Como 'Luna de Avellaneda', pero real: la historia de Lelo Carballo y La Favela, el club
En un rincón popular de Junín, donde antes predominaban la pobreza, las calles de tierra y la falta de servicios básicos, nació una historia de superación que hoy emociona a toda la comunidad. El Club Social y Deportivo La Favela surgió primero como comedor infantil y terminó convirtiéndose en un símbolo de inclusión social, contención y esperanza para cientos de chicos.
Detrás del proyecto aparece la figura de Néstor Fabián "Lelo" Carballo, un vecino del barrio El Triángulo que soñó con darle a los jóvenes un lugar distinto al de la calle, la violencia o las adicciones. Lo que comenzó entre picados de fútbol y ollas populares terminó transformándose en uno de los clubes más emblemáticos del oeste bonaerense.
La historia empezó a mediados de los años 2000, cuando un grupo de amigos regresaba cada fin de semana al barrio para jugar al fútbol. Entre partidos y reuniones apareció una idea que cambiaría todo: organizar actividades para los chicos del lugar.
Primero llegaron los festejos del Día del Niño. Luego construyeron un salón comunitario gracias a rifas, préstamos y trabajo colectivo. Allí comenzaron a funcionar meriendas, apoyo escolar y un comedor para familias vulnerables.
"Había chicos que iban porque no tenían para comer", recordó Lelo Carballo sobre aquellos primeros años.
Con el tiempo, entendieron que el deporte podía convertirse en una herramienta de transformación social. Así nació el sueño de fundar un club que ofreciera contención y oportunidades a los jóvenes del barrio.
El nombre del club surgió casi de casualidad. Durante un programa deportivo local, uno de los amigos del grupo empezó a llamar "La Favela" a los clásicos barriales que jugaban en la zona. El apodo quedó instalado y terminó identificando al barrio entero.
Los colores rojo y negro también tienen una historia ligada al lugar. Cerca del predio existía antiguamente una cancha conocida como "Chacarita", ubicada junto al cementerio, donde los equipos utilizaban esos mismos colores.
Hoy, el escudo de La Favela reúne símbolos del barrio: las vías del tren, los murales y los pasillos que forman parte de la identidad de esa comunidad de Junín.
El 19 de noviembre de 2021 quedó marcado como un día histórico para La Favela. Después de años de trabajo social y administrativo, la Liga Deportiva del Oeste aprobó el ingreso oficial del club.
La caravana de autos con banderas rojas y negras recorrió las calles de Junín como si el equipo hubiera salido campeón. Para el barrio, el verdadero triunfo había sido otro: conseguir un lugar en el fútbol oficial.
"Nosotros ya le ganamos a la vida creando un club sin nada", aseguró Carballo.
Actualmente, La Favela cuenta con infantiles, divisiones juveniles, reserva y primera división, todas sostenidas por trabajo voluntario y esfuerzo comunitario.
La pandemia de COVID-19 reforzó aún más el vínculo entre el club y la comunidad. Mientras el país atravesaba uno de los momentos más difíciles de su historia reciente, La Favela volvió a convertirse en comedor y centro de asistencia social.
Se organizaron ollas populares, reparto de viandas y ayuda para familias enteras del barrio. Además, desde la institución impulsaron gestiones para mejorar las condiciones de vida de la zona.
Gracias al trabajo colectivo, el barrio logró acceder a agua potable, cloacas y conexiones eléctricas formales.
"La gente tiene que estar agradecida al club porque se lograron muchas cosas", expresó Lelo.
Un club de barrio contra las sociedades anónimas deportivas
Carballo también dejó clara su postura sobre el debate alrededor de las sociedades anónimas deportivas. Defendió el modelo de club barrial como espacio social y formativo.
"Nosotros somos asociación civil sin fines de lucro. El club es de los socios", afirmó.
Sin empresarios ni grandes inversiones, La Favela se sostiene con rifas, alquileres del salón, campeonatos y aportes de vecinos. El propio presidente lava camisetas, traslada jugadores y organiza cada jornada deportiva.
La experiencia de La Favela llegó incluso a escuelas y universidades de Junín, donde directivos y entrenadores fueron invitados a contar la historia del club.
En una actividad inspirada en la película Luna de Avellaneda, protagonizada por Ricardo Darín, alumnos eligieron a La Favela como el club que mejor representaba el espíritu de esa obra.
La comparación surgió de manera inevitable: un club nacido desde la necesidad, levantado gracias al esfuerzo colectivo y convertido en refugio para toda una comunidad.
"'Luna de Avellaneda' es ficción, lo nuestro es real", resumió Carballo.
A sus casi 60 años, Lelo Carballo continúa soñando en grande. Quiere que La Favela siga formando chicos del barrio, que algún día pueda salir campeón y que todos los jugadores del plantel sean surgidos de las inferiores del club.
También conserva un deseo personal: jugar algún día en la cancha de Boca Juniors.
Mientras tanto, en el oeste de Junín, La Favela sigue demostrando que el fútbol puede ser mucho más que un deporte: puede convertirse en una herramienta para cambiar destinos.