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Café con rosca: ¿Podrán juntar 4 votos?

El grandote decía ser asesor legislativo. Nadie en la mesa se lo discute, pero tampoco nadie ignora que su trabajo real consiste en torcer voluntades con la delicadeza de un martillo envuelto en terciopelo.

Sabado, 21 de Marzo de 2026

Con el mismo tintinear cansino de todos los días, este jueves, a las siete en punto de la tarde, la puerta de la vieja cafetería de Aldo sonó como si también ella supiera que ese era el momento en que la política volvía a ocupar su mesa del fondo.

Aldo nunca preguntaba. Secaba vasos, acomodaba tazas o hacía como que leía el diario, pero estaba atento. Siempre lo estaba. Hernán, en cambio, directamente ni disimulaba: ya a las seis y cincuenta y cinco dejaba preparada la mesa junto a la ventana, con cuatro pocillos, una jarra de agua y un cenicero que nadie usaba pero que, por alguna razón, tenía que estar.

El primero en llegar fue Gastón.

-Buenas tardes, Hernán -dijo con un tono entre formal y resignado.

-Magistrado -respondió el mozo, como si aquello fuera un cargo oficial.

Gastón asintió con gravedad. Le gusta el título. No porque sea juez -no lo es- sino porque, en la práctica, hace todo. Su juez falta más de lo que trabaja, y los expedientes pasan por sus manos como confesiones. A veces, cuando hablaba, lo hacía con ese aire de sentencia escrita.

El segundo fue el grandote. Ocupando espacio, tanto por su tamaño como por su manera de moverse, como si cada paso tuviera peso político. El grandote decía ser asesor legislativo. Nadie en la mesa se lo discute, pero tampoco nadie ignora que su trabajo real consiste en torcer voluntades con la delicadeza de un martillo envuelto en terciopelo.

Después llegó el flaco, siempre apurado, con el teléfono en la mano, siempre en medio de algo que "no podía esperar". Se sentó, saludó a todos con entusiasmo y, casi sin darse cuenta, en algún gesto, en algún movimiento de dedos, dibujó esa V corta que lo delata. -No es ideología: es gimnasia -decía, simplemente.

El último fue el innombrable.

Nadie lo anunciaba, pero su llegada se sentía. La conversación bajaba un tono, Hernán se acercaba sin que lo llamaran, y hasta Aldo levantaba la vista un segundo. Nunca nadie decía su nombre. Ni falta que hacía. Sabe demasiado, conoce a todos, y está -según se dice- en todos lados al mismo tiempo.

Con los cuatro sentados, empezó el ritual.

-El problema -arrancó Gastón, acomodando el pocillo- es que no hay institucionalidad.

-El problema -lo interrumpió el grandote- es que la institucionalidad se negocia.

-El problema -terció el flaco- es que no se entiende el contexto político.

El innombrable no decía nada. Escuchaba.

Hernán llegó con la comanda de siempre: dos cortados en jarrito para Gastón y el innombrable, un café chico bien cargado para el flaco y un café con leche, con una medialuna, para el grandote

-Se adelantaron -dijo Gastón.

- ¿Quiénes? -preguntó el flaco, aunque ya sabía.

-Todos.

-Arrancó -tituló el grandote.

No se dieron más explicaciones.

-Es un año y medio -dijo el flaco, sin preámbulos-. Un año y medio no es nada.

-Es una eternidad -corrigió Gastón.

-Es mañana -cerró el grandote.

Se hizo un silencio breve. No era desacuerdo: era calibración.

El innombrable apoyó las manos sobre la mesa.

-Ya están hablando de 2027 -dijo-. ¿Se dan cuenta? Marzo. y ya están todos corriendo. Y corriendo sin sentido, porque ya están llegando tarde.

-El discurso del primero de marzo -arrancó el magistrado-. Eso no fue apertura de sesiones.
-Fue lanzamiento -dijo el grandote.

El innombrable negó, con un leve movimiento de cabeza.

-Fue una señal a todos. Si leés entrelíneas -dijo el flaco sonriendo, como quien reconoce el juego -, ya está en campaña.

-No hay entrelíneas -lo frenó el grandote-. Es literal.

Gastón golpeó suavemente la mesa con el índice.

-No puede hacer eso. Institucionalmente.

El grandote lo miró con una paciencia casi pedagógica.

-Magistrado. puede.

-El tema -retomó el flaco- es que esto obliga a todos los demás a moverse.

-Ya se están moviendo -dijo el grandote.

-Se están acomodando -corrigió Gastón.

-Se están mostrando -agregó el flaco.

El innombrable tomó un sorbo de café.

-Están midiendo.

Los tres lo miraron.

- ¿Midiendo qué? -preguntó el magistrado.

-Midiendo su existencia -respondió-Los partidos están perdidos. No hay liderazgos claros.

-Siempre hay liderazgos -dijo el grandote-. Lo que no hay es decisión.

-Ni tiempo -agregó Gastón.

El innombrable sonrió apenas.

-Tiempo hay -dijo-. Lo que no hay es margen.

Esa frase quedó flotando. Hernán pasó con una bandeja, pero bajó la velocidad al escucharla, como si también quisiera entenderla mejor.

- En un año y medio te fabrican un candidato -insistió el flaco-. Es nada.

-O te lo destruyen -añadió Gastón.

-O se destruye solo -cerró el innombrable.

El flaco se pasó la mano por el pelo.

-Van a empezar a aparecer nombres. encuestas. operaciones.

-Ya empezaron -lo interrumpió el grandote.

-Van a empezar las internas -insistió el flaco.

-Nunca terminaron -dijo el innombrable.

El grandote levantó una ceja.

-Hay una sola excepción y es clara.

El innombrable no dijo nada. Miraba el café.

-La Libertad Avanza -dijo el magistrado, marcando cada palabra-. Es el único espacio que hoy tiene líder y candidato.

El grandote soltó una leve risa.

-Vaya paradoja. El partido más joven. Hace cuatro años. eran dos personas y un micrófono.

-Y ahora. -agregó el flaco.

-Ahora es el oficialismo -interrumpió Gastón. -y es el único ordenado. Tiene conducción, tiene rumbo y tiene candidato.

El flaco asintió.

-Eso en política es oro.

El innombrable dudó un segundo. No por falta de respuesta, sino por elegir cuánto decir.

-Pero tiene un problema -dijo finalmente-no tiene contra quién medirse. todavía.

-Eso es ventaja -insistió el flaco.

-También es peligro -corrigió el grandote.

Gastón intervino, con tono de expediente:

-El liderazgo de Javier Milei no está en discusión dentro de su espacio.

-Ni tampoco afuera -agregó el flaco-. Hoy marca la agenda.

El grandote cruzó los brazos.

-La marca. porque también es cierto que no hay otro que lo haga.

-Los otros espacios están desordenados -retomó el flaco-. Sin liderazgo claro, sin candidato. Si el oficialismo ya tiene líder y candidato, los demás están obligados a reaccion

-A contrarreloj -dijo Gastón.

-A los golpes -añadió el grandote.

-A ciegas -cerró el innombrable.

El flaco suspiró.

-Van a empezar a fabricar figuras.

-Ya lo están haciendo -dijo el grandote.

-Van a inflar nombres -insistió el flaco.

-Y a pincharlos -agregó el magistrado.

El innombrable tomó el último sorbo de café.

-Van a probar quién resiste.

Silencio.

-Ahí está otro punto -retomó el flaco-. Que no haya nadie marcando agenda. también es mérito del gobierno.

Gastón asintió, con gesto serio.

-No es solo ausencia de oposición. Es construcción de poder.

Los tres miraron al innombrable, esperando el cierre.

-Es desgaste -dijo-Los fue limando de a uno.  De a bloques. Poco a poco, fue borrando del mapa incluso a los propios. Parlamentarios sin peso, sin margen, sin decisión. Eso no es casual.

-El oficialismo no solo tiene líder -dijo el magistrado-. Tiene centralidad.

-Eso también es parte del mérito -insistió el flaco-. Instalar la idea de que no hay alternativa.

-No es una idea -dijo el grandote- Es una construcción. Es un resultado. El gobierno no solo gobierna. Ordena el tablero y decide quién juega.

-Arranquemos por uno -dijo el flaco, apoyando el teléfono boca abajo-. El PRO.

El grandote asintió, casi satisfecho.

-Desglose -dijo- Están buscando candidato.  No lo tienen. Lo están pidiendo. Se lo están rogando.

Gastón intervino, con tono preciso:

-Algunos sectores le insisten a Mauricio Macri que vuelva. Segunda presidencia.

El grandote negó, lento.

-Pero él no quiere. No quiere saber nada con volver a ser candidato. Está empujando a otro, a un empresario y no cualquier empresario. Uno que armó una multinacional desde acá. E-commerce. Logística. Todo.

Nadie dijo el nombre. No hacía falta.

El innombrable giró apenas el pocillo.

-Y tampoco quiere. Su familia no quiere que se meta.

-El problema del PRO -dijo el flaco- es más profundo. No tiene liderazgo claro. Ni candidato, ni expectativa. En las últimas elecciones, la Libertad Avanza le comió el electorado.

-Le comió la identidad y le comió el futuro -agregó Gastón.

-Macri también está evaluando un acuerdo -continuó el flaco-. Con eso que llamaron Provincias Unidas.

El grandote soltó una risa breve, seca.

-Eso fue un sello electoral.

-Un intento -corrigió Gastón-. De construir centro y terminó siendo nada.

-Fue un invento para la elección pasada -siguió el flaco-. Un armado rápido. sin identidad real. Los gobernadores ya se están yendo. De a uno.

-No se van -corrigió el grandote-. Se despegan.

-Se salvan -añadió Gastón.

El innombrable negó levemente.

-Se reubican.

Hernán pasó con la bandeja. Esta vez nadie la registró.
-Porque nadie quiere quedar pegado -insistió el flaco-. Ese espacio no mide, no ordena, no protege.

-No existe -dijo el grandote.

-Pero Macri lo está mirando igual -retomó el flaco. -Hay un vínculo con Schiaretti.

El grandote asintió.

-Se llevan bien.

El innombrable apoyó el pocillo.

-No alcanza. Córdoba pesa. Siempre pesó. Pero no arrastra. No nacionaliza. No construye solo.

Esa frase quedó flotando.

-De ahí a armar algo. -empezó el flaco.

-Hay un trecho largo -lo interrumpió el grandote.

-Muy largo -confirmó Gastón.

-El PRO tiene ese problema -dijo el grandote-. Pero por lo menos tiene referencia.
Desgastada. pero referencia al fin.

El flaco completó:

-En cambio el peronismo.

No terminó la frase.

El innombrable la cerró:

-No sabemos qué es.

Silencio.

Aldo, desde la barra, dejó de moverse.

-Peronismo, kirchnerismo. -retomó el flaco-. Ya ni el nombre está claro.

-Nunca lo estuvo -dijo el grandote.

-Pero antes había conducción -corrigió Gastón.

-Antes había alguien -agregó el flaco.

El innombrable no dudó:

-Ahora no. Hay un candidato. -empezó el flaco- Pero no hay líder.

Todos miraron al innombrable.

Él dijo el apellido sin énfasis:

-Kicillof.

El flaco hizo un gesto ambiguo.

-Aparentemente.

-Instalado -corrigió el grandote.

-Resistido -agregó Gastón.

El innombrable asintió apenas.

-No querido.

-Ese es el problema -dijo el flaco-. Tiene volumen, tiene gestión, tiene territorio.

-Pero no conduce -interrumpió el grandote.

-No ordena -añadió Gastón.

El innombrable completó:

-No manda.

La palabra quedó flotando, incómoda.

-Y sin conducción. -dijo el flaco- Se atomiza, se fragmenta. Encima, con Cristina presa

Nadie lo interrumpió.

-No hay líder natural. Entonces, empiezan a aparecer todos -siguió el grandote-. Cada uno por su lado.

El innombrable enumeró, casi como si leyera:

-Moreno. vuelve a moverse. La Cámpora. intentando reacomodarse, cuidando lo propio, Kicillof. armando lo suyo.

-Y también. -dijo el flaco, bajando la voz.

Los tres lo miraron.

-Sergio Massa.

El grandote soltó una leve risa.

El flaco continuó:

-Está reuniéndose otra vez. Moviéndose. Midiendo. Probando. Rearmando. En en el restaurante de Palermo de su amigo. Ahí se juntan.

-Entonces -preguntó, otra vez, Gastón-, ¿puede salir algo del peronismo?

El innombrable fue claro:

-Sí. pero tarde. No tienen tiempo. Y si miras los nombres que dijeron, no juntan 4 votos. todos juntos.

Otra vez el tiempo.

Siempre el tiempo.

- ¿Y el pastor mediático? - lanzó el grandote.

- ¿En serio estamos hablando de eso? - preguntó Gastón.

El innombrable no reaccionó de inmediato. Eso ya era una señal.

-Lo están midiendo -dijo el flaco-. Algunos lo están mirando en serio.

-Siempre aparece uno así -murmuró el grandote.

El innombrable habló:

-Pero siempre llama la atención. No vive acá. Pero viene. llena teatros en el interior. convoca.

-Como pastor -aclaró el grandote.

El innombrable corrigió:

-Como fenómeno. Dicen que después del Mundial se lanza.

-Lo quieren construir como otro Milei-dijo el flaco, bajando la voz.

Gastón negó con firmeza.

-Eso no se replica.

El innombrable fue claro:

-Eso no se fabrica.

Silencio.

-También está dando vueltas Pichetto. -tiró el flaco.

-Otra vez -dijo el grandote.

-Se reunió con Cristina hace unos días -continuó el flaco. -y con Emilio Monzó.

-Viejos armadores -dijo el grandote. -Un intento de peronismo del centro.

-El problema es que nadie más lo entiende -agregó Gastón.

El innombrable apoyó el pocillo.

-El problema es que nadie lo necesita y nadie lo vota. No existe

- ¿Y el radicalismo? -tiró Hernán, casi al pasar, mientras llevaba unas tazas vacías en la bandeja...

El grandote soltó una risa seca.

-No existe.

Gastón no sonrió.

-Existe formalmente.

Silencio.

Aldo, desde la barra, ni siquiera disimuló esta vez.

-No tiene liderazgo -dijo-. No tiene candidato. No tiene conducción. No tiene rumbo.

El innombrable cerró:

-No tiene centro de gravedad.

-Están en todos lados -insistió el flaco-. Con unos, con otros.

-Con cualquiera -dijo el grandote.

-Según convenga -agregó Gastón.

El innombrable apoyó el pocillo.

-Según sobrevivan.

-Ya no tienen ni sello -dijo el flaco-. O mejor dicho. el sello no vale nada.

- ¿Y Horacio Rodríguez Larreta? -inquirió el flaco.

Gastón levantó la vista.

-Dice que va.

-Dice -repitió el grandote.

El innombrable no corrigió.

-Pero quiere estar -agregó el flaco-. Está hablando con todos.

El innombrable completó:

-Con quien haga falta.

Silencio.

-Hasta con el peronismo -insistió el flaco.

El grandote sonrió.

-No sería la primera vez.

-Ni la última -agregó Gastón.

El innombrable lo definió:

-Es pragmático. Él dice que está enfrente del gobierno.  En la vereda de enfrente de Javier Milei.

-Eso es posicionamiento -dijo el grandote.

-El innombrable negó levemente.

-Eso es necesidad.

Silencio.

-Todo lo que pase por ahí. le sirve -dijo el flaco.

-Y después está -dijo el flaco- Elisa Carrió.

El grandote soltó aire por la nariz.

-Siempre está.

-Muchos la daban retirada -dijo Gastón.

-Nunca se retiró -corrigió el grandote.

El innombrable asintió.

-Nunca.

-Parece que está armando algo -continuó el flaco-. No se sabe bien qué.

-Como siempre -dijo el grandote.

-Con lógica propia -añadió Gastón.

El innombrable la definió:

-Con tiempos propios.

Silencio.

-Entonces tenés -resumió el flaco-: radicalismo que no existe. Larreta que busca lugar. Carrió que aparece otra vez. para nada y.

-Fragmentos -dijo el grandote.

-Residuos -agregó Gastón.

El innombrable lo miró.

-De algo que ya no sirve.

Silencio largo.

-Es curioso -dijo el grandote-. Un movimiento histórico. buscando un pastor.

-No sería la primera vez que la política busca fe -dijo Gastón. 

El innombrable no sonrió.

-La política siempre busca creencia.

Silencio.

-Pero una cosa es llenar teatros. -dijo Gastón.

-Y otra muy distinta es llenar urnas -cerró el grandote.

-Están hablando de nombres. de candidatos. de quién va con quién. de quién arma qué.-dijo Hernán, parado junto a la mesa, atento.

- ¿Y? -dijo Gastón.

Hernán apoyó la bandeja.

- ¿Y las ideas?

Silencio más largo.

El flaco intentó ordenar:

-Bueno. se están acomodando. primero es eso.

Hernán negó.

-No, no. está bien. pero. ¿qué van a proponer?

El grandote cruzó los brazos.

-Van a ver.

- ¿Qué van a ver? -Insistió Hernán-. ¿Qué van a decir?

Nadie respondió.

Aldo, desde la barra, habló por segunda vez:

-Es buena la pregunta de Hernán.

El silencio cambió de peso.

-Porque -continuó Hernán- el único que discutió ideas. fue Milei. Y ahora, hay cosas que quedaron. El superávit fiscal. las cuentas ordenadas. la inflación a la baja. la no emisión. ¿Qué ideas van a traer los demás?

Silencio largo.

Afuera, la noche ya había caído por completo. La calle estaba casi vacía, y el reflejo de la cafetería en el vidrio hacía que pareciera que había dos mesas, dos reuniones idénticas en universos paralelos.

- ¿Ya cerramos? -preguntó el flaco.

-Siempre cerramos -respondió Aldo desde la barra-. Pero ustedes se quedan un rato más.
Pagaron como siempre: cada uno dejó algo, sin contar demasiado. Como si el equilibrio fuera implícito.

Se levantaron de a uno.

Antes de salir, el innombrable se detuvo un segundo junto a la barra.

-Aldo -dijo.

-Sí.

-El jueves que viene, lo mismo.

Aldo miró a Hernán.

- ¿Escuchaste?

-Siempre escucho -respondió el mozo.

Y empezó a apagar las luces