la posibilidad de que Ucrania atacara las festividades, tal vez con drones guiados por internet móvil. Eso dio lugar a medidas de seguridad muy estrictas y a amenazas serias de Rusia de lanzar un contraataque devastador.
Antes de los acontecimientos, un envalentonado presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, emitió una declaración en la que "permitía" el desfile y prometía no atacar la plaza Roja. El Kremlin dijo que no necesitaba permiso de nadie para celebrar el acto.
*Por Paul Sonne, corresponsal internacional que se enfoca en Rusia y las diversas repercusiones de la política interior y exterior del presidente Vladimir Putin, con especial atención a la guerra contra Ucrania. Alina Lobzina colaboró con reportería desde Londres.
Fuente: TN.com