Hernán, el mozo, secaba vasos con una parsimonia casi filosófica. Tenía el talento de escuchar sin mirar, de pasar sin interrumpir y de recordar cada frase peligrosa sin jamás repetirla. Si alguna vez escribía un libro, el país se incendiaba.
Los jueves a las siete en punto, cuando el sol empezaba a rendirse detrás de los edificios cansados del Centro, la vieja cafetería de Aldo se acomodaba para su liturgia semanal.
Aldo ya sabía. No necesitaba mirar el reloj. Cuando la sombra del toldo cruzaba la tercera baldosa rota de la vereda, empezaba a preparar la mesa del fondo, la que cojeaba apenas y que él compensaba con un cartón doblado. Cuatro pocillos gruesos, azucarera de vidrio pesado, servilletas que jamás combinaban entre sí y una botella de soda que nadie pedía pero todos usaban.
Hernán, el mozo, secaba vasos con una parsimonia casi filosófica. Tenía el talento de escuchar sin mirar, de pasar sin interrumpir y de recordar cada frase peligrosa sin jamás repetirla. Si alguna vez escribía un libro, el país se incendiaba.
El primero en llegar, como siempre, fue Gastón. El magistrado.
Entró con el saco en el brazo, el expediente invisible bajo la axila y esa expresión de hombre que carga la Justicia sobre los hombros. Oficialmente es secretario de un juzgado.
Extraoficialmente, es el juzgado. El juez firma lo que Gastón decide. Y Gastón decide mucho.
-Lo que está pasando es grave -dijo antes de sentarse, aunque todavía no hubiera nadie.
Aldo asentía desde la caja como si ya supiera.
Cinco minutos después apareció el grandote. Camisa apretada, reloj demasiado brillante y celular vibrando en modo permanente.
Dice ser asesor legislativo. Nadie en la mesa le discutía el título, pero todos saben que asesora más billeteras que proyectos. Saluda con abrazos amplios, ocupa espacio físico y político.
-Tranqui, magistrado -le dijo a Gastón-. Grave es cuando no hay caja. Esto es reacomodamiento.
El flaco llegó tercero. Siempre apurado, siempre atendiendo un audio, siempre con un "pará que estoy entrando" susurrado al teléfono. Tiene el talento camaleónico de sobrevivir a todas las derrotas. Ha cambiado de partido tantas veces que ya no recuerda el orden, pero siempre, en cada salto, levantaba los dedos marcando la V, como si la historia fuera una foto fija.
-No entienden la dinámica -soltó mientras se sentaba-. La política es movimiento.
-Lo tuyo ya es turismo -le contestó el grandote.
Y entonces, casi sin hacer ruido, apareció el cuarto.
El innombrable.
Nadie dice su nombre. No hace falta. Cuando entra, Hernán baja apenas la música. Aldo mira hacia la calle. Y en la mesa se hace un silencio mínimo, apenas perceptible, como cuando cambia el viento antes de una tormenta.
Siempre se sentaba último y escuchaba primero.
- ¿Cómo viene la cosa? -preguntó con voz neutra.
Y ahí empezó el verdadero jueves.
Aquella tarde el tema flotaba en el aire desde antes de que llegaran. No era farándula local, ni fútbol, ni el nuevo escándalo del concejo deliberante. Era más espeso. Más profundo.
En Mendoza las elecciones municipales desdobladas habían dejado un dato que parecía pequeño y, sin embargo, ocupaba más espacio que la mesa del fondo: un intendente del Gran Mendoza -la espada que el peronismo quiere mostrar como futuro candidato a gobernador- había ganado en su territorio. por apenas tres puntos.
Tres.
-Un tres por ciento no es una victoria -dijo Gastón sin levantar la vista-. Es una advertencia.
El grandote le respondió riéndose.
-¡Ganaron! ¿Qué más querés? En política el que gana, gana.
-Depende -contestó el magistrado-. Si pretendés gobernar la provincia, tu patio tiene que ser inexpugnable.
-Están analizando mal el escenario -largó el flaco-. La elección anterior fue un desastre para nosotros. Acortamos la diferencia. Eso es crecimiento.
Hernán dejó la comanda con cuidado quirúrgico. Sabía cómo venía el jueves.
Gastón le puso azúcar a su cortado.
-En esa elección jugaba la ola nacional. Acá no jugaba nadie más que él. Es su municipio. Lo gobierna hace años. Es su estructura. Sus concejales. Sus barrios. Sus punteros.
El grandote asintió.
-Si tu propio territorio no te da diez puntos de ventaja, la provincia te come crudo.
El flaco levantó el dedo índice, didáctico.
-La política no es matemática lineal. Es contexto. El votante está fragmentado. Hay enojo, hay dispersión. Tres puntos en este clima valen más que ocho en otro momento.
-Eso es relato -disparó Gastón.
-Es estrategia -respondió el flaco.
Aldo, desde la caja, fingía acomodar botellas. No quería perderse nada.
El grandote se inclinó sobre la mesa.
-Mirá, flaco. Si él quiere ser candidato a gobernador, tiene que demostrar liderazgo territorial.
Y liderazgo es arrasar en tu casa. No ganar raspando.
El flaco respiró hondo. Se notaba que no hablaba solo por convicción, sino por pertenencia.
-El mensaje es que estamos vivos. Que el peronismo está competitivo. Que no nos pasaron por arriba.
-Pero no compite contra fantasmas -insistió Gastón-. Si pretende salir del municipio, necesita volumen político. Con tres puntos no cruzás el Acceso Este.
El innombrable, que hasta entonces había permanecido en silencio, giró la cucharita dentro del jarrito de su cortado.
-El problema no es el número -dijo finalmente-. Es la expectativa.
Los tres lo miraron.
-Si lo vendés como triunfo histórico, la vara sube sola. Y después la provincia te mide con esa vara.
Hernán pasó con una bandeja con medialunas para otra mesa. Era su forma de amortiguar los golpes.
El flaco le pidió una, más por ansiedad que por hambre.
-En política también se construye ánimo -argumentó-. Si salís a decir que es poco, debilitás al candidato antes de empezar.
-Si salís a decir que es épico, te exponés -retrucó el grandote-. Afuera del municipio no te votan por entusiasmo partidario, te votan por capacidad de ganar.
Gastón apoyó los codos sobre la mesa.
-Un candidato a gobernador tiene que demostrar que suma más allá de su tribu. Y los números de su casa son la primera prueba.
El flaco bajó la mirada un segundo. Sabía que la discusión no era técnica. Era existencial.
-También es cierto -admitió- que si no es él, no hay otro.
El innombrable sonrió apenas.
-Siempre hay otro. Lo que no siempre hay es tiempo.
La frase quedó flotando como humo de café recién hecho.
- ¿Y si el tres por ciento es el techo? -preguntó el grandote.
- ¿Y si es el piso? -contestó el flaco.
Gastón miró su reloj.
-La provincia no perdona experimentos.
El innombrable se levantó primero, como casi siempre.
-No discutan el número -dijo mientras acomodaba el saco-. Discutan la tendencia. Si en su propio territorio necesitó todo el aparato para ganar por tres. imaginen lo que va a necesitar afuera. Ahora quien se puede sentir ganador teniendo en cuenta la cantidad de gente que votó, una des motivación manifiesta de la sociedad, y ahí pierden todos..
-Hablando de rearmados. ¿vieron el encuentro?
El flaco no necesitó que aclarara cuál. Igual frunció el ceño.
Gastón levantó la vista con gesto escéptico.
- ¿El de "dejar el pasado atrás"?
El innombrable tomó un sorbo sin intervenir.
La noticia había circulado toda la mañana: Pichetto se reunió con Cristina, hablando de reconstruir, de mirar hacia adelante, de un nuevo peronismo superador.
-Es pragmatismo -dijo el grandote-. El peronismo siempre fue una bolsa amplia.
Gastón soltó una risa breve.
-Amplia no es lo mismo que elástica hasta el ridículo.
El flaco se acomodó en la silla. Sabía que lo estaban esperando.
-Yo no estoy de acuerdo con eso de "no mirar para atrás".
Silencio breve. Hasta Hernán aminoró el paso.
-A ver -dijo el grandote-. ¿No que había que cerrar etapas?
-Cerrar no es tapar -respondió el flaco-. Yo no quiero revancha. No quiero venganza. Pero los que hicieron las cosas mal fueron otros. Los que metieron la mano en la lata no fuimos todos.
Gastón lo miró con atención quirúrgica.
- ¿Y quién decide quiénes fueron "otros"?
El flaco no dudó.
-La Justicia. Y la política también. Pero no podés pedirle a los peronistas que siempre laburamos en serio que ahora hagamos de cuenta que nada pasó. Si querés un nuevo peronismo, empezá por decir quiénes lo dañaron.
El grandote se inclinó hacia adelante.
-Pichetto está diciendo algo lógico: hay que ampliar para volver a competir.
-Pichetto fue candidato a vicepresidente de Mauricio Macri -disparó Gastón-. No hace tanto.
-Y antes fue jefe del bloque peronista durante años -replicó el grandote-. No es un recién llegado.
El flaco negó con la cabeza.
-No es cuestión de currículum. Es cuestión de coherencia. Vos no podés jugar con Macri contra Alberto y Cristina. y después venir a decir que ahora somos todos lo mismo mirando al futuro.
El innombrable dejó el pocillo con suavidad.
-En política nadie es lo mismo. Son funcionales en distintos momentos.
La frase cayó pesada.
-Además -continuó el flaco- ahora está alineado con Moreno. ¿Qué es eso? ¿Un peronismo republicano con nacionalismo industrial y guiños a todos? Es un cocoliche. Una farsa, falta Flamarique ahí.
El grandote sonrió.
-El peronismo siempre fue un cocoliche.
-Sí -aceptó el flaco-, pero con conducción clara. Acá parece una feria.
Gastón intervino, casi académico:
-El problema de "mirar para adelante" es que si no resolvés el pasado, el pasado te condiciona. En derecho, las cosas prescriben. En política, no tanto.
-Mirá -dijo el flaco, bajando el tono-. Yo soy peronista. No kirchnerista automático. No macrista reciclado. Peronista. Y quiero competir, ganar, gobernar. Pero para eso hay que ordenar. Y ordenar no es mezclar todo y esperar que salga algo nuevo.
El grandote lo observó con media sonrisa.
- ¿Y si la sociedad no está esperando pureza ideológica sino eficacia?
-Entonces demostremos eficacia -contestó el flaco-. Pero con identidad. No con amnesia y fingiendo demencia.
El innombrable cruzó las manos sobre la mesa.
-Lo que Pichetto propone es simple: un peronismo sin mochilas judiciales, sin épicas agotadas y sin culpas heredadas.
Gastón arqueó una ceja.
-Las mochilas no desaparecen porque uno diga que pesan demasiado.
El flaco asintió.
-Hay compañeros honestos que quedaron pegados a cosas que no hicieron. Esos somos los que no queremos mirar para atrás. yo cambié varias veces de espacio, no lo niego, pero tampoco quiero que me metan en la misma bolsa de los corruptos.
El grandote respiró hondo.
-La pregunta es si alcanza con la cantidad de "honestos" para ganar una elección.
Silencio.
Después de Pichetto, de Cristina, del tres por ciento y de las épicas recicladas, el grandote volvió a desbloquear el celular con esa sonrisa de quien trae pólvora nueva.
-Y mientras ustedes discuten identidad, en la provincia de Buenos Aires ya están armando para 2027.
Gastón alzó la vista.
-Siempre están armando para 2027.
-No, no -insistió el grandote-. Ahora con nombre propio: MDF.
El flaco levantó una ceja.
-Movimiento Derecho al Futuro.
El innombrable apenas inclinó la cabeza. Sabía de qué hablaban.
El espacio que impulsa Kicillof en la provincia de Provincia de Buenos Aires con intendentes, legisladores y dirigentes que buscan proyectarse.
Gastón tomó el pocillo con gesto analítico.
-MDF. -repitió-. No llegan a ser de madera.
El grandote largó la carcajada.
- ¡Exacto! Son un poquito más que aglomerado, pero todavía no son madera maciza.
El flaco sonrió, aunque intentó sostener cierta compostura.
-Son construcción política. Todo espacio nuevo es aglomerado al principio.
-Sí -retrucó Gastón-, pero si lo mojás se hincha y se desarma.
Hernán miraba sin comentar. Pero una carcajada se le escapó.
El grandote siguió:
-El problema es que MDF suena a placa de mueblería económica. No a proyecto presidenci
-No subestimen -dijo el flaco-. Kicillof está construyendo algo propio. No quiere depender de nadie. Está buscando volumen territorial y discurso económico alternativo.
-Está buscando despegarse sin romper -corrigió el innombrable con voz calma.
Silencio breve.
-Eso es lo más difícil -agregó-. Si rompe, pierde estructura. Si no rompe, queda diluido.
Gastón apoyó los codos en la mesa.
- ¿Y qué representa MDF? ¿Una renovación real o una continuidad maquillada?
El flaco respondió sin dudar:
-Representa gestión. Dos mandatos en la provincia más grande del país no son poca cosa.
-También representa desgaste -marcó el grandote-. La provincia no es vidriera, es trinchera.
Y desde la trinchera no siempre se proyecta liderazgo nacional.
El innombrable giró la cucharita.
-Kicillof entendió algo: si espera que lo bendigan, no llega. Por eso arma. Pero no tiene nada para mostrar, porque Bs As es un desastre.
Gastón sonrió apenas.
-Armar es fácil. Consolidar es otra cosa.
El flaco tomó aire.
-Prefiero MDF a un cocoliche sin identidad. Por lo menos hay una intención de ordenar.
El grandote lo miró con picardía.
- ¿Ordenar o competir con Cristina en silencio?
El flaco dudó medio segundo.
-Competir no. Diferenciarse.
-En política diferenciarse es competir -sentenció Gastón.
Aldo, desde la caja, fingía revisar cuentas que no necesitaban revisión.
-Además -continuó el grandote-, si el MDF es la base para 2027, necesitan algo más que nombre simpático. Necesitan narrativa, equipo económico, intendentes fuertes y. suerte.
Mucha diría yo.
-Y contexto -agregó el innombrable-. En Argentina el 2027 empezó con el 2026, pero se definió en el 2025.
La frase quedó suspendida como un plano mal cortado.
El flaco miró la mesa, ya menos combativo.
-Lo que está claro es que nadie quiere quedar pegado al pasado, pero tampoco quieren quedarse sin historia.
-Eso es el peronismo -dijo Gastón-. Una tensión permanente entre herencia y reinvención.
El grandote volvió a sonreír.
-Bueno, por ahora MDF es eso. un tablero en construcción.
-Ya está el cronograma de la Universidad -anunció el grandote, cambiando rotundamente de tema-. Elecciones en la Universidad Nacional de Cuyo. Están acomodando fechas, pero el tablero ya se mueve.
Gastón se acomodó en la silla.
-Las universidades nunca eligen solo rector. Eligen equilibrios.
El flaco levantó la vista.
-Y presupuestos.
El innombrable no dijo nada. Pero escuchaba con especial atención.
El grandote sonrió con malicia.
- ¿Ustedes saben de la relación casi genética entre el radicalismo y las universidades nacionales?
Gastón fingió sorpresa.
- ¿Genética? Es histórica.
En Mendoza, el radicalismo -esa maquinaria de boinas blancas y comités con olor a café recalentado- siempre tuvo una relación aceitada con la vida universitaria. Y ahora, con el cronograma ya publicado, el mandamás local buscaba asegurarse de que alguna de sus espadas siga clavada en el corazón académico.
El flaco tomó un sorbo.
-No exageren. Las universidades son autónomas.
El grandote soltó una carcajada.
-Autónomas. pero con presupuesto nacional. Y estructura política interna. Y agrupaciones que responden más a comités que a claustros.
Gastón intervino, didáctico:
-El radicalismo siempre entendió que la universidad es semillero de cuadros. Y de legitimidad. Gobernar el saber te da algo que no te da un municipio.
El innombrable murmuró:
-Te da relato técnico.
Silencio breve.
El grandote se acomodó en la silla.
-U C R -dijo, marcando cada letra con el dedo sobre la mesa-. Unión Cívica Radical. o Universidad, Caja Radical.
Hernán casi se atraganta conteniendo la risa.
El flaco negó con la cabeza, aunque sonrió.
-Son injustos. No todo es caja.
-No -respondió el grandote-. También son cargos, concursos, influencia, presupuesto para investigación, obra pública universitaria. pequeñas cosas sin importancia.
El último sorbo de café ya era parte de la historia cuando Gastón carraspeó.
Ese carraspeo no era menor. Era expediente.
-El lunes -dijo, estirando el cuello como si estuviera por entrar a audiencia- arranca algo que puede ser más grande que todas las siglas que discutimos hoy.
El grandote dejó el celular boca abajo. El flaco se enderezó en la silla. El innombrable cruzó las manos.
Hernán, que ya había levantado la mesa de al lado, decidió demorarse cerca.
-Cierta Cámara Laboral -continuó Gastón, haciendo el gesto de las comillas con los dedos-.
-Les doy una pista: El juez que está al frente tiene el mismo nombre que un supremo de Mendoza. Casualidades nominales que confunden a los periodistas apurados.
Nadie sonrió. Sabían que cuando el magistrado hablaba así, venía filoso.
-Tiene que resolver si le da curso o no a una demanda. Recién llega a sus manos. Es admisibilidad. Pero la admisibilidad, a veces, es el verdadero terremoto.
- ¿De qué se trata? -preguntó el flaco.
Gastón apoyó los dedos en la mesa, marcando los tiempos.
-Una jovencita. Prestó servicios para una mini pyme como monotributista colaborador.
Encuadrada en el programa Padic. El que salió con la Ley Bases el año 2024.
El grandote silbó bajo.
-El esquema nuevo de colaboración sin vínculo laboral.
-Exacto -asintió Gastón-. La joven firmó declaración jurada en la web de ARCA. Admitió que no había relación de dependencia. Que era colaboración. Punto.
- ¿Cuánto tiempo trabajó? -preguntó el innombrable.
-Veintipico de días. Menos de un mes y cinco días a la semana.
Silencio.
-Y ahora -continuó Gastón- un abogado de San Martín, de esos que ven un recibo y ya huelen sangre. la convenció de avanzar con el reclamo, prometiéndole que se alzan con buen dinero. Pidió una indemnización cercana a los doce millones de pesos.
El grandote se inclinó hacia adelante.
-¿Doce millones por menos de un mes?
-Basado en convenios colectivos que no aplican, interpretaciones fantasiosas y forzadas, cálculos creativos y vaya uno a saber cuánta cosa más. La figura está legislada. La colaboración está prevista. Si cada colaboración de veinte días termina en una demanda millonaria, ninguna pyme va a quedar en pie.
El innombrable habló por primera vez:
-¿Qué tiene que resolver exactamente el juez?
-Si admite la demanda. Si le da trámite. El lunes a la mañana, por Meet. Una decisión procesal. que puede volverse política.
El grandote soltó una risa seca.
-Si la admite, los medios van a tener que estacionar móviles en la puerta.
-Sería histórico -asintió Gastón-
-Y si no la admite -preguntó el flaco-
-Marca un precedente claro -respondió Gastón-. Que la colaboración independiente de un monotributista con otro monotributista está legislada. Que no todo es relación de dependencia encubierta. Que el papel firmado verdaderamente importa.
Hernán dejó la bandeja vacía, despacio.
El grandote movió la cabeza.
-Doce millones por veintipico de días. Es un mensaje para todas las pymes.
-Es un mensaje para el sistema -corrigió el innombrable-. El derecho laboral siempre fue expansivo. La pregunta es si la nueva legislación lo contiene o lo tensiona más.
-Entonces el lunes no es solo una audiencia. Es una señal.
Gastón asintió.
El innombrable miró el pocillo vacío.
-A veces la historia no empieza con una sentencia. Empieza con un "se admite" o un "no ha lugar".
El flaco suspiró.
- ¿Y vos qué creés que va a hacer?
Gastón miró el reloj. Siempre el reloj.
-Creo que sabe que no está firmando solo un trámite.
Y que si admite, va a tener un q. Medios prepararse.
Pagaron en efectivo. Sin ticket.
Aldo guardó los billetes con un gesto lento.
Afuera, la ciudad ya estaba casi en silencio.
Adentro, la mesa del fondo había recorrido municipios, universidades, armados nacionales. y ahora tribunales.
El lunes, pensaron todos sin decirlo, no iba a ser un lunes más.
Y el jueves, como siempre, se retiró primero