El conflicto impacta en la credibilidad oficial y altera su equilibrio interno. A la vez, deja en evidencia el freno en el Congreso y la toma de distancia de sus socios políticos.
Debe ser este el segundo peor momento del Gobierno en materia política. El primero, no tengo duda, fue cuando perdió contra Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires en septiembre. ¿El momento más crítico? Este es el segundo, y es inentendible.
¿Te acordás lo que fue el verano, el superverano para el Gobierno? La reforma laboral, la baja de la imputabilidad, la reforma de la ley de glaciares. Parecía que se comían a los pibes crudos, nada los iba a detener. Era el gran año, el Congreso era de ellos, ya no era más el nido de ratas, tenían las riendas, todo era posible.
Bueno, algo están haciendo mal. Corte, adelantamos la película: ¿dónde estamos hoy? Estamos en un momento donde el Gobierno quiere salir de dos meses de pantano con Manuel Adorni. Si sucede, un poco le da oxígeno. Me podés decir que lo corran a Adorni. Eso olvidate, no va a pasar de ninguna manera.
Lo que sí podría pasar es que la economía se empiece a acomodar un poquito. En ese sentido, el Gobierno se ilusiona porque esta semana llega el dato de inflación. El jueves el INDEC va a dar el número. Y el anticipo fue hoy: la inflación de la Ciudad de Buenos Aires fue de 2,5. El mes pasado había sido de 3. Abril dio 2,5, bajó 0,5. Es ilusionante pensar que el jueves puede pararse frente a su electorado y decirles: "Acá tenés el contrato electoral. ¿Por qué me contrataste? Para que baje la inflación. Te pido disculpas por la demora, pero bajamos de 3,4 a 2,7, 2,4, 2,5, 2,6, patrón a la baja". Después de muchos y muchos meses, el Gobierno podría -si se confirma- mostrar una inflación a la baja. Pero tiene que ocurrir.
Y tiene que ocurrir también que la perforación de los 500 puntos de riesgo país -golazo para el Gobierno- se plasme en la micro. De hecho, mañana, tanto la micro no camina que va a haber seguramente una gran manifestación universitaria en Plaza de Mayo que va a ser la condensación de un montón de sectores opositores, politizados, pero también gente independiente que genuinamente dice: "No me alcanza".
Pero pensémoslo al revés. Si la baja de la inflación puede quitar un poco de la irritación con Adorni -no curarla, calmarla un poquito-, ¿te imaginás esta situación del jefe de Gabinete más 3,2, 3,4 de inflación? Sería un cóctel medio inaguantable.
Si me preguntás dónde afecta realmente el tema de Adorni y la prolongación de este caso en el Gobierno, hay varios aspectos.
El primero es reputacional. Guste o no guste, hay consultoras que van midiendo el impacto. Aunque el Gobierno diga que no se guía por las consultoras, miran. Y hay ocho, nueve, diez, siete puntos de pérdida de su propio electorado que se le van. El Gobierno eventualmente tiene que ir a buscarlos. Este es el país del balotaje: el año que viene vas a necesitar esos cuatro, cinco, siete que se te fueron. De aquel que te divide el voto, tenés que tener a todos adentro.
Entonces, lo primero es esto: la pérdida de popularidad. Adorni levantaba el mentón y ahora no puede explicar.
La segunda cuestión tiene que ver con el funcionamiento interno del Gobierno. El Gobierno son poquitos, los recursos humanos son muy escasos. Y Adorni, que era la gran apuesta de Karina Milei para tomar la colina... ¿Te acordás? Había un triángulo de hierro. Ese triángulo se oxidó y terminó su función cuando Karina ganó en octubre, se coronó campeona del mundo, después renunció Guillermo Francos y coronaron a Adorni. Adorni iba a ser el representante en la tierra y en el cielo de Karina Milei, que igual está como Dios o Diosa en todos lados. No llega a transitar demasiado ese rol porque aparece esta desgracia para él del vuelo con su mujer. Y ahí se desorganiza esa cristalización del poder de Karina Milei.
Empiezan a pasar cosas de desorganización en el Gabinete. Cada ministro que quiere mostrar algo, a la segunda pregunta es por Adorni. Si cualquier ministerio anuncia que Argentina fue capaz de producir y va a enviar un cohete a Marte, la primera pregunta de la conferencia de prensa es: "¿Y viaja la mujer de Adorni a Marte?" Todo lo que ponés, da Adorni.
Y hay una más que es grave: la parálisis del Congreso. En el verano había salido campeón del mundo pasando reformas que eran imposibles para un gobierno no peronista. Ahora no pasa nada. ¿Y por qué? Porque el Gobierno mejoró muchísimo su representatividad dentro del Congreso, pero no es mayoría solo. Necesita hacer alianzas con otros espacios políticos que, si estás bien plantado con toda la opinión pública a favor, se cuadran y votan con vos. Pero cuando los tipos huelen que bajás en las encuestas, que tenés debilidad política, o peor, que sus propios votantes les van a reprochar si acompañan, empiezan a negociar diferente los votos.
Por ejemplo, la reforma electoral, lo de suspender las PASO: no tiene fecha, no tiene los votos. Karina está obcecada en decir que la anulación de las PASO no se toca, que no lo negocia. Patricia Bullrich le dice que no llegan con los votos en el Senado. Ni la reforma política ni nada sale. ¿Qué hora es? Casi junio, mitad de mayo, y no hay nada que esté por salir en el Congreso. Todos esperando a Messi, que llegue el Mundial.
¿Te parece este el tercer año que tenía que ser de consolidación, de reformas? El Congreso está parado porque los aliados que estaban muy cuadrados con vos ahora toman distancia, negocian más caro o negocian distinto. También los gobernadores se envalentonan porque ven al Gobierno menos fuerte que hace algunos meses. ¿Y todo por qué? Porque el caso Adorni se posterga en el tiempo.
Hay un elemento más: la toma de distancia. ¿Viste lo que hizo el PRO? El PRO que siempre dijo, entre lo que conviene y lo que corresponde, nosotros vamos con lo que corresponde. Y lo que corresponde, mal que les pese, es seguir el rumbo económico de este gobierno, las reformas, aunque no les den milanesas para comer ni los inviten, y aunque no les convenga porque compiten el cuadrante de centro-derecha y de derecha.
¿Sabés qué dicen ahora, a partir del comunicado del domingo? Que hay dolor. Sí, cosas veré, Sancho. El PRO habló de dolor, de sensibilidad. Está en el comunicado del PRO. Toma distancia: que la omnipotencia, que las formas. Se empieza a despegar, el PRO quiere un juego propio.
Ahora, cuando hacés zoom, no es todo el PRO. Los gobernadores -Frigerio, Jorge Macri y alguno más- dicen que a ellos no los consultaron. Dentro de Diputados también hay muchos incómodos. Se empieza a fragmentar el PRO y no sabemos cómo se va a consolidar. Ni quién va a ser candidato si es que efectivamente ponen uno propio.
Pero el efecto Adorni también llegó a Patricia Bullrich. Bullrich, ¿cuánto tiene, 50 años de política? Dio una entrevista a Eduardo Feinmann y dijo que Adorni presente ya la declaración jurada, que no se puede esperar. ¿Qué hizo? Ante un escribano público -es decir, en una entrevista pública- mostró que tenía diferencias con Adorni. Porque la vida política tiene vueltas misteriosas, es larga, y el día de mañana Patricia va a decir: "Acá tenés mi certificado en contra de Adorni, andá a buscarlo en la entrevista con Feinmann". ¿Ven? Yo no seguí lo que decía Milei. Eventualmente tienen salvoconductos.
El PRO está diciendo: "Yo no tengo tanto que ver". Patricia Bullrich está diciendo: "Yo no tengo tanto que ver". Así están las cosas, 60 días después del abordaje de Adorni y su esposa al avión presidencial.
¿Qué quiere hacer Milei con esto? Se lo tomó absolutamente personal. Cree que el periodismo quiere doblarle el brazo. Cree que una parte de la Justicia o de los empresarios lo quiere debilitar, lo quiere correr. Usó de todas las lógicas posibles la que menos sirve, pero la más habitual en política: la mirada conspirativa. Y esto es un problema, porque está autocentrándose y cree que el problema es con él o con su hermana.
Milei prefiere torcerle el brazo a los periodistas políticos que pensar en una estrategia política que lo saque de acá. Podría decirle: "Te pongo en pausa, Manuel, y después vas a volver con gloria cuando puedas mostrar tu declaración jurada". Pero no lo hace. Se repliega, se abraza a Adorni, se lo toma personal y dice: prefiero perder capital político antes que ir contra una familia honesta como la de Adorni.
Y acá hay un problema. Esto no es sobre Milei. No es el proyecto de Javier Gerardo Milei. Este es el proyecto de millones y millones de argentinos que fueron a poner en la urna un voto incierto de alguien que conocían un poco, con la esperanza de tener un país mejor, para ellos y para sus hijos.
Esto no es sobre Milei, para Milei y personal de Milei. Acá hay un momento complicado, político, donde el Gobierno pierde capital, pierde autoridad, pierde credibilidad por una decisión que el presidente no quiere, no puede o no sabe tomar porque la está pensando en términos personales.
Y como decía el general: primero es la Patria, después el movimiento y después los hombres. Los hombres es Adorni. Primero la Patria: es el rumbo, el país que pensó Milei desde el primer día que se sentó en una banqueta de Intratables. El movimiento es ese lugar al que quiere llevar a la Argentina, con La Libertad Avanza, con socios estratégicos. Y todo eso está sobre acabado por la obcecación de querer mantener en su puesto a como dé lugar a alguien que va a tener un desfile de testigos probablemente en los próximos tiempos. Todos van a declarar que recibieron algo en negro. Y lo peor va a ser cuando al propio Manuel Adorni lo citen a una indagatoria.
¿Cuál va a ser la buena noticia económica o de gestión que tape la imagen de Adorni entrando a declarar a tribunales?

Reconoció ante la justicia que ofició de intermediario para conseguir permisos de importación, pero negó el pago de coimas.