El fenómeno de "farmear aura", popularizado entre adolescentes y jóvenes a través de las redes sociales
El fenómeno de "farmear aura", popularizado entre adolescentes y jóvenes a través de las redes sociales, vuelve a poner en discusión el surgimiento de nuevas formas de identificación grupal y el papel que tienen los adultos frente a esas tendencias.
La psicopedagoga Nancy Caballero analizó el tema en una entrevista con MNews Radio, El Observador Mendoza y explicó que la necesidad de pertenecer a grupos de pares no es nueva, sino que forma parte del desarrollo adolescente y se manifestó de diferentes maneras a lo largo de la historia.
Según explicó, alrededor de los 10, 11 o 12 años comienza a crecer la necesidad de identificarse con personas de la misma edad. Esa búsqueda de pertenencia existió en distintas generaciones y dio lugar a diferentes grupos o tribus urbanas, desde los tangueros y petiteros de comienzos del siglo XX hasta fenómenos más recientes como floggers, emos o tendencias surgidas de internet.
Una de las diferencias actuales, sin embargo, es la velocidad con la que aparecen y desaparecen estas tendencias. Caballero destacó el carácter efímero de muchos fenómenos vinculados con las redes sociales, que pueden alcanzar una enorme visibilidad y perder relevancia en poco tiempo.
La especialista señaló que los adolescentes mantienen una importante capacidad de organización, compromiso y solidaridad cuando encuentran actividades u objetivos que los movilizan. Como ejemplo, mencionó experiencias escolares vinculadas con campañas solidarias y jornadas sobre salud mental impulsadas por los propios estudiantes.
La diferencia aparece cuando la pertenencia comienza a organizarse principalmente alrededor de actividades nacidas en las redes sociales, sin objetivos que trasciendan el entretenimiento.
"La palabra exacta es entretenimiento", sostuvo Caballero al analizar este tipo de tendencias y advertir sobre el valor social que en ocasiones se les atribuye.
En ese sentido, consideró que la exposición mediática y la validación de ciertos comportamientos pueden transformar una actividad lúdica en un fenómeno presentado como más trascendente de lo que realmente es.
Caballero también puso el foco en la influencia de las redes sociales y recordó que los desafíos virales ya generaron situaciones de riesgo entre niños y adolescentes.
La necesidad de aprobación social, explicó, es especialmente fuerte durante la adolescencia. La forma de vestirse, la música, el vocabulario o las actividades compartidas con otros jóvenes forman parte de la construcción de identidad y de la búsqueda de pertenencia.
Para la especialista, el problema no está necesariamente en que los adolescentes participen de determinadas tendencias, sino en cómo los adultos interpretan, acompañan o legitiman esos comportamientos.
"No hay que burlarse ni minimizar lo que un chico siente", señaló, aunque remarcó que acompañar no implica convertir cualquier tendencia en algo trascendente o permanente.
En ese punto, planteó que parte de la responsabilidad adulta consiste en poder diferenciar entre una actividad lúdica, una forma de expresión momentánea y situaciones que pueden afectar la percepción que los jóvenes construyen de sí mismos.
Caballero sostuvo que los adolescentes también muestran valores, compromiso y capacidad para involucrarse en temas complejos cuando cuentan con adultos e instituciones que los orientan.
Experiencias vinculadas con trabajos escolares sobre salud mental fueron utilizadas como ejemplo de cómo el acompañamiento de docentes y familias puede estimular intereses más profundos y proyectos colectivos.
La especialista consideró que el riesgo de algunas tendencias digitales aparece cuando los grupos no se construyen alrededor de una causa, un proyecto o un objetivo compartido, sino exclusivamente a partir de elementos superficiales que cambian con rapidez.
En ese proceso, sostuvo, puede quedar involucrada la autoestima de los adolescentes y la forma en la que se perciben frente a los demás.
El crecimiento de fenómenos como "farmear aura" refleja así una dinámica que combina una necesidad histórica de pertenencia adolescente con la velocidad, la exposición y la búsqueda de validación propias de las redes sociales.