Analistas Por Florencia Donovan

El Gobierno respira por la macro, pero se ahoga en la interna

Son muchos los datos de actividad que en la última semana colaboraron para darle ánimo al equipo económico; Caputo busca abstraerse de las internas que se dirimen a cielo abierto

Viernes, 22 de Mayo de 2026
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En medio del barro -las peleas intestinas, los cortocircuitos, las disputas que salpican hasta los aliados más leales- la economía se permite, por fin, un gesto tímido de alivio. No es euforia. Es apenas una sonrisa. Pero a veces, una sonrisa alcanza. 

Son muchos los datos que en la última semana colaboraron para darle ánimo a un equipo económico que busca abstraerse de las internas que en el oficialismo se dirimen no a los tiros, como algún bando sugirió en la red X, pero sí con virulencia y a cielo abierto. El Instituto de Estadística y Censos (Indec) informó ayer que la actividad económica creció en marzo 5,5% interanual y 3,5% con respecto a febrero. Nadie esperaba una mejora de semejante magnitud. Se mantienen rezagadas las actividades que más empleo generan, como el comercio y la industria manufacturera, pero en un todo, la economía tracciona positivamente. En el equipo que conduce Luis Caputo aseveran en reuniones privadas que para junio, la actividad ya mostrará un buen ritmo. Lo repitió esta semana ante la cúpula de la Unión Industrial Argentina (UIA), con quienes se comprometió a volver a juntarse en agosto.

A eso se suma que las mediciones privadas de los economistas ya prevén que en mayo continúe el proceso de desinflación. No será un dato que empiece con "0", ya nadie cree que eso sea posible este año, pero sí será un número más bajo que el de abril. Con datos relevados al 15 de mayo, de hecho, la consultora de Orlando Ferreres midió una inflación general del 0,3% semanal y una núcleo de apenas 0,05%, el valor más bajo desde abril de 2020, apenas comenzó la pandemia. Desde la consultora Facimex estiman que el número al final del mes podría ubicarse en torno al 2,1%, una importante mejora versus el 2,6% de abril o el 3,4% de marzo.

Domar la inflación había sido la principal promesa de la campaña libertaria allá por 2023 y sigue siendo uno de los temas que desvela al presidente Javier Milei. En momentos de alta conflictividad interna, la inflación a la baja opera como un bálsamo silencioso: no resuelve las peleas, no aplaca a los propios, pero le da a Milei el único argumento que sus adversarios, por ahora, no pueden rebatirle.

De hecho, tras un cuatrimestre en que su imagen cayó con una consistencia que empezaba a inquietar dentro del oficialismo, Milei también parece haber encontrado algo parecido a un piso. No es una recuperación, es una pausa. Pero en política, una pausa a tiempo vale tanto como un triunfo menor. La macro y la opinión pública parecen moverse, por primera vez en meses, en la misma dirección: despacio, con dudas, pero hacia adelante. Lo reflejó el Indice de Confianza al Consumidor que publicó ayer la Universidad Torcuato Di Tella: subió 1,3% en mayo, después de tres meses consecutivos de baja. La encuesta de satisfacción política y opinión pública de la Universidad del San Andrés también mejoró este mes 1% respecto a abril, tras meses de bajas.

Todo esto, en un trimestre en que, tal cual estaba previsto, el dólar se mantiene planchado y el Banco Central no deja de acumular reservas. El próximo martes, tras la aprobación por parte del directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI) de la segunda revisión del programa, el organismo le desembolsará al país los US$1000 millones comprometidos. No hay señales de que vayan a faltar los dólares, al menos, no hasta agosto. En abril pasado, según informó también esta semana el Indec, el comercio exterior argentino registró un superávit de US$2711 millones, por lo que se acumularon 29 meses consecutivos de resultados positivos. "Para ponerlo en perspectiva -dice la consultora ACM en su informe semanal-, la última vez que se registró una racha similar en su durabilidad fue entre julio de 2018 y noviembre de 2020, período en el que también se alcanzaron 29 meses consecutivos con superávit y un saldo total cercano a US$52.305 millones a precios corrientes".

No es poco, aunque todavía son muchos los frentes abiertos. Esta semana, un equipo encabezado por el secretario de Comercio, Pablo Lavigne, volvió a viajar a los Estados Unidos para reunirse con los representantes de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR, en inglés). Es el segundo viaje en 15 días que realiza el equipo libertario, en un intento por reflotar el acuerdo comercial que se había firmado el año pasado, pero que, después de la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de obligarlo a Trump a dar marcha atrás con toda su política de aranceles, quedó en un limbo legal. Desde la administración Trump ahora se comprometieron a intentar incorporar algo del contenido de ese acuerdo como parte de una revisión de las investigaciones contenidas en la sección 301 de la Ley de Comercio de ese país, según confiaron las fuentes. La voluntad está; no se sabe si la ley la acompañará.

La administración Trump, eso sí, se mantiene activa en sus exigencias. El seguimiento que algunos funcionarios norteamericanos están realizando de la licitación de la hidrovía es obsesivo. Sospechan que China está detrás del consorcio conformado por la belga Jan de Nul y la argentina Servimagnus, y se lo hicieron saber a Santiago Caputo, quien, si bien no ostenta cargos formales en el Gobierno, es curiosamente, para Estados Unidos, la voz más influyente en esta materia. También le expresaron sus dudas por la transparencia del proceso. Por ahora, y pese a las denuncias que hubo incluso de la Procuraduría de Investigaciones Administrativas (PIA), el proceso seguiría su curso.

A Luis Caputo, en tanto, le quedan meses desafiantes por delante. La restricción presupuestaria no cede y el ministro de Economía lo sabe mejor que nadie. En ese contexto, si bien fuentes oficiales aún no lo confirman, en privado ya se da por hecho que el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), que se creó como parte de la reforma laboral para financiar los juicios laborales y fomentar el mercado de capitales, no tiene chances de arrancar en junio. Lo más probable es que se demore seis meses más, tal cual prevé el texto de la norma.

La señal la dio el propio Caputo esta semana en el encuentro con los industriales, donde parte de los pedidos del sector chocaron con una condición que el ministro no dejó implícita, sino que enunció con claridad: primero tiene que mejorar la recaudación. Sin más ingresos, no hay más espacio. El Gobierno puede tener voluntad, pero la aritmética fiscal manda. Lo mismo para avanzar sobre las cuestiones que le solicitaron desde la UIA, como la rebaja de las retenciones para productos industriales o la refinanciación de deudas que las compañías tienen con la ARCA. Es por eso que la rebaja de retenciones anunciada por Milei en la Bolsa de Cereales arrancaría en junio, que es cuando esperan que la actividad muestre mayor dinamismo.

Pero la otra cara de esa restricción es la búsqueda, casi simultánea, de herramientas que le den aire a la economía por otros carriles. Si la recaudación no alcanza, la apuesta es activar el crédito y el consumo desde el sistema financiero. En esa línea, en reuniones que hubo en estos días con banqueros, las autoridades del Banco Central (BCRA) no fueron con rodeos: necesitan que el crédito hipotecario avance con más velocidad y a tasas más accesibles -la meta que manejan desde la autoridad monetaria ronda el 6%-. También insisten en que los bancos se animen a dar préstamos en dólares. A la economía argentina le pueden faltar pesos, pero le sobran los dólares. Caputo ya demostró que está dispuesto, como sea, a facilitar las condiciones para que se vuelquen a la economía. Se espera que en los próximos días se publiquen modificaciones a la reglamentación de la ley de inocencia fiscal para poder mejorar los incentivos y que más gente use sus dólares no declarados.

En el sistema financiero miran ahora con algo de inquietud otro negocio: el de las sociedades de garantía recíproca (SGR). La mora que hizo estragos en las entidades bancarias y las no bancarias, ahora se trasladó a las compañías que dan avales, sobre todo a las pymes. Hubo reuniones y pedidos al Ministerio de Economía para que el Fondo de Garantías Argentino (FOGAR), que depende de Economía, pueda colaborar garantizando las operaciones de las SGR privadas. "Las SGR pueden dar avales por hasta cuatro veces su capital; la idea es que puedan ampliarlo a seis, con una garantía del Fogar", explican. La propuesta, sin embargo, todavía no prendió en la Secretaría de Coordinación de Producción, según confirmaron. Son muchos los salvavidas que al mismo tiempo se le piden al Gobierno. Señal de que, si bien la cosa mejora, los mares que se navegan siguen teniendo sus turbulencias.

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