Analistas Por Luciana Vázquez

Milei, Techint y la tercera batalla de Davos

A un país como la Argentina sólo le queda hacer malabarismos para sortear la distancia entre los hechos, las palabras y los sueños; en los discursos del Presidente quedan explicitadas esas brechas.

Martes, 27 de Enero de 2026

Como en los dos primeros años de su mandato, en Davos, Javier Milei le dio "on" al año político argentino. Su presentación buscó no sólo sumar un nuevo capítulo a la saga de su posicionamiento global: está claro que, en parte la suerte de la gestión mileísta orbita alrededor del planeta Trump y la valoración que reciba desde Estados Unidos. Pero además, como en 2024 y 2025, Milei usó Davos para anticipar el foco de su agenda local.

En lo local, Milei dejó claro las dos nuevas dimensiones de su batalla cultural versión 2026. En ambos casos se trata de una profundización de su concepción de la economía de mercado. Por un lado, el combate contra la identificación entre capitalismo de mercado e injusticia social y la defensa decidida de la conexión entre capitalismo, eficiencia y ética como la única base posible de una política pública justa.

En Davos, Milei aseguró la existencia de un "vínculo profundo entre la moral y los mercados libres". Por otro lado, presentó a la desregulación como la única política de Estado posible en el marco de ese capitalismo justo con el que sueña. Por eso el caso Techint y su derrota en la licitación de los tubos para un gasoducto en Vaca Muerta se volvió el primer emblema del Milei modelo Davos 2026: la adjudicación a una empresa extranjera pero con mejor precio es toda una muestra del nuevo avance del Gobierno en su visión económica. En esa concepción, cualquier intervención directa del Estado para beneficiar a algún actor del mercado argentino rompe el virtuosismo del capitalismo justo que pregona Milei, aunque en la tradición política argentina parezca lo contrario.

De Davos al caso Techint

Es una toma de posición no sólo ya en términos de la "guerra cultural" macroeconómica: en la adjudicación de la licitación a la firma india Welspun, la escalada de la visión del gobierno se volvió palpable y material, es decir, afecta a la realidad de las inversiones, flujos de dólares, y a la realización de una concepción de "empresariado", el "héroe" del capitalismo justo que Milei dice alentar: tomador de riesgos, competitivo y transparente.

No es casual que el arquetipo del funcionario desregulador de Milei, Federico Sturzenegger, haya salido en la red social X a dar la respuesta política a la decisión que dejó afuera a una empresa nacional y eligió a una extranjera. El argumento central es demoledor, sobre todo para Techint: dos revelaciones, según Sturzenegger. Primero, que Techint ofreció 40 por ciento más que su competidor y al enterarse, estuvo dispuesto a empatarlo y segundo, que pidió el derecho a un "first refusal", "la posibilidad de mejorar cualquier oferta que se presentara", de acuerdo con el posteo del ministro de Desregulación.

Es decir, una empresa nacional puesta contra las cuerdas en la exposición de su discrecionalidad y búsqueda de privilegios en una licitación. El Gobierno no le ahorró nada a Techint.

De Davos al posteo de Sturzenegger, uno de los tres únicos funcionarios mencionados en el discurso de Milei en Suiza, además de Sandra Pettovello y Demian Reidel, una serie de declaraciones que explicitan ese lineamiento político: el eje de la eficiencia, es decir, la adjudicación al mejor precio, no importa si es de un competidor extranjero, con externalidades positivas en el mercado de trabajo y en la rentabilidad de muchos sectores nacionales, aunque se perjudique una empresa argentina en un caso puntual; el eje de la transparencia, con un capitalismo libre y un Estado que no juega a favor de un actor nacional en una licitación como condición necesaria y suficiente de un crecimiento sostenido y del flujo continuo de inversiones.

Esa línea de visión político económica se venía acentuando en las últimas semanas de 2025 y en las primeras de este enero. Quedó explicitada una semana antes del discurso de Milei en Davos. El 15 de enero, The Economist publicó un artículo conjunto de Milei y Sturzenegger con el mismo ideario. "El presidente argentino y Federico Sturzenegger, su ministro de Desregulación, llaman a una radical revisión de la intromisión gubernamental": así sintetizó la posición de Milei y Sturzenegger.

En las últimas apariciones del año pasado, el ministro de Economía Luis Caputo del año también subrayó una nueva etapa de la gestión centrada en el aspecto desregulador de la política mileísta. A la hora del ajuste le sucede la hora de la aceleración de la desregulación y la pretensión de reducir al máximo toda intervención estatal, incluso, en una licitación que afecta los intereses de un conglomerado nacional clave e influyente. La reforma laboral que se discutirá a partir de la semana que viene en el Congreso también cae conceptualmente bajo ese paraguas conceptual.

Milei y Davos como oráculo

En la relación de la Argentina con Davos, Milei aporta una novedad: como Presidente, usa a Davos como una especie de herramienta de política pública local. Fija la cancha en la que quiere jugar en los próximos meses. El riesgo es que Davos también prefigure los errores y excesos de Milei: por ejemplo, el anti wokismo intenso que dominó su visión en Davos 2025 fue una anticipación del nivel de escalada de su política de conflictos innecesarios que lo metió en problemas durante la mayor parte del año pasado, hasta que se puso más negociador, y le llegó el rescate del par Trump-Bessent. ¿Cuál es el riesgo que podría anticipar su discurso en este Davos 2026?

Primero, el riesgo de sobregirarse en su visión teórica y desconectar de la realidad argentina: tanto Milei como Sturzenegger y Reidel tienen muy cerca el pecado de la hiper abstracción y la deshumanización de su visión. La desregulación extrema que alientan, con el sector de la IA como ejemplo, es contradictoria con muchas de las políticas mileístas clave, como el control del tipo de cambio, y no se cumple, en esa escala elevada a la enésima potencia, en capitalismos tan prósperos como justos. De esa tentación teórica vuelta ideología enceguecida y alejada de las soluciones cotidianas y realizables se deriva el segundo riesgo, un debate en torno al caso Techint en el que el Gobierno enfrenta muchas contradicciones: si hay el Gobierno encuentra tantas justificaciones, algunas aceptables, al gradualismo del cepo, ¿no tendría que ser gradualista en la exigencia a las empresas locales? ¿El empresariado argentino puede competir de igual con empresas extranjeras en medio de las condiciones argentinas, una estructura impositiva y laboral que todavía queda lejos del libre mercado? ¿Hay tiempo, en el caso de la realidad de los trabajadores, para esperar al largo plazo que propone Sturzenegger en relación a la creación de empleo y un beneficio general a la economía argentina aunque la licitación se otorgue a una extranjera?

Techint aparece como la primera "casualty" de la guerra cultural-económica del Gobierno. Con el régimen de Tierra del Fuego, en cambio, la gestión mileísta ha sido mucho menos contundente y mucho más gradualista y piadosa. Dentro del ministerio de Desregulación, la sensación térmica en ese caso es de incomodidad: "Hay que preguntarle al Presidente", se escucha.

Milei, entre Trump y Mark Carney

En el frente global, la tercera aparición de Milei en la Conferencia del Foro Económico Mundial en Suiza se da en una geopolítica en pleno proceso de cambio que ofrece dos datos centrales para la gestión mileísta. Primero, un Donald Trump que acumula puntos críticos en su presidencia justo cuando enfrenta una elección legislativa. La elección de medio término en Estados Unidos plantea preguntas existenciales a una Argentina de Milei que sobrevivió su momento más crítico de 2025 con el "whatever it takes" de Bessent. Por eso el primer gran obstáculo político que enfrentará el Gobierno se juega en el tablero del hegemón en el que se referencia la presidencia mileísta, el Estados Unidos de Donald Trump. Con un año en su haber, el legado de Trump empieza a generar sus propias incertidumbres. Las encuestas no lo acompañan por el momento.

¿El mundo será el mismo con un Trump derrotado en las elecciones legislativas de Estados Unidos? Y más precisamente, ¿la suerte macroeconómica de la gestión mileísta cambiará con una derrota de su aliado central?

Segundo, este año el mapa global da indicios de un mundo que empieza, o al menos intenta, imaginar respuestas consensuadas al dominio de la lógica de la fuerza del más poderoso. Hay un debate global en torno a Davos: ¿quién ganó Davos? ¿Trump o Mark Carney, el primer ministro canadiense? Las palabras del canadiense en Davos le disputaron el protagonismo global a Trump: no sólo apuntó a darle contenido a los desafíos específicos de Canadá. También a los esfuerzos de Europa por reconstruir su rol global y todavía más allá: cayó bien en países emergentes que resisten la influencia tan abierta de Trump, como Brasil. "Hizo un diagnóstico impecable y certero, y muy corajudo", reconocía ayer una fuente diplomática brasileña inobjetable el mismo día en que Lula habló por teléfono con Donald Trump como líderes razonables: así de contradictorio está el escenario internacional. En la Argentina, resonó sobre todo en el kirchnerismo y una ciudadanía más independiente inquieta con el nuevo orden global. En Estados Unidos, el polo demócrata escuchó a Carney con interés. El polo trumpista minimizó su peso: "No estoy seguro de lo que está haciendo el primer ministro Carney, más allá de tratar de hacer "virtue-signal" (dar señales de virtud) a sus amigos globalistas de Davos", dijo Bessent.

A un país periférico y todavía en emergencia como la Argentina, sólo le queda hacer malabarismos para sortear la distancia entre los hechos, las palabras y los sueños. En los discursos de Davos de Milei quedan explicitadas esas brechas.

Empieza 2026 pero la política argentina ya tira los dados por la elección presidencial de 2027: este 2026 es el inicio de la campaña presidencial por otros medios, el de los resultados. Milei puede mostrar algunos, como lo hizo en Davos, pero esto recién empieza.

Por la baja del riesgo país, ya se podría financiar a tasas de un dígito en el mercado internacional

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