A los 19 años, Lucas Tomasi persigue un sueño que podría convertirlo en pionero dentro del automovilismo mundial.
A los 19 años, Lucas Tomasi persigue un sueño que podría convertirlo en pionero dentro del automovilismo mundial. El joven tandilense, que tiene síndrome de Down, espera desde hace más de seis meses una resolución de la Federación Internacional del Automóvil (FIA) para obtener una licencia deportiva que le permita competir oficialmente en karting.
Su historia comenzó mucho antes de llegar a una pista. Lucas nació el 21 de agosto de 2006 en Tandil. El diagnóstico de síndrome de Down sorprendió a su familia en el momento del nacimiento y marcó el inicio de un camino lleno de desafíos. Desde muy pequeño realizó estimulación temprana, asistió a la escuela y complementó su formación con distintas actividades deportivas como fútbol, básquet y taekwondo.
La pasión por los motores apareció gracias a su padre, Mauricio Tomasi, periodista y relator de automovilismo. Durante años, Lucas lo acompañó a circuitos y competencias, donde comenzó a familiarizarse con los autos, los pilotos y el ambiente de las carreras.
El gran paso llegó en abril de 2025, cuando tuvo la oportunidad de manejar un karting por primera vez. Lo que comenzó como una experiencia para probar sus capacidades terminó convirtiéndose en una verdadera pasión. Según recuerda su familia, desde el primer día demostró seguridad, capacidad de reacción y un manejo que sorprendió a quienes lo observaban.
Impulsado por esos resultados, Mauricio inició el trámite para que su hijo obtuviera una licencia deportiva. La solicitud ingresó a la Comisión Deportiva Automovilística (CDA), organismo encargado de otorgar las licencias en Argentina. El caso no tenía antecedentes: nunca antes una persona con síndrome de Down había solicitado este permiso para competir oficialmente.
Lucas fue sometido a distintas pruebas en pista y exámenes médicos especializados. Superó evaluaciones de conducción, estudios cardiovasculares, controles oftalmológicos, radiografías y chequeos físicos. Tras aprobar cada instancia, el expediente fue elevado a la FIA, que ahora tiene la decisión final.
Mientras espera la resolución, Lucas continúa compitiendo en la categoría Escuelita, una de las pocas divisiones que no exige licencia deportiva. Allí comparte pista con chicos más pequeños, pero eso no parece importarle. Su objetivo está puesto en seguir aprendiendo y sumar experiencia dentro del karting.
La historia trascendió rápidamente el ámbito deportivo y despertó interés en distintos sectores vinculados a la inclusión. Especialistas remarcan que casos como el de Lucas ayudan a derribar prejuicios sobre las capacidades de las personas con síndrome de Down y ponen el foco en la importancia de generar oportunidades para que cada persona pueda desarrollar sus talentos.
Para su familia, la obtención de la licencia tendría un valor que va mucho más allá de lo deportivo. Significaría abrir una puerta para que otras personas en situaciones similares puedan acceder a espacios que históricamente parecían inaccesibles.
Mientras tanto, Lucas sigue haciendo lo que más le gusta: ponerse el casco, subirse al karting y acelerar. En cada vuelta que completa no solo persigue una meta personal, sino que también desafía límites que durante mucho tiempo parecieron imposibles de cruzar.
"Si me dicen que no, no me están diciendo que no al karting. Me están diciendo que no a la inclusión", sostiene su padre, convencido de que la lucha de su hijo ya dejó una huella que trasciende cualquier resultado.