Ajuste fiscal, caída de la actividad, tensión política y el rol de las pymes ponen a prueba la sustentabilidad del rumbo económico. Las elecciones en Brasil, las señales de Bullrich y el peso del pasado opositor completan un escenario de alta complejidad.
La economía argentina atraviesa un momento en el que los números, la política y las expectativas de los mercados se cruzan peligrosamente. Milei defiende el equilibrio fiscal y la estabilización, pero la actividad económica, el consumo y el empleo plantean una pregunta central: ¿cuánto tiempo puede sostenerse el ajuste sin que sus beneficios lleguen a la sociedad?
El problema ya no es solamente económico. También es político. Y hay cuatro factores que condicionan el rumbo: las elecciones en Brasil, la confrontación permanente de Milei, las señales de distanciamiento de Patricia Bullrich y una oposición peronista que carga con el peso de sus propios fracasos de gestión.
BRASIL: UNA ELECCIÓN QUE TAMBIÉN IMPORTA A LA ARGENTINA
Brasil es nuestro principal socio comercial. Un triunfo de Flávio Bolsonaro podría facilitar una mayor afinidad ideológica con Milei, aunque no garantiza crecimiento. Si Brasil se desacelera, también puede caer la demanda de productos argentinos.
La continuidad de Lula mantendría diferencias políticas con Buenos Aires, pero el comercio bilateral obliga a negociar. La Argentina necesita un Brasil estable y en crecimiento, cualquiera sea su presidente. No puede depender de afinidades ideológicas para sostener su economía.
MILEI: CUANDO LA CONFRONTACIÓN TIENE COSTOS
Milei construyó su liderazgo sobre el ajuste fiscal y la confrontación. Pero gobernar exige algo más que sostener un discurso. Cuando los conflictos se multiplican, se dificulta la construcción de acuerdos y crece la incertidumbre.
Los mercados no miran solamente el déficit fiscal: también observan la gobernabilidad. Y aparece otro problema: los bancos restringen el crédito al sector privado mientras las necesidades de financiamiento del Estado absorben recursos que podrían destinarse a producir e invertir.
El equilibrio fiscal es importante, pero no alcanza. La economía necesita crédito, consumo y producción. El desafío es convertir la estabilización en crecimiento sin que la confrontación termine debilitando ese objetivo.
BULLRICH EMPIEZA A MARCAR DISTANCIAS
Patricia Bullrich comienza a mostrar diferencias de enfoque, especialmente sobre la necesidad de acuerdos políticos y diálogo con los sectores productivos. No significa necesariamente una ruptura, pero expone una discusión sobre cómo sostener el programa económico.
Las empresas necesitan reglas previsibles, los trabajadores perspectivas de empleo y los inversores confianza. Si las diferencias se procesan mediante acuerdos, pueden fortalecer la gobernabilidad; si derivan en disputas internas, pueden aumentar la incertidumbre.
EL PERONISMO: UN PASADO QUE TAMBIÉN PESA SOBRE EL PRESENTE
Tampoco se puede analizar la situación argentina ignorando la responsabilidad del peronismo. Sus distintas administraciones dejaron problemas económicos profundos: inflación persistente, desequilibrios fiscales, endeudamiento, pérdida del poder adquisitivo, CORRUPCION ENQUISTADA Y OBSCENA y períodos de estancamiento.
Las gestiones peronistas más recientes tampoco lograron resolver esos problemas y dejaron una economía frágil, con pobreza elevada y fuertes distorsiones. Hoy, además, el peronismo enfrenta el desafío de reconstruir credibilidad y presentar una alternativa concreta, más allá de cuestionar el ajuste de Milei, LO QUE PARECE IMPOSIBLE.
Pero el fracaso de los gobiernos anteriores no constituye un cheque en blanco para el actual. Si el oficialismo prometió terminar con los privilegios y recuperar la economía, debe demostrarlo con resultados. La herencia recibida explica parte del problema; no justifica indefinidamente lo que ocurra durante la gestión presente.
LAS CONSECUENCIAS ECONÓMICAS: DÓLAR, CRÉDITO Y EMPLEO
La actividad económica cayó un 1,7% interanual en agosto y el riesgo país volvió a superar los 700 puntos básicos. El crédito caro o inexistente frena inversiones, el consumo débil afecta las ventas y la incertidumbre puede presionar sobre el dólar.
Pero hay una cuestión de fondo: el Gobierno parece tener más disposición a facilitar oportunidades para los grandes inversores que a sostener a las pequeñas y medianas empresas.
El RIGI ofrece beneficios e incentivos a grandes proyectos de inversión. Esas inversiones pueden generar actividad y exportaciones, pero ¿qué ocurre con los comercios, las pymes y los pequeños productores que necesitan crédito, alivio fiscal y demanda interna para sobrevivir?
¿De qué sirve atraer grandes capitales si los pequeños empresarios no consiguen financiamiento para mantener sus negocios, invertir o pagar salarios? El desarrollo necesita grandes proyectos, pero también miles de empresas pequeñas y medianas que sostienen el empleo cotidiano.
EL DESAFÍO DE FONDO
La Argentina necesita bajar la inflación y sostener el equilibrio fiscal, pero también recuperar la producción y el empleo. La elección de Brasil influirá, aunque no resolverá nuestros problemas. Milei deberá demostrar que puede gobernar más allá de la confrontación, mientras Bullrich y otros dirigentes definirán su papel en la construcción de acuerdos.
El peronismo, por su parte, tendrá que hacerse cargo de su propio historial y demostrar que aprendió de los errores cometidos. La sociedad no puede quedar atrapada en una alternancia entre gobiernos que prometen soluciones y terminan reproduciendo los problemas Y LA CORRUPCION.
La verdadera prueba será transformar la estabilidad en mejoras concretas para los ingresos, el crédito y la inversión.
Porque una economía no se sostiene solamente con grandes inversiones y cuentas ordenadas. Se sostiene también cuando un banco le presta a una pyme, cuando un comerciante puede mantener abierto su negocio y cuando un trabajador llega a fin de mes.
Si el Estado prioriza a los grandes y deja solos a los pequeños, el crecimiento corre el riesgo de quedarse en los números mientras la crisis continúa en la calle. Y si la oposición pretende volver al poder, deberá ofrecer algo más que críticas: tendrá que demostrar que puede gobernar mejor que ayer.