Politica Los pasos a seguir

Tras su visita a Hungría, Javier Milei enfrenta una semana clave con fuerte tensión política

El Presidente está en el país y busca volver a controlar la agenda pública tras días de polémicas por el caso Libra y los vuelos de Manuel Adorni y su esposa. El Gobierno se concentra en la economía y las leyes y reformas que impulsa en el Congreso.

Domingo, 22 de Marzo de 2026

Javier Milei llegó al país luego de su viaje a Hungría y se prepara para encarar una semana clave en medio de una escalada en la tensión política. 

El Presidente arribó a la Argentina a las 10.20 de este domingo.

Mientras busca volver a controlar la agenda pública tras días de polémicas por el caso Libra y los vuelos del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y su esposa, Bettina Angeletti, el Gobierno se concentra en la economía y las leyes y reformas que impulsa en el Congreso.

Todas las encuestas de los últimos dos meses muestran un deterioro en dos rubros importantes para el sostenimiento del plan económico: la confianza en que las cosas con tiempo van a mejorar y la preocupación inmediata por los ingresos, el empleo y, de nuevo, la inflación. También ilustran sobre la caída de la imagen positiva del presidente, y del Gobierno en general.

Se habla, a raíz de ello, de hartazgo con el ajuste, del quiebre del pacto que la sociedad o parte de ella había sellado con Milei, e incluso de complicaciones crecientes para los planes de reelección y nuevas oportunidades para una oposición que supere su crónica fragmentación.

Es un poco mucho, dado lo inestable que ha sido la opinión en los últimos tiempos: así como ahora hay una ola en contra, cambios menores en la situación y las percepciones podrían generar una nueva ola a favor. Habrá que esperar y ver cómo siguen las cosas.

El que seguro no está muy apurado por reaccionar a este nuevo clima es el gobierno. Sigue, como en el verano, convencido de que el programa económico tal como viene va a hacer crecer la inversión y el nivel de actividad, que la inflación va a volver a bajar, y que pronto se podrá regresar a los mercados de deuda, y eso permitirá una baja sustancial en las tasas de interés y consolidar el crecimiento. Así que de lo que se trata es de aguantar el mal clima circunstancialmente reinante, que sería más fruto de la mala onda de los medios y los ruidos políticos que de problemas graves de orden económico. Ni siquiera se toma muy en serio, por lo tanto, esos ruidos políticos, entre los que destaca el ruido Adorni a nivel local y la guerra en Irán en el plano internacional. 

El Gobierno no se toma muy en serio los ruidos políticos, entre los que destaca el de Manuel Adorni a nivel local.

De allí que el presidente haya pasado casi más tiempo afuera que en el país en las últimas semanas. Que siga convencido de que Estados Unidos e Israel se van a salir con la suya, doblegarán a los ayatolás y la incertidumbre en los mercados pronto quedará en el olvido. Que se haya postergado el tratamiento de la reforma más importante que tiene en agenda, la tributaria. A la espera de un "segundo semestre" en que las condiciones sean más favorables (siempre discutir impuestos con las provincias es más fácil cuando la recaudación está creciendo). Y que se haya focalizado la agenda legislativa en la reforma electoral y otros asuntos menores, que no parecen ser prioritarios para nadie más que para el mismo Ejecutivo.

¿Pero y si las cosas no salen como prevé? ¿No le convendría prestarle atención a lo que piensan muchos republicanos, muchos europeos, incluida su hasta aquí principal aliada entre ellos, Giorgia Meloni, en vez de ir a hacer pogo con Orban y sobreactuar alineamiento? ¿Por qué no hacer algunas correcciones al programa ahora, antes de que la situación del empleo, los precios y sobre todo la "percepción de malaria" sean más graves, y encima se haya consumido un tiempo precioso?

Tal vez sea correcto esperar, y sin duda el oficialismo, por lo menos por ahora, puede darse el lujo de hacerlo. Porque este no es un año electoral, nada de lo que sucede es catastrófico, y es razonable que quieran darle tiempo a los inversores locales y externos de hacer su contribución para que el panorama mejore.

Pero tiene sus riesgos. Y sería bueno que el gobierno recuerde que ya a comienzos de 2025 decidió esperar que sucediera lo que finalmente demostró ser imposible, en vez de hacer cambios preventivos, y terminó quedando al borde del abismo: aguantó meses una devaluación, imaginando que podía procesar la salida del cepo sin un salto cambiario; también aguantó meses y meses la presión de los gobernadores, imaginando que no iban a poder coordinarse para amenazar su control del gasto, y se los entregó en bandeja al kirchnerismo; y como frutilla del postre aguantó hasta el final la candidatura de Espert, y terminó sacándolo del medio con altísimo costo y de la forma más ridícula.

Que las cosas le hayan salido finalmente bien no puede hacer olvidar ninguno de esos errores. Porque de otro modo los va a volver a cometer.

¿Es lo que está sucediendo? Con Adorni, por lo menos claramente, sí: el escándalo no va a amainar, dejar pasar el tiempo no va a reducir el costo que el presidente pagará cuando reconozca el error de haberlo designado en el cargo que ejerce. Con su negativa a introducir cambios en la estrategia económica, darle prioridad en el Congreso a las reformas que pueden apuntarla, o el entusiasmo puesto en mostrarse belicoso con Irán puede que esté sucediendo algo parecido.

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