El Presidente ratificó que la transformación más profunda no será legislativa sino estructural: abrir la economía, desarmar la protección industrial y forzar una reconversión sin red. Promete eficiencia y mejores salarios; la incógnita es quién paga el costo en el camino.
Quinta a fondo. Milei aceleró fuerte en la apertura de sesiones ordinarias. Podríamos hablar de cómo usó al kirchnerismo de sparring durante toda la presentación. No quiero detenerme ahí. Quiero detenerme en el anuncio.
¿Cuál fue el gran anuncio? Bueno, no fue un gran anuncio. Fue una gran confirmación del rumbo, de la dirección y del ritmo de su economía. A su plan económico, lo confirmó con una frase, con un párrafo que ahora les quiero compartir.
Lo que dijo Milei tiene que ver con la matriz económica. En este gobierno, que es el más reformista -así se autopercibe y se enuncia: "somos los más reformistas de la historia argentina"-, están sacando y promoviendo reformas. Reforma laboral, reforma del Código Penal Juvenil, la imputabilidad desde los 14 años, reformas impositivas y, se verá si más adelante, una reforma jubilatoria.
Pero ¿saben qué? La reforma más importante que quiere hacer este gobierno no va a pasar por el Congreso. Y es exactamente la reforma de la matriz productiva.
La matriz productiva es la identidad económica de un país.
Vamos a imaginar una escena. Argentina. Ahora la imaginamos en un juego, en una fantasía, como una persona, como una mujer. Entra Argentina a una entrevista laboral. La señorita Argentina.
Le preguntan: "¿Y usted en qué cree que es muy buena?". Y Argentina toma aire y se larga medio con el cassette. Dice: yo soy capaz de producir alimentos para millones de personas. Trigo, soja, carne, vinos, aceites. Pero también puedo hacer pick-ups de exportación y lo hago muy bien. Y tengo minería y tengo conglomerados industriales y tengo turismo y tengo industria del conocimiento.
Y se embala Argentina en la entrevista laboral y la frena el entrevistador. Le dice: "Te debe ir espectacular con esta diversidad productiva que tenés. ¿Qué hacés acá buscando empleo? ¿Qué hacés buscando trabajo si tenés todo eso? No me vas a decir que además tenés los cuatro climas". "Sí los tengo". "¿Y qué hacés acá?"
Y Argentina mira, baja los párpados, avergonzada, y dice: "Es que no me termina de ir del todo bien". "¿Y por qué?", le pregunta el entrevistador, casi como un psicólogo.
"Tuve muchas crisis, muchas crisis macroeconómicas. Y me caigo y me trato de levantar. Y me caigo y me trato de levantar. Tengo todo, pero no tengo nada. Tengo mucha diversificación y no tengo precisión. Y sobre todo lo que no tengo es continuidad. Viene un gobierno y abre. Viene un gobierno y cierra. Puedo ser oscilantemente aperturista, puedo ser proteccionista, sustituyo importaciones, después importo. Si viene Perón, es una cosa. Si viene Menem, es otra. Soy uno a uno. Me siento estadounidense. Pongo en mis supermercados manzanas de California. Me creo que llegué al primer mundo. Eso es Menem. Algo falla en ese plan de convertibilidad. Me vuelvo a derrumbar. Pasa De la Rúa. Ya sabemos todo lo que ocurre. Duhalde. Aparece Kirchner, y me propone otra identidad productiva, otra identidad general. Ahora estoy en una Patria Grande. Soy latinoamericanista. Hay algo romántico en la idea de la industrialización. Y después algo ahí se agota en esa matriz diversificada con inclusión social. Y vuelvo a caer. Y acá estoy. Y ahora hay un nuevo presidente que me plantea esto otro. Y hay algo ahí que no termina de funcionar. Para un lado, para el otro. Zigzag. Las oscilaciones de la matriz productiva argentina. Acá estamos. Con una serie de valores económicos y sociales desastrosos. Teniendo todo, hay nada".
Quiero remontarlos a una foto icónica, simbólica, de un momento de la Argentina. Constructora de identidad. La sustitución de importaciones, que se incorporó en el sentido común colectivo, en el inconsciente colectivo, en el orgullo argentino: la idea del operario. Después, en esas tomas aéreas con el kirchnerismo, los operarios con el casco amarillo sobre el pecho, orgullosos. Esos planos épicos. Hay algo ahí del romanticismo, de la identidad, de la épica. Y de la realidad, porque hubo y hay conglomerados industriales y mucha gente que trabaja en la industria.
Bueno, Milei ayer agarró una maza de cinco kilos y demolió esa romantización, esa idealización. ¿Sabés cómo lo hizo? Dijo que había un fetiche industrialista.
Fíjate vos: de la identidad industrial de Argentina, Milei plantea que hay un fetiche industrialista. ¿Qué es un fetiche? Una especie de obsesión fantasiosa, obsesiva, medio libidinosa, no justificada, con la idea de que Argentina tiene que ser industrial.
Yo creo, si me preguntás, que lo más importante como anuncio fue la confirmación de que, para él, la industria es un fetiche industrialista. Mirá cómo lo dijo:
"La Argentina está atrapada en la trampa del fetiche industrialista. Nos dijeron que la única forma de generar empleo era sostener un esquema industrial fuertemente subsidiado. Sin embargo, tras décadas de protección, obtuvimos una industria pequeña, cara, dependiente del subsidio y con salarios en dólares raquíticos".
Raquíticos. Exactamente ese es el adjetivo que usa Milei. Una industria, dice él, jibarizada.
Pero lo más interesante para discutir esta idea romántica de la industria -que él cuestiona-, es la posición del Gobierno y la posición de Milei sobre la industrialización: qué ocurre con esto que se viene discutiendo después de FATE, después de las empresas que cierran, los obreros, los puestos de trabajo perdidos.
Él lo sintetiza en un párrafo: "La empresa local no puede competir, quiebra y despide gente. Sin embargo, eso es una parte de la historia. La otra parte es que ahora el consumidor ahorra dinero al comprar el bien importado. Y ese dinero lo utilizará en comprar otros bienes, generando así puestos de trabajo en otro sector de la economía, el cual es más productivo y por ende podrá pagar mayores salarios".
Ahí hay toda una definición de una dinámica que él teoriza, que está convencido de que va a suceder, que debería suceder, y que vamos a ver si sucede.
¿Escucharon lo que dijo Milei? Dijo que si hay una empresa que cierra, a lo mejor esa empresa pierde puestos de trabajo, pero esos bienes que producía esa empresa -a lo mejor protegida, subvencionada, que no compite- tenía bienes que eran 3, 4 veces más caros que los importados, y que la gente triplicaba lo que tenía que gastar. Y que ahora, con una oferta importada, va a tener posibilidades de hacerse de ese bien, y si ese bien genera trabajo en otro sector, lo que se pierde se gana. Eso dice Milei.
Entonces viene toda una discusión acerca de un modelo que él teoriza, y que vamos a ver de qué modo se reconvierte. ¿Cuál es la novedad acá? Que no hay un plan de reconversión, de asistencia, de tutelaje, de acompañamiento para la reconversión.
Dice Milei que la apertura como política va a hacer que la economía se vuelva eficiente. Van a tener que aprender a nadar y a competir. Y si no pueden, y si tragan demasiada agua, van a tener que reconvertirse en otra cosa. Porque dice Milei: "Acá hay que defender un interés general de 47 millones y medio de argentinos. No se puede salvar aumentando los precios y encareciéndolos con una industria protegida".
Desregular y abrir. Fue la defensa más férrea de la desregulación y de la apertura económica que haya hecho Milei. Y además confirmando que no va a haber asistencia estatal para un proceso de reconversión. Así como se va a abrir, se deberán reconvertir. Y si no pueden hacerlo, no lo harán.
Acá viene la discusión sobre los números. Milei estuvo optimista. Dice que hace dos años que la Argentina crece, que la inflación baja. Y dice una parte importante de la verdad. Y otra parte, más o menos.
Efectivamente la energía está volando. Minería. Él apuesta muy fuerte a que los nuevos centros productivos de Argentina sean la cordillera, el sur, la Patagonia. Minería y energía.
¿Y qué pasa con los conglomerados industriales de Córdoba, de Santa Fe, de la provincia de Buenos Aires? ¿Qué va a pasar con toda esa gente? Esta es la pregunta que no está contestada.
Quiero decir, finalmente, que hoy la apertura económica atemoriza, pero no aterroriza. ¿Por qué? Porque uno sospecha que todavía estamos en la fase en donde hay como una curiosidad de los argentinos, después de tantos años de escasez, de tantos años de no oferta de bienes y servicios.
Che, ¿viste ese auto chino? Ya no son todos berretas como era antes todo lo chino. Ahora hay de gama alta, de gama media. Los chinos te hacen lo que vos quieras. ¿Viste la oferta que hay? Estamos como los que salieron prisioneros y están con la novedad de todo lo nuevo y quizás más barato.
Lo que todavía no termina de llegar -ojalá no se consolide y no pase- es que contra el acceso a bienes y servicios más baratos y con una oferta mucho más diversa, venga la pérdida de empleo más fuerte.
¿Cuándo llega? Cuando te tocan el timbre. ¿Cuándo te tocan el timbre? Cuando hay una pérdida de empleo en el primero o segundo anillo de proximidad de tu vida. Ahí hay impacto emocional. Cuando un primo, cuando un tío, cuando tu vieja o cuando vos mismo perdés el empleo. Ahí hay un impacto que permitiría un cambio de visión.
Eso, de modo masivo, no llegó. El gobierno insiste en que no va a llegar. Que además están las plataformas, que hay un buffer -una amortiguación- de que todo el mundo puede acceder a una plataforma y tiene empleo. Será informal, pero lo tiene. Que no queda desempleado.
También hay una discusión sobre la comparación con Menem. Y los desempleados de Menem, aquel 16, 17 por ciento: te dicen que eso fue por las privatizaciones, no por la apertura económica. Hay toda una discusión sobre los efectos en el desempleo de esta política y este rumbo que plantea Milei con la apertura.
Los números que enuncia Milei en la apertura de sesiones son los que le convienen, los favorables. Hay otra parte que fue omitida o no fue contada del todo. Sobre el crecimiento, las áreas que no crecen. Es una duda. ¿Funcionará este rumbo de Milei?
¿Qué tiene a favor Javier Milei? Que enuncia con certeza, con la certeza de un predicador, que es por acá. No sabemos cómo va a salir. Él dice: es por acá. Y del otro lado, lo que tenemos todavía es un no: sin propuesta.
Dicho de otra manera, y cerrando: Milei tiene un plan. No sabemos cómo va a salir. Tiene un carácter de certeza. Del otro lado, la oposición dice que eso no va a funcionar, pero no es capaz de decir qué es lo que sí va a funcionar.