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Apoyo empresario y sabor a poco entre economistas tras el discurso de Milei

Referentes del sector privado valoraron la continuidad del rumbo reformista, mientras analistas financieros reclamaron definiciones más concretas sobre el frente cambiario y el alcance real de las próximas leyes; los industriales no se pronunciaron

Lunes, 2 de Marzo de 2026
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El discurso de apertura de sesiones en el Congreso del presidente Javier Milei dejó una fotografía dividida en el frente económico: respaldo explícito de buena parte del empresariado organizado, prudente silencio industrial y una evaluación más fría -incluso crítica- entre economistas y estrategas de mercado, que señalaron la falta de anuncios concretos y de precisiones sobre el frente cambiario.

En el sector empresario institucional, el tono fue mayormente positivo. El presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Adelmo Gabbi, consideró que fue "un discurso muy interesante" en el que el mandatario ratificó "el único camino posible" para el desarrollo, con eje en la apertura comercial, la reducción del Estado y el respeto a la propiedad privada. También valoró el anuncio de una presentación mensual de proyectos de reforma ante el Congreso y destacó que la energía, la minería y el campo "tienen mejores posibilidades que el resto".

En la misma línea, el presidente de IDEA, Santiago Mignone, subrayó que es "importante" que el Presidente haya reafirmado el equilibrio fiscal y una política monetaria enfocada en reducir la inflación como condiciones necesarias para la estabilidad macroeconómica. "Valoramos los anuncios de reformas en propiedad privada, apertura comercial, marco impositivo y educación", sostuvo, aunque aclaró que será necesario conocer el contenido de los proyectos para evaluar su alcance.

El sector privado valoró la ratificación del equilibrio fiscal y la apertura, pero operadores financieros señalaron la ausencia de anuncios concretos.

La Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) manifestó su "satisfacción" con la agenda reformista, destacó la Ley de Modernización Laboral y los acuerdos con Estados Unidos y la Unión Europea, y remarcó que el ordenamiento fiscal y monetario debe complementarse con reformas estructurales que favorezcan la competitividad.

No obstante, pidió que las transformaciones se realicen con el menor costo posible en términos de actividad y empleo, facilitando la adaptación de empresas y trabajadores.

Desde el complejo agroexportador también hubo respaldo. Gustavo Idígoras, titular de la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales (Ciara-CEC), celebró especialmente la meta presidencial de alcanzar las 300 millones de toneladas de producción agroindustrial. "Ese debe ser el espejo para salir del estancamiento productivo y exportador", afirmó, en referencia al modelo brasileño, y destacó la importancia de la eliminación paulatina de retenciones y la incorporación de tecnología para mejorar rendimientos. "Esperamos con ansias esas leyes", agregó.

El contraste vino desde la industria. En la Unión Industrial Argentina (UIA) evitaron pronunciarse de inmediato. En reserva, señalaron que no realizarán comentarios por el momento y que emitirán un comunicado en los próximos días. Será probablemente el martes, después de la habitual reunión de Junta Directiva. El silencio fue interpretado en el mercado como cautela frente a un discurso con fuertes críticas al proteccionismo y a los sectores empresarios que el Presidente calificó como "prebendarios".

Escepticismo entre economistas

Entre economistas y analistas financieros predominó una mirada más escéptica. Alfredo Romano, presidente de Romano Group, advirtió que el tono confrontativo introduce un interrogante relevante: aun con disciplina fiscal, la Argentina continúa fuera del mercado voluntario de crédito internacional, reflejado en una prima de riesgo elevada.

"El desafío ya no es únicamente económico, sino político e institucional. Los mercados no sólo evalúan resultados fiscales presentes, sino la sostenibilidad política de las reformas", señaló. Si la confrontación erosiona la construcción de consensos mínimos, agregó, podría convertirse en el talón de Aquiles de un programa conceptualmente claro, pero con dificultades para traducirse en estabilidad duradera.

Ramiro Blázquez, estratega de StoneX, fue más crítico: "Hubo pocas precisiones. Me dejó sabor a poco". Señaló que la rebaja de impuestos quedó condicionada al superávit fiscal y que no hubo definiciones sobre una liberalización completa del mercado cambiario, condición que considera clave para atraer inversiones empleo-intensivas. "Podrás tener inversión en minería y energía por el RIGI, pero no son sectores intensivos en empleo. Necesitás un proceso como el de los 90, con inversiones en infraestructura y servicios", sostuvo.

También advirtió que, si el financiamiento externo no llega vía inversión extranjera directa, el Gobierno podría apostar a canalizar ahorro doméstico en dólares hacia el sistema, lo que requeriría un fuerte crecimiento de los depósitos y eventualmente más endeudamiento en moneda extranjera de sectores no transables. El riesgo, alertó, es que ese flujo termine financiando consumo o al Estado, en lugar de inversión productiva.

Claudio Caprarulo, director de Analytica, coincidió en que "no hay novedades concretas para incorporar cambios en la tendencia de las variables macro". En su visión, el discurso reafirmó posicionamientos ya conocidos y ahora resta ver el contenido efectivo de los proyectos de ley anunciados. "A diferencia del año pasado, la inflación perdió centralidad en el discurso económico, una forma de mensurarlo es contando la cantidad de veces que se mencionó: 10 versus 23 en 2025?, añadió.

Sebastián Menescaldi, de Eco Go, interpretó que el mensaje tuvo un tono predominantemente político. "No escuché muchas novedades ni miradas al futuro. En lo económico habló más para atrás", señaló.

Incluso desde el mercado financiero, bajo reserva, el titular de una sociedad de Bolsa fue tajante: "No hizo ningún anuncio. Nada interesante para opinar".

Así, el mensaje presidencial consolidó el respaldo institucional de buena parte del empresariado formal -con especial entusiasmo del agro y del sector financiero-, pero dejó a economistas y operadores esperando definiciones más específicas sobre el frente cambiario, el ritmo de la baja del gasto y el calendario efectivo de reformas. El rumbo general no sorprendió; lo que el mercado aún espera son los detalles.

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