Si el presidente no reacciona es probable la profundización de la caída de su imagen y que se vuelva irreversible.
Si Javier Milei no empieza a reaccionar ahora, es probable que la caída de su imagen se profundice, se vuelva irreversible y llegue a las elecciones del año que viene sin la posibilidad de ser reelecto.
En ese caso, en vez de pasar a la historia como el presidente que liberó a la Argentina de los populistas y los chorros, le colgarán un cartelito parecido al que soporta Mauricio Macri desde la derrota de agosto de 2019: el de responsable del regreso al infierno. El infierno que fue el gobierno de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa.
La buena noticia, para Milei, es que todavía está a tiempo de evitarlo. Porque a pesar de todo, sigue manteniendo una aprobación del 40 por ciento.
Y la otra buena noticia, para Milei, es que todavía nadie está capitalizando el descontento. Ni siquiera Axel Kicillof, a pesar de las burdas operaciones para instalarlo como el Alberto Fernández de 2027.

Sin embargo, la mala noticia, es que, al defender con uñas y dientes y cierta soberbia el rumbo económico, el gobierno mostró poca empatía con los afectados, y proyectó una imagen de aparente insensibilidad.
Porque, digamos todo, las razones originales de la caída del apoyo a Milei no son solo las operaciones de algunos medios y periodistas para esmerilar a Manuel Adorni, aunque algunas operaciones existen y se las nota a la legua.
Tampoco explican la baja, per se, la venganza de hombres poderosos a los que el presidente humilló, aunque en efecto, algunos estén poniendo plata en destacar todo lo negativo, aprovechando el momento.
Y ni siquiera justifican la caída de la imagen del presidente las miradas interesadas de algunos economistas, incluido Carlos Melconián, quien no descartó la posibilidad de presentarse como candidato a presidente en las elecciones del año que viene.
No. Los ataques existen. Y las negras también juegan, como sostiene Milei. Pero la principal razón que explica la pérdida de popularidad del gobierno es que, cómo casi siempre, las demandas se multiplican y se aceleran ni bien empieza la segunda mitad de la gestión. Así, muchas de las culpas atribuibles a la herencia, aunque ciertas, empiezan a sonar repetitivas, o extemporáneas.
De hecho, según la evaluación de Aresco, la primera y más importante cuestión que más afecta a los argentinos en la vida cotidiana no es Adorni ni la corrupción, sino el miedo a perder el trabajo. Casi un 40 por ciento de los consultados no habla de otra cosa.

¿Significa esto que estamos en una crisis terminal y que nada de lo conseguido tiene la más mínima importancia? No. Pero reconocer lo que se hizo bien no incluye ignorar u ocultar lo que todavía está mal, y se debe mejorar, cuánto antes.
Los distintos semáforos de la actividad económica, coinciden en advertir que hay sectores a los que le va muy bien, y otros a los que les va muy mal.
El agro y la minería suben con fuerza, y todo parece indicar que crecerán más.
Lo mismo sucede con el rubro intermediación financiera,
La construcción y la industria venían, hasta los últimos datos, en plena caída.
En cambio el comercio, junto con las actividades empresariales, el transporte y las comunicaciones, parecen estar estancados.
Quizá el cuadro más equilibrado es el que muestra Econviews, la consultora de Miguel Kiguel.
Demuestra que la actividad "se pinchó", en especial, en los sectores de "mano de obra intensiva". También explica que esto sucedió luego de que el gobierno dispusiera una fuerte suba de la tasa de interés, para defenderse del ataque al dólar, después de la derrota de septiembre. Y que este combo multiplicó la demora en pagar las deudas e hizo casi desaparecer el crédito.
Los próximos meses
Los pesimistas dicen que nada va a cambiar en los próximos meses. Los optimistas, como Milei y Caputo, sostienen que, por ejemplo, los últimos datos sobre despachos de cemento y producción de autos, demuestran que todo puede empezar a mejorar, aunque no sea instantáneo ni de manera explosiva.
Y ahora vayamos a la otra cuestión de fondo
Una que incluye un serio error de diagnóstico: la ingenua idea de que Adorni no debe responder a los periodistas porque la explicación completa y sin el más mínimo ruido, se la tiene que dar a la justicia. En la Argentina y en el mundo, la cuestión funciona exactamente al revés.
Es decir: si sos funcionario y te acusan por enriquecimiento ilícito, lo peor que podés hacer es postergar las explicaciones, porque implica que no podés justificarlo.
En este caso en particular, no importa tanto que el denunciante sea alguien sospechado de querer voltear al gobierno, como Marcela Pagano. Tampoco importa tanto qué periodista te pregunta y cómo te lo pregunta, porque el que tiene que dar explicaciones es el funcionario, y no el profesional de la comunicación:
Lo que importa es que no permitas que se termine armando la "bola de nieve". Que no dejes la duda flotando. Que la desconfianza sobre Adorni, uno de los símbolos de la lucha contra la casta, no termine manchando una de las banderas que más reivindica Milei: La moral como política de Estado.
¿Tendrán claro a esta altura, tanto Milei como Karina Milei, que dejar pendiente las respuestas y mantener a Adorni en el cargo supone más costos que beneficios?
¿Qué más que sostenerlo para no darle el gusto a Santiago Caputo están retroalimentando el enojo de una parte de la sociedad?
Todo parece indicar que Milei, igual que en septiembre del año pasado, ha terminado de acusar el golpe. Y que se está moviendo para empezar a cambiar. El pedido de paciencia estaría yendo en esa dirección.
Pero a no confundirse
El ataque indiscriminado contra los periodistas es algo que, ahora mismo, le juega en contra. Muy en contra. Le pudo haber servido hasta las legislativas del año pasado. Pero a dos años y cuatro meses de gestión, los mismos ataques ya no se escuchan como un "principio de revelación", sino como una excusa gastada. Un último mensaje, para los "termo" de todas las fuerzas políticas, y la militancia "incondicional" de cualquier grupo y factor.
Algunos periodistas que venimos analizando la actualidad desde 1983 no necesitamos soltar la mano o agarrarnos de la mano de ningún gobierno. Nos basta con trabajar a conciencia, sin condicionantes de ningún tipo. Sean los condicionantes del poder de turno, los intereses de los dueños de los medios, o la presión silenciosa de la corporación periodística, de la que nunca nos sentimos parte. Por eso mostramos todo. Y lo hacemos antes de una eventual nueva vuelta al infierno.
O antes de que el péndulo termine dando sentido a cosas como las que repite hoy Alberto Fernández, diciendo que su gestión de la pandemia se toma como modelo en muchas partes del mundo.
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