Argentina Historia de vida

De Argentina al mundo: la historia de la joven que convirtió el campo en su forma de vida

"La mujer estuvo siempre en la vida del campo, pero invisibilizada. Ahora la estamos haciendo llegar un poco más a la gente", explica Paula Lorber que, en su Instagram, difunde su día a dí

Lunes, 11 de Mayo de 2026

Paula Lorber sonríe con una mezcla de frescura y calma que parece no haberse perdido a pesar de los kilómetros recorridos. Está vestida con ropa traída de su último viaje a Dubái: una remera de polo que dice "Lamar" y una gorra azul con letras árabes. Tiene 22 años y ya vivió varias vidas dentro de una sola. Nació en la provincia de Buenos Aires, pero trabajó en un tambo en Alemania, fue sembradora y tractorista en Dinamarca, y domadora de caballos de polo en Argentina y en Medio Oriente. En su biografía de Instagram lo resume con una frase que la define: "Conociendo el mundo a través del trabajo en el campo".

Hoy vive en Argentina, aunque su historia todavía parece en movimiento. En sus redes sociales, donde la siguen cerca de 160 mil personas, se la ve entre caballos y perros, montando potros, jugando al fútbol o tomando mate con sus iniciales junto a su pareja, Venancio. Con él proyecta un futuro que mezcla sueño y trabajo: formar una familia y construir un centro de doma propio, un lugar donde vivir y trabajar sus propios caballos.

Independiente, observadora y tenaz, Paula creció entre el campo y la cultura gauchesca, y en ese mundo encontró también su identidad. Con el tiempo, entendió que su forma de contar la vida rural podía tener otra dimensión: "La mujer estuvo siempre en el campo, pero invisibilizada. Ahora la estamos haciendo llegar un poco más a la gente", dice con voz firme, sin dramatismos.

Su vínculo con el campo nació mucho antes de cualquier viaje. En Ferré, un pequeño pueblo bonaerense de poco más de dos mil habitantes, aprendió a subirse a un tractor antes de alcanzar los pedales. Su papá le cambiaba los cambios mientras ella, sentada, creía estar manejando de verdad. Ese juego de infancia se transformó en destino. Entre caballos, corrales improvisados y fines de semana en el campo de sus abuelos, Paula fue entendiendo que su lugar estaba ahí.

A los 18 años, cuando muchos todavía deciden qué hacer con su vida, ella tomó una decisión distinta: irse a Alemania. Llegó en diciembre de 2019, justo antes de que el mundo se encerrara por la pandemia. Trabajó en un tambo rodeado de praderas verdes, se levantaba de madrugada y hacía de todo: alimentar vacas, plantar pinos, arreglar alambrados, manejar maquinaria agrícola. "Me dieron la posibilidad de animarme y dije que sí. Tenía ganas de hacer cosas distintas y demostrar que una mujer puede", recuerda.

Después llegó Dinamarca, otra granja, otros campos, otros idiomas. Allí volvió a subirse a tractores gigantes y también tuvo su primera experiencia en el fútbol semiprofesional. Jugaba, aprendía y trabajaba en jornadas que exigían el cuerpo al límite. "Comí mucho banco", dice entre risas, sin perder el orgullo.

El siguiente destino fue Dubái. Otra cultura, otro ritmo, otra lógica del campo y del trabajo. Allí se convirtió en manager de caballos de polo, en un entorno donde convivía con cientos de hombres y una exigencia constante. Entre pistas de entrenamiento, boxes con aire acondicionado y jornadas sin descanso, Paula volvió a enfrentarse a lo mismo: demostrar que podía. "Respetaba su cultura, pero no la compartía", admite.

Más allá de los países, los idiomas o las costumbres, su historia siempre vuelve a lo mismo: el trabajo con los animales, el campo como lenguaje universal, y la convicción de que el esfuerzo no entiende de género.

Hoy, de regreso en Argentina, Paula sigue en ese mismo camino. Trabaja junto a su familia, proyecta su propio emprendimiento ganadero y sueña con un centro de doma que la acerque a esa vida que imaginó desde chica. En paralelo, sus redes sociales se convirtieron en una ventana para mostrar algo que, según ella, muchas veces no se ve: la vida rural en primera persona, con sus días duros, sus logros silenciosos y su belleza sin filtro.

Entre viajes, caballos y tractores, Paula Lorber construyó una identidad que no se define por un lugar, sino por una forma de vivir. Una vida donde el trabajo no es solo trabajo, sino también un puente entre culturas, paisajes y sueños que siguen en movimiento.