Analistas La columna de Antonio Ginart

"Cristina y las coimas que no puede explicar"

La protagonista fue Cristina Fernández de Kirchner, quien se presentó a declarar por la llamada causa de los cuadernos. Pero lo que debía ser una explicación sobre acusaciones gravísimas terminó siendo otra cosa: un discurso político, casi calcado a los que durante años pronunció desde un escenario.

Miercoles, 18 de Marzo de 2026

Hay momentos en la política donde la realidad irrumpe con una fuerza imposible de negar. Y lo que se vio ayer en los tribunales fue, justamente, uno de esos momentos.

La protagonista fue Cristina Fernández de Kirchner, quien se presentó a declarar por la llamada causa de los cuadernos. Pero lo que debía ser una explicación sobre acusaciones gravísimas terminó siendo otra cosa: un discurso político, casi calcado a los que durante años pronunció desde un escenario.

Solo que esta vez no había escenario.

Ni cadena nacional.

Ni plaza llena.

De hecho, la imagen fue bastante distinta.

Se la vio a una Cristina visiblemente envejecida, tensa, por momentos incómoda. Una dirigente que ya no tiene el poder que tuvo ni la multitud militante que la rodeaba en otros tiempos. A la salida de su casa la acompañaron apenas unos pocos seguidores, y en la puerta de los tribunales no hubo columnas, ni bombos, ni una marea humana esperándola. Para alguien que durante años se movió rodeada de poder, fue un contraste fuerte.

Y quizá el momento más simbólico llegó cuando el tribunal le hizo las preguntas de rigor. Las mismas que se le hacen a cualquier ciudadano acusado de un delito.

Nada de privilegios.

Nada de épica.

Simplemente una acusada frente a la Justicia.

Pero lejos de explicar por qué -según ella- no recibió las cerca de 200 coimas que describe la investigación, Cristina eligió el camino de siempre: atacar al sistema judicial.

Dijo que "este juicio es una persecución política" y que "todo forma parte de un armado para disciplinar a los dirigentes que enfrentan al poder económico". El problema es que ese libreto ya está demasiado gastado.

Porque esta causa no nació de un editorial ni de un adversario político. Nació de cuadernos escritos durante años por un chofer que registró recorridos, direcciones y bolsos con dinero.

Después llegaron empresarios que confesaron haber pagado coimas. Y finalmente una investigación judicial que derivó en este proceso. Si todo eso es mentira, lo lógico sería demostrarlo. Pero ayer no hubo una explicación concreta. Hubo política.

También hubo otra escena que llamó la atención.

En medio de su declaración, Cristina habló del hambre de la gente y de lo mal que la están pasando muchos argentinos. Puede ser cierto. La crisis social es real.

Pero el contraste fue inevitable. Porque la ex presidenta, nacional y popular, llegó a esa audiencia con su Iphone 17 en mano, luciendo un reloj Rolex de oro y una cartera, todo cuyo valor ronda los 50 millones de pesos, unos 35 mil dólares.

No es el mejor mensaje cuando se habla de la angustia económica del país.

Y hay un dato todavía más contundente.

Cristina ya tiene condenas judiciales que establecen que debe devolver dinero al Estado por hechos de corrupción. Dinero que, en definitiva, pertenece a todos los argentinos.
Hasta ahora, no ha pagado un solo peso. Ni uno.

Por eso lo de ayer fue, en cierto modo, un baño de realidad.

La dirigente que durante años ejerció un poder casi monárquico en la política argentina tuvo que sentarse frente a un tribunal como cualquier otro acusado. Sin multitudes. Sin blindaje político.


Sin el aparato que durante tanto tiempo la rodeó.

Cristina parece convencida de que su reinado todavía no terminó.

Pero lo que se vio ayer dejó una imagen muy distinta: la de una ex presidenta aferrada al discurso político. mientras la Justicia le recuerda que, ante la ley, ya no es una reina.

Y en ese contraste vuelve a resonar una frase que hace años le dedicó el periodista Jorge Lanata en televisión: "Ahora, usted sin nada es solo una pobre vieja enferma y sola peleando contra el olvido y arañando desesperadamente un lugar en la historia que ojalá la juzgue como la mierda que fue".