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Café con rosca: Se dijo en un taxi

Los dejaba hablar, asentía en el momento justo y se les ponía al lado como si pensara lo mismo desde siempre. Después, cuando bajaban la guardia, movía apenas una frase. No para dar vuelta la charla, apenas para torcerla.

Sabado, 11 de Abril de 2026

Tito no necesitaba que le dijeran de qué iba a hablar el pasajero. Le alcanzaban dos cosas: cómo cerraba la puerta y cómo decía el destino. Ahí ya tenía un mapa. Después, lo único que hacía era no chocar. Acompañar, asentir, tirar una frase a tiempo. Nunca discutir de frente. Para eso estaban otros.

Los dejaba hablar, asentía en el momento justo y se les ponía al lado como si pensara lo mismo desde siempre. Después, cuando bajaban la guardia, movía apenas una frase. No para dar vuelta la charla, apenas para torcerla.

El corsita, en cambio, no acompañaba nada. Temblaba en cada frenada, se quejaba en cada cambio. Tito lo conocía de memoria: sabía hasta dónde exigirle sin que lo deje a pata. Con la gente hacía algo parecido.

El pasajero subió y marcó el ritmo desde el primer segundo.

-Al Centro.

No hubo saludo. Tito arrancó.

Dos cuadras en silencio, solo con el ruido de la radio de fondo. Después, como si siguiera una conversación consigo mismo, que venía de antes:

-Se le está complicando a Adorni -dijo Tito.

El pasajero lo miró por el espejo. Cara firme, tono seguro. 

-Sí. se le juntó todo -respondió y miró por la ventanilla.

-Pero ahora es distinto -siguió nuestro taxista-. Con Lijo metido, ya no es solo ruido político.

El pasajero asintió despacio, mirando la hora en su celular.

-No. cuando aparece un juez, cambia el juego.

-Obvio -dijo Tito y ya puso primera en la conversación-. Que te levanten el secreto bancario no es menor. Ahí se ve todo.

-Sí. ahí ya no alcanza con explicar -avanzó el pasajero-Y además está el contexto. No es cualquier juez.

Tito esperó medio segundo, haciéndose el distraído. 

-¿Por lo de la Corte?

-Claro -dijo el tipo-. Lo bajaron, no lo aprobaron. y ahora justo aparece en esta causa. Demasiada coincidencia.

Tito no se apuró. Era un terreno delicado.

-Y. en este país las coincidencias duran poco -dijo.

El pasajero soltó una risa corta.

-Tal cual. Acá todo tiene lectura.

-Siempre -respondió Tito-. A veces judicial. a veces política.

-O las dos -remató el pasajero.

Tito asintió.

-O las dos.

El tránsito se frenó. El corsita vibró más de la cuenta.

-Igual -siguió el tipo-, más allá de eso, si está limpio, no pasa nada.

Tito acompañó.

-Sí. si está limpio, zafa.

Hizo una pausa.

-El tema es si lo dejan zafar.

El pasajero lo miró por el espejo.

-¿Cómo "si lo dejan"?

Tito se encogió de hombros.

-Y. porque cuando entrás en esa, no jugás solo.

Silencio corto.

El pasajero no discutió, pero tampoco cedió.

-Puede ser -dijo-. Pero el problema es la contradicción. Venían con un discurso y terminan en lo mismo.

-Eso es lo que más pega -dijo Tito-. No el hecho. la incoherencia.

El tipo asintió, firme otra vez.

Tito lo dejó avanzar un poco más.

-Igual -agregó-, hay algo que se repite.

-¿Qué?

-El margen.

El pasajero suspiró, como si ya conociera la respuesta.

-Otra vez con eso.

Tito sonrió leve.

-Mirá Mendoza -dijo-. Salió la denuncia y el tipo duró lo que tarda en salir un comunicado.

-Y sí -respondió el pasajero-. Denuncia por abuso, violencia. no había nada que discutir.

-Nada -asintió Tito-. No había margen.

-Y está bien que sea así -agregó el tipo-. Tiene que ser así. Porque eso daría lugar a demasiados comentarios en la prensa, donde el funcionario tiene muchos amigos. Amigos que si no abordan el tema, quedarían demasiado expuestos.

-Sí.pegados -dijo Tito, rápido y sin vueltas-. Y además porque podrían salir a hablar las otras ex. Una experiodista que vive en el extranjero, y no le tiene miedo, y la ex reina ahora jueza.

Pausa.

-Ahora -siguió-, en otros casos. el margen aparece.

El pasajero miró hacia adelante.

-No es lo mismo.

-No -dijo Tito-. Pero fijate algo. cuando no hay margen, todo es inmediato. Cuando hay margen. todo se analiza.

El tipo no respondió enseguida.

El auto avanzó unos metros.

-Igual esto mueve todo -dijo después-. No es solo el Gobierno. Mirá el peronismo cómo se está reordenando.

Tito asintió.

-Sí. nadie espera.

-¿Viste lo de Uñac?

-Lo de las internas por regiones.

-Claro -dijo el pasajero-. Un "supermartes", todo junto. Y con guiño de Cristina. no es casual.

Tito acomodó el volante.

-No. eso ya es empezar a ordenar.

-Obvio -siguió el tipo-. Están viendo que el otro lado se complica y se preparan.

-Siempre hacen eso -dijo Tito-. cuando uno afloja, el otro se arma, sacarán con suerte unos pocos votos 

-Es la política -afirmó el pasajero.

Tito negó, suave.

-Es el instinto.

Silencio.

-¿Instinto?

-Sí. -dijo Tito-. saber cuándo avanzar. y cuándo aguantar.

El pasajero se quedó pensando.

Tito siguió, ahora más tranquilo:

-Fijate cómo se cruzan las cosas -dijo-.uno está viendo qué le encuentran,notro no duró ni un día,by otros ya están armando el tablero.

El corsita ya estaba en pleno Centro.

-Y bueno. cada uno en la suya -dijo el pasajero, ya sin la misma firmeza.

Tito lo miró por el espejo.

-No. todos en la misma.

-¿Qué sería lo mismo?

Tito frenó despacio.

-El aire -dijo-.cuánto te queda. y cómo lo usás.

El auto quedó regulando.

-Llegamos. Pero no se en qué esquina lo dejo.

-Acá nomás -dijo-.

El pasajero pagó. Se quedó un segundo antes de bajar.

-Igual. algunos ya les poco aire.

Tito asintió.

-Sí. pero siempre hay otro inflando.

El tipo bajó.

Tito esperó que cierre la puerta. Miró por el espejo, se acomodó en el asiento y murmuró:

-Y si no. se lo prestan.

Metió primera.

Y salió otra vez.