Uno de sus grandes éxitos se llamó así: "Callejero".
Hay canciones que nacen del amor, otras de la nostalgia y algunas del dolor más profundo. Eso fue lo que ocurrió con "Callejero", una de las obras más recordadas de Alberto Cortez, que convirtió en música la historia real de un perro que marcó su vida para siempre.
Detrás de esa letra que emocionó a generaciones enteras había una amistad sincera y silenciosa entre el cantante argentino y un perro callejero que apareció en su barrio de Madrid. El animal no tenía dueño, pero sí el cariño de todos los vecinos. Aunque muchos lo alimentaban y cuidaban, él había elegido a Alberto Cortez y a su esposa como su familia.
José Alberto García Gallo, conocido mundialmente como Alberto Cortez, nació el 11 de marzo de 1940 en Rancul, La Pampa, y fue uno de los grandes compositores románticos de la música argentina. Con canciones cargadas de sensibilidad y poesía, logró conquistar escenarios de todo el mundo. Falleció en Madrid el 4 de abril de 2019, pero dejó un legado imborrable.
En una de sus últimas entrevistas, el propio artista recordó cómo nació "Callejero", un tema inspirado en Moro -aunque algunos también lo llamaban Palomo-, el perro que vivía en la obra del edificio donde luego se instaló junto a su esposa, Renée Govaert.
Moro era especial. Dormía junto al vigilante de la portería, caminaba libre por el barrio y desaparecía durante días para luego regresar como si nada hubiera pasado. Era querido por todos, pero tenía sus propias reglas. Nunca aceptó sentirse encerrado y vivía con una libertad que, años después, Cortez retrataría en una de las frases más recordadas de la canción.
El vínculo con el músico creció con el tiempo. El perro solo subía al departamento de Alberto y su esposa. Cuando quería irse, simplemente se paraba frente a la puerta y esperaba que le abrieran. No necesitaba cadenas ni órdenes. Iba y venía cuando quería.
Cortez contaba entre risas que Moro odiaba los ascensores. Por eso era Renée quien muchas veces subía las escaleras junto al animal para llegar al departamento. Sin embargo, todo cambió el día en que el cantante regresó a su casa acompañado de su esposa, que estaba convaleciente y en silla de ruedas. Al ver la situación, el perro venció su miedo y subió por primera vez en ascensor para acompañarlos.
Desde entonces, comenzó a quedarse algunos días dentro del hogar, aunque al amanecer volvía a reclamar su libertad y pedía salir nuevamente a la calle.
Pero un día Moro desapareció y no volvió más. Con el correr de las horas, los vecinos supieron la peor noticia: había sido atropellado por un vehículo mientras cruzaba una avenida de Madrid.
La muerte del perro golpeó profundamente al artista. "Fue como si me clavaran un puñal en el alma. Éramos tan amigos", confesó tiempo después.
Ese dolor terminó convirtiéndose en arte. Alberto Cortez escribió "Callejero" como una forma de mantener vivo el recuerdo de aquel compañero de cuatro patas que nunca tuvo dueño, pero sí un lugar eterno en su corazón.
La canción atravesó generaciones y se transformó en un himno para los amantes de los animales. Con versos cargados de emoción, Cortez inmortalizó a Moro y también a todos esos perros callejeros que, aun sin hogar, dejan huellas imborrables en la vida de las personas.
"Era el callejero de las cosas bellas y se fue con ellas cuando se marchó", escribió el músico en una despedida tan triste como inolvidable.