Santiago Rivarola no arrancó su historia desde un set de streaming ni desde una casa alquilada frente al mar.
Santiago Rivarola no arrancó su historia desde un set de streaming ni desde una casa alquilada frente al mar. La empezó desde Retiro, con una bicicleta "playera", una mochila cargada de ilusión y una convicción clara: llegar a Mar del Plata pedaleando para vivir el verano junto a otros creadores de contenido y apostar todo a su sueño de convertirse en streamer.
Influencer joven, activo en redes sociales y con una comunidad en crecimiento, Rivarola tomó una decisión poco común en tiempos de atajos digitales: recorrer los casi 500 kilómetros que separan Buenos Aires de la Costa Atlántica a pura fuerza de piernas. El trayecto, calculado inicialmente en tres días, terminó extendiéndose a cuatro debido al desgaste físico que implicó pedalear más de 12 horas diarias sin el descanso adecuado.
El camino no fue épico por postal, sino real. Paradas improvisadas al costado de la ruta, comidas en estaciones de servicio, noches armando la carpa en zonas rurales y el cansancio acumulado marcaron cada etapa del viaje. El primer registro audiovisual de la travesía lo mostró durmiendo en un campo de Chascomús, una imagen que comenzó a circular y a despertar curiosidad entre usuarios que no tardaron en seguir de cerca la aventura.
Con el correr de los días, la historia ganó visibilidad. En General Pirán, dueños de unas cabañas le ofrecieron una noche de descanso para recomponerse. Sin recursos económicos suficientes para sostener una estadía en la costa, Santiago evaluó vender pulseras y luego decidió compartir un alias bancario para recibir pequeñas colaboraciones. La respuesta fue inmediata: el apoyo llegó desde seguidores y desconocidos que vieron en su travesía algo más que un simple desafío físico.
El miércoles, finalmente, Rivarola llegó a Mar del Plata. Allí fue recibido por distintos influencers que destacaron su actitud, su esfuerzo y la coherencia entre lo que predica y lo que hace. La meta ahora es quedarse durante la segunda quincena de enero, generar contenido, stremear junto a otros colegas y consolidar su nombre en plataformas digitales.
Como si el recorrido necesitara un último obstáculo, la bicicleta perdió los frenos delanteros en el tramo final del viaje, sumando tensión a un itinerario que ya estaba cargado de experiencias extremas. Lejos de desalentar, el episodio terminó de sellar una travesía que él mismo define como inolvidable.
"Soy Santi, mi sueño es ser streamer y siguiéndome me ayudás más de lo que pensás. Podés opinar lo que quieras en mi chat, siempre y cuando respetes a los demás. Y acordate que cuando quieras lograr algo, el único que se va a poner excusas sos vos mismo", se presenta en su cuenta de Kick. Una frase que resume su recorrido: pedalear contra las excusas para acercarse, kilómetro a kilómetro, a lo que sueña ser.