Analistas Editorial por Francisco Bein

Los que se oponen a todo: así es difícil que Argentina crezca

Un análisis sobre la arraigada costumbre nacional de oponerse a todo proyecto productivo. Entre controles necesarios y parálisis burocrática, el dilema de una provincia que necesita diversificar su economía y generar empleo privado.

Domingo, 8 de Noviembre de 2026

En Mendoza y en el país parece haberse instalado una curiosa costumbre: oponerse a cualquier iniciativa, especialmente cuando alguien pretende invertir o generar trabajo. Siempre hay una objeción, una denuncia o una excusa para impedir que las cosas avancen. Después, los mismos que ponen obstáculos se preguntan por qué la economía no crece.

Hay algo que los argentinos hacemos demasiado bien: encontrar problemas antes que soluciones.

Si una empresa pretende instalar una industria, enseguida surgen las objeciones ambientales, los pedidos de informes y las sospechas.

Si se anuncia una inversión minera, algunos ya están preparando las pancartas antes de conocer el proyecto.

Y si un gobierno propone una reforma, la oposición muchas veces la rechaza simplemente porque viene del gobierno.                                             

Si alguien quiere construir un edificio o desarrollar un barrio siempre aparecen quienes cuestionan su altura, su ubicación o su impacto o el transito o..

Parece que el problema no es lo que se quiere hacer, sino quién quiere hacerlo.

MENDOZA, UNA PROVINCIA QUE NECESITA CRECER

Nuestra provincia conoce demasiado bien esta situación.

Durante años se discutieron proyectos mineros, inversiones inmobiliarias, emprendimientos industriales y obras de infraestructura que podrían haber generado actividad económica.

Por supuesto que debe haber controles, normas ambientales y respeto por los derechos de todos.

Pero una cosa es controlar y otra muy distinta impedir.

Mendoza necesita inversiones, empleo privado y nuevas actividades productivas. No puede depender indefinidamente del Estado, del comercio tradicional y de sectores económicos que llevan años enfrentando dificultades.

No podemos pretender salarios más altos, mejores servicios y más oportunidades laborales mientras encontramos motivos para frenar cada inversión que aparece.

LOS QUE NUNCA ARRIESGAN NADA

Hay una contradicción que pocas veces se menciona.

Quienes invierten dinero propio, contratan trabajadores, pagan impuestos y asumen riesgos deben atravesar una interminable cantidad de trámites, autorizaciones y cuestionamientos.

Mientras tanto, muchos de quienes se oponen no arriesgan un peso.

Es fácil reclamar desde una oficina, una banca legislativa o una publicación en las redes sociales.

Mucho más difícil es conseguir financiamiento, pagar salarios todos los meses y sostener una empresa cuando las ventas no acompañan.

Y esto no significa que los empresarios tengan siempre razón ni que cualquier proyecto deba aprobarse.

Significa simplemente que quien pretende invertir y generar empleo merece reglas claras, controles razonables y una respuesta en tiempo y forma.

LA OPOSICIÓN POLÍTICA TAMBIÉN TIENE RESPONSABILIDADES

El problema no es exclusivo de Mendoza.

En Argentina, buena parte de la discusión política se convirtió en una competencia para ver quién consigue impedirle algo al otro.

Si gobierna Milei, algunos rechazan cualquier medida, incluso cuando podría resultar beneficiosa.

Y si gobierna otro partido, aparecen quienes hacen exactamente lo mismo desde la vereda contraria.

Así se pierde tiempo, se desperdician oportunidades y se desalienta a quienes podrían invertir.

La oposición es indispensable en una democracia. Debe controlar, cuestionar y denunciar cuando corresponde.

Pero también debería proponer y acompañar aquello que beneficia a la sociedad.

Oponerse a todo no es tener convicciones. Muchas veces es simplemente no tener propuestas.

MENOS OBSTÁCULOS Y MÁS SENTIDO COMÚN

Mendoza tiene condiciones para crecer en minería, energía, turismo, agroindustria, construcción y servicios.

Argentina tiene recursos naturales, capacidad empresarial y trabajadores preparados.

Lo que falta, demasiadas veces, es dejar de complicar lo que podría hacerse razonablemente bien.

Los controles deben existir, pero no transformarse en excusas para paralizar proyectos. Los debates son necesarios, pero tampoco pueden durar eternamente.

Y los gobiernos tienen la obligación de resolver, no de esconderse detrás de expedientes que nunca terminan.

Porque cuando una inversión se frustra, no pierde solamente el empresario. También pierde el trabajador que no consigue empleo, el proveedor que no vende y el Estado que deja de recaudar.

Quizás haya llegado el momento de cambiar una vieja costumbre argentina.

En lugar de preguntar primero por qué algo no se puede hacer, podríamos empezar preguntando cómo hacerlo.

No parece una idea demasiado revolucionaria.

Pero en un país donde tantas veces resulta más sencillo impedir que construir, sería un avance enorme.

Mendoza y Argentina no necesitan que todos estén de acuerdo en todo. Necesitan que quienes quieren hacer las cosas puedan hacerlas, cumpliendo las reglas y sin tener que pedir permiso eternamente a quienes nunca están conformes con nada.

Porque de tanto decir que no, algún día vamos a descubrir que las inversiones se fueron a otra parte.

Y entonces, como siempre, nos preguntaremos por qué no hay trabajo y los que seguro se van a quejar por eso son los mismos que tratan de impedir todo a algunos.