El jefe de Gabinete no logró que la agenda de reformas legislativas tapara el debate sobre su patrimonio. Apoyos oficiales forzados y rumores de renuncia.
El mayor peligro político que atraviesa por estas horas Manuel Adorni no proviene de las críticas y cuestionamiento de la oposición y del periodismo, sino de la propia interna gubernamental.En la medida en que Javier Milei se convenza de que dejó de ser un activo político y pasó a ser un potencial lastre, la suerte del jefe de gabinete estará echada.
Y el hecho de que el presidente haya apoyado tácitamente a su funcionario desde las redes sociales, avisando de antemano que estará presente en el Congreso el 29 de abril cuando Adorni deba comparecer ante el Congreso para dar su informe mensual- no disipa en absoluto la duda que se cierne hoy.
Más bien al contrario, el tuit del presidente pareció confirmar la situación de debilidad política por la que está pasando Adorni, tras la serie de revelaciones sobre desprolijidades en el uso de bienes públicos y sospechas de inconsistencias en su declaración patrimonial. Y lo cierto es que la gran duda interna que se debate hoy en La Libertad Avanza es si, ante el declarado propósito de que este sea "el año más reformista en el Congreso", la presencia de Adorni será un factor que acelere o que obstaculice ese objetivo.
Lo cierto es que la conferencia de prensa de Adorni de este miércoles tuvo el resultado exactamente inverso al buscado: el jefe de gabinete lució ofuscado y poco convincente ante las preguntas de los periodistas de la sala de prensa de Casa Rosada, que ignoraron olímpicamente la catarata de anuncios sobre proyectos reformistas que serán enviados al Congreso.
La presencia de varios ministros, así como del presidente de la Cámara de diputados, Martín Menem, y del asesor presidencial Santiago Caputo, que estaba pensada como gesto de apoyo a Adorni, tampoco sirvió de ayuda: se los vio incómodos ante el esgrima verbal del jefe de gabinete con los periodistas, a quienes les endilgó estar poniéndose en rol de jueces.
Adorni había llegado a esa instancia después de apariciones en medios afines al gobierno, donde aun pese al trato amable no la pasó bien ni pudo explicar con claridad cómo había pagado un viaje familiar que tenía indicios de haber sido solventado con fondos públicos.
Tras la conferencia, donde no logró que ninguno de los temas de la agenda de reformas tuvieran más trascendencia mediática que su situación personal, Adorni se dedicó a hacer alarde de su apoyo político, retuiteando mensajes de apoyo del presidente y de Karina Milei, así como "selfies" con ministros.
En síntesis, hay más dudas sobre su permanencia en el gabinete ahora que antes de su cruce con los periodistas.
En realidad, Adorni tiene motivos justificados para temer por su futuro político. Los antecedentes de cómo Milei ha tratado a sus principales figuras es una prueba de ello. Personas que habían merecido sus elogios y a quienes defendió públicamente de las críticas, pasaron abruptamente a ser defenestrados cuando las condiciones políticas cambiaron.
Victoria Villarruel, Nicolás Posse, Diana Mondino, Guillermo Francos, José Luis Espert, entre otros de una larga lista, pueden dar cuenta de que una expresión de apoyo de Milei no es, en absoluto, una garantía de supervivencia política.
En algunas ocasiones, las salidas del equipo de gobierno han sido parte de una venganza contra algún sector -como cuando el entonces director de AFIP, Osvaldo Giordano, fue echado como castigo indirecto a su esposa, la diputada Alejandra Torres, por no dar su apoyo a la primera versión de la ley Bases-.
En otros casos, hubo sospechas de traición, como es notoriamente la situación de la vicepresidente Villarruel. También hubo situaciones de recambios de funcionarios en las que se buscó saldar disputas internas en el partido de gobierno o mejorar la relación con sectores aliados.
Pero acaso el caso más paradigmático sea el del ex diputado Espert, elegido para encabezar la lista de candidatos en la crucial batalla electoral por la provincia de Buenos Aires. Espert era acusado de ser asociado de Fred Machado, un empresario argentino preso por narcotráfico y con pedido de extradición a Estados Unidos. Machado había donado u$s200 mil a la campaña de Espert, cuando en 2019 se postuló a la presidencia.
Tras negar inicialmente haber recibido dinero, la prensa filtró documentación y Espert terminó reconociendo que había una relación comercial con Machado, pero que se trataba de la remuneración por un trabajo de asesoría económica. A esa altura, ya la reputación de Espert venía en caída, y figuras de primera línea del gobierno, como la entonces ministra de seguridad, Patricia Bullrich, insinuaban que debería dar un paso al costado.
Milei, que había apoyado enfáticamente a Espert y hablaba sobre operaciones mediáticas para perjudicar las chances electorales del gobierno, finalmente no tuvo inconveniente en aceptar la "renuncia" del candidato y buscar un sustituto de urgencia.
El presidente justificó la decisión con el argumento de que no podía permitir que "una operación maliciosa" pusiera en riesgo el proceso de reformas. Es decir, el mismo argumento con el que antes había apoyado a Espert fue la justificación para sacarlo de la lista.
A juzgar por el resultado de las elecciones legislativas, la decisión de "sacrificar" a Espert se reveló como la opción correcta. Es decir, no se confirmó la tesis de quienes decían que, al desprenderse del funcionario, todo el gobierno estaría manchado por haber apoyado a un candidato cuestionado.
¿Es comparable el caso Adorni? No hay una elección inmediata de por medio, y ese factor puede alargar las chances políticas del jefe de gabinete, que apuesta a que con el paso de los días surjan otros temas en la agenda mediática que opaquen su cuestionado viaje de vacaciones.
Pero lo cierto es que los sondeos marcan que su traspié neoyorquino -al llevar a su esposa en el avión oficial y luego justificarse con el argumento de que se estaba "deslomando"- tuvo un impacto negativo en la imagen de todo el gobierno.
Una encuesta realizada por la consultora Imagen, dirigida por Diego Dillenberger, atribuye la misma gravedad al affaire Adorni que a la suba de la inflación en el súbito bajón que tuvo la imagen presidencial.
En línea con ese estudio, un sondeo de la Universidad de San Andrés, marca que, entre los temas que más preocupan a la opinión pública, la corrupción ascendió hasta el tercer lugar en las menciones de la gente, detrás de los bajos salarios y el desempleo, y por encima de la inseguridad y la inflación.
Pero Milei no necesita ver esos sondeos para comprender que la situación de Adorni puede tornarse problemática: viene de realizar vehementes discursos tanto dentro como fuera del país, en los que plantea la moralidad como eje de la función pública.
Asi, en el Foro de Davos, ante inversores internacionales, dijo que la prueba de que Argentina había cambiado era que ahora la protección de la propiedad privada no era una decisión que obedeciera a una conveniencia circunstancial, sino que era parte del código de valores del gobierno.
Y en su discurso ante el Congreso, justificó también con la razón moral la toma de decisiones como la apertura comercial o la alianza con Estados Unidos. En otras palabras, el presidente puso la obligación moral por encima de una eventual eficiencia técnica en una medida de gobierno.
En la propia conferencia de prensa de Adorni, los periodistas se encargaron de recordarle la aparente contradicción entre las acusaciones en su contra y el discurso moralista del presidente.
Todavía no está claro si esa contradicción es percibida también por los aliados del gobierno en el Congreso. De hecho, uno de los temas de debate interno entre los libertarios es si hay que soltarle la mano a Adorni para garantizarse el apoyo del macrismo o si, justamente, lo que corresponde es apoyarlo para que el resultado de la crisis no sea interpretado como una victoria del PRO.
El año pasado, cuando se confirmó la salida de Espert, había sido sugestivo el "timing" de la decisión, justo después de un encuentro en Olivos entre Milei y Mauricio Macri.
Y cuando el líder del PRO rearmó su alianza con el gobierno, manifestó su agrado con el contenido de la agenda reformista, pero no ocultó que le parecía errada la decisión de nombrar a Adorni como sustituto de Guillermo Francos. Macri no solamente dijo que el entonces vocero carecía de la experiencia y formación política para un cargo tan relevante, sino que hasta propuso en público un nombre alternativo, el del CEO de YPF, Horacio Marín.
Los antecedentes, en suma, indica que Adorni, ya antes de las acusaciones por corrupción, no contaba con la simpatía de los aliados de La Libertad Avanza. Ahora, además, se arriesga a que una fracción del oficialismo lo vea como una figura que, lejos de garantizar una victoria electoral porteña en 2027, pueda ser un factor de "contagio" para el resto del gobierno.
Como el propio Adorni dijo, la decisión final será del propio presidente, quien ya tiene firmada la renuncia de todos los funcionarios. Y acaso la visita al Congreso el 29 de abril sea la oportunidad para que Milei tome, in situ, la temperatura sobre qué tan grave puede ser el efecto contagio de su jefe de gabinete.

El silencio como estrategia del poder: en una Argentina atravesada por tramas vidriosas en todos los niveles, quizá sea necesario recordar lo obvio: "La información es del ciudadano".