Por Mateo Coria
La discusión política argentina parece desarrollarse en un país distinto al que viven todos los días los industriales, comerciantes y pymes.
Mientras el Gobierno nacional sigue concentrado en el equilibrio fiscal, la oposición en bloquear cada iniciativa y muchos gobernadores en cuidar su futuro político, la economía real sigue sin reaccionar.
Los números son claros. Muchas industrias continúan trabajando con una importante capacidad ociosa. Las inversiones siguen demoradas, el consumo no logra recuperarse y miles de empresas operan con márgenes cada vez más reducidos. En el comercio, la realidad es similar: menos ventas, mayores costos y una creciente dificultad para sostener la rentabilidad.
Las pymes describen siempre los mismos problemas: falta de demanda, caída del poder adquisitivo, dificultades para acceder al crédito y una incertidumbre que desalienta cualquier proyecto de expansión.
La sensación predominante es una sola: abandono.
El Gobierno nacional pide paciencia. La oposición apuesta al desgaste político. Los gobernadores parecen más concentrados en administrar su futuro electoral que en impulsar medidas concretas para la producción.
Mientras tanto,las empresas hacen cuentas para sobrevivir.
Ya no se habla de crecimiento. O de ganar plata solo se habla de sostener empleos, pagar proveedores y evitar el cierre.
En Mendoza, además, existe un problema adicional que genera problemas. A pesar de que empresarios, comerciantes e industriales vienen advirtiendo sobre la caída de actividad, la presión tributaria provincial sigue siendo alta. Y lejos de aliviar la situación, el Estado provincial multiplica los embargos y acciones de cobro sobre empresas que muchas veces atraviesan dificultades financieras evidentes.
El mensaje que reciben quienes producen es contradictorio. Se les pide invertir, generar empleo y sostener la actividad económica, pero al mismo tiempo se los somete a una presión fiscal que en muchos casos termina asfixiando su capacidad operativa.
Nadie discute la obligación de pagar impuestos. Lo que se cuestiona es la falta de sensibilidad frente a una realidad económica que afecta a todos los sectores productivos. Cuando una empresa recibe un embargo en medio de una caída de ventas, no se fortalece la recaudación; se debilita aún más la posibilidad de que esa empresa continúe funcionando y no es que se busque un estado salvador, simplemente es que hoy no se vende nada.
El malestar comienza a reflejarse también en el plano político.
Un ejemplo reciente fue la elección en la Universidad Nacional de Cuyo. La derrota del radicalismo en un ámbito donde históricamente tuvo una fuerte presencia constituye una señal que merece atención. No se trata solamente de una elección universitaria. Es un indicio de que parte de la sociedad comienza a expresar su descontento.
Las elecciones suelen anticipar estados de ánimo. Y cuando la economía no mejora, cuando las empresas no encuentran alivio y cuando la dirigencia parece más preocupada por la política que por la producción, esos estados de ánimo terminan manifestándose en las urnas.
Si esta situación continúa, el escenario puede agravarse. Menos inversión, menos empleo privado, más cierres de empresas y una actividad económica cada vez más débil. La industria y el comercio no reclaman subsidios ni privilegios. Reclaman algo mucho más elemental: condiciones razonables para producir, vender y sostener puestos de trabajo.
Argentina no tiene un problema de falta de recursos ni de falta de capacidad empresarial. Tiene un problema de prioridades.
Y mientras quienes gobiernan discuten, quienes producen siguen esperando respuestas que no llegan. Cada vez con menos paciencia y con más preocupación por el futuro.
Lo más preocupante es que esta situación no toma por sorpresa a nadie. En nuestra editorial del domingo pasado señalábamos que era necesario otorgar un margen de espera para que las medidas económicas comenzaran a reflejarse en la actividad productiva. Sin embargo, el tiempo transcurre y los resultados concretos siguen sin aparecer en la industria, el comercio y las pymes. La paciencia del sector privado tiene límites. Las empresas no viven de expectativas ni de promesas futuras; viven de vender, producir, invertir y generar empleo. Y cuando esas variables no mejoran, la preocupación se transforma en desconfianza. La economía puede esperar algunos meses, pero las empresas no pueden esperar indefinidamente. La dirigencia política debería comprender que el reloj electoral corre a una velocidad, pero el reloj de la producción corre mucho más rápido. Y hoy, lamentablemente, los resultados siguen sin llegar, es necesarios medidas que se adopten hoy y que generen una expectativa mejoradora.
Mientras todo esto ocurre Mendoza no mejora su condición con respecto a un país que no despega y la muestra patente de esto es el cuadro que explica lo ocurrido en estos pagos.
*Estimación basada en el crecimiento del PBI argentino (+4,4% en 2025) superior al crecimiento del PBG mendocino (entre 1,6% y 3,5% según distintas estimaciones), lo que implica una nueva pérdida de participación relativa de Mendoza en la economía nacional.
Mendoza pasó de representar aproximadamente el 3,4% del PBI nacional en 2016 a cerca del 2,8% en 2025. Esto refleja una pérdida sostenida de participación relativa dentro de la economía argentina, producto de un crecimiento provincial inferior al promedio nacional y del mayor dinamismo observado en otras jurisdicciones.
Visual simple
La lectura política y económica es contundente: en diez años Mendoza perdió alrededor de 0,6 puntos porcentuales de participación en la generación de riqueza nacional, una caída cercana al 18% de su peso relativo dentro de la economía argentina. Todo lo demás, no aporta y por más que se haya intentado ordenarla fiscalmente, eso a la gente lamentablemente no le alcanza, porque la realidad es la realidad , y es la que se ve cuando hay que pagar los sueldos, como bien expresaba el empresario Alejandro Vigil hace unos días.