Argentina Historia de vida

La bienvenida política que cambió el viaje de una pareja argentina

Iara y Guillermo son porteños y llevan siete años viajando por el mundo en un motorhome. Actualmente se encuentran de travesía por la ruta de los Balcanes 

Miercoles, 22 de Abril de 2026

Iara y Guillermo no empezaron su historia en una ruta lejana ni con una decisión extrema. Todo comenzó en 2011, en una oficina del barrio porteño de Recoleta, donde ambos trabajaban en atención al cliente para una empresa de telecomunicaciones. Una vida ordenada, con horarios fijos, estabilidad económica y vacaciones contadas.

Durante años, ese fue su mundo. Hasta que los viajes cortos dentro de Argentina empezaron a abrir una grieta en la rutina. Cada salida mostraba algo distinto: otros ritmos, otras formas de hablar, otra relación con el tiempo. Iara recuerda una escena simple, casi mínima, que terminó siendo reveladora: una panadería en el interior del país donde la conversación pesaba más que la compra. "La señora quería charlar, todo era más lento", contó. Ese contraste empezó a incomodar de una manera difícil de ignorar.

En 2017 apareció la idea que lo cambió todo. Guille le mostró a Iara historias de personas que vivían viajando en vehículos adaptados. Al principio sonó a fantasía. Pero la fantasía empezó a tomar forma. Un año después tomaron una decisión que no tenía punto de retorno: renunciaron a sus trabajos, vendieron lo necesario y transformaron una Renault Kangoo en su primera casa sobre ruedas.

"No era llegar a un lugar, era ver realidades", resumió Iara sobre un estilo de vida que ya lleva más de siete años en movimiento.

Con el tiempo, el proyecto creció. Pasaron de la Kangoo a una Fiat Ducato 4x4 y luego a un motorhome más amplio, tipo capuchina, que hoy funciona como hogar definitivo en tránsito constante. Nunca viajaron solos: Ettore, su perro, los acompaña desde el inicio. "Creo que el viaje es de él, nosotros lo acompañamos", dicen entre risas. Hoy tiene 12 años y es parte central de la historia.

Al principio, sostener la vida en ruta fue un desafío económico. Vendieron comida, hicieron artesanías y probaron distintas formas de generar ingresos. Hasta que encontraron en las redes sociales una posibilidad concreta. Hoy viven principalmente del canal de YouTube @rodandoporahi, con más de 120 mil suscriptores, y de su Instagram @_rodandoporahi, donde comparten cada tramo del recorrido. También mantienen la web rodandoporahi.com, con información para otros viajeros.

A diferencia de otros creadores de contenido, dejaron de contar países. Ya no hay un registro exacto ni un mapa cerrado. "Al principio pegábamos banderitas en el motorhome. Después el viaje pasó a ser otra cosa", explicaron. Hoy la filosofía es más simple y más abierta: ir donde el camino los lleve.

Esa forma de viajar los llevó a lugares como Albania y, más recientemente, Kosovo. El ingreso al país no fue complejo, pero sí revelador. A los pocos minutos de cruzar la frontera, una escena en un comercio marcó el tono de todo lo que vendría.

-"Argentina no reconoce mi país. Kosovo es un país nuevo", les dijeron sin rodeos.

Kosovo, el país más joven de Europa, declaró su independencia en 2008, pero su reconocimiento internacional sigue incompleto. Para muchos Estados, entre ellos Argentina, su condición de país soberano no está aceptada. Esa tensión atraviesa la vida cotidiana de sus habitantes y aparece incluso en la conversación más mínima con un extranjero.

"Ni siquiera fue un saludo, fue directo a eso", recordó Guille. Más que un reclamo, lo vivieron como una explicación. Una necesidad de contar su historia cada vez que aparece un visitante.

Desde ese momento, la experiencia en Kosovo se volvió una mezcla de curiosidad y desconcierto. Recorrieron Gjakovica, una de las ciudades más antiguas del país, donde la vida transcurre lejos de cualquier lógica turística. No hay adaptación para el visitante ni una infraestructura pensada para recibirlo. "No está acomodado para gustarte", resumió Iara.

El idioma fue una barrera constante. Muchas personas no hablaban inglés y la comunicación se resolvía con gestos, señas o intuición. El dinero también funcionaba distinto: aunque el euro es la moneda oficial, el uso de efectivo sigue siendo la norma. Incluso lo cotidiano se volvía incierto.

En las calles encontraron una vida profundamente manual: zapateros, relojeros, costureras trabajando a la vista de todos. Una economía cercana, analógica, sin mediaciones digitales. Y una sensación constante de que el visitante no es el centro de nada.

Pero lo que atravesó toda la experiencia fue la historia. La relación tensa con Serbia sigue marcando el presente del país, y las fronteras no son solo geográficas sino también políticas. Desde Kosovo, por ejemplo, no se puede ingresar directamente a Serbia porque allí el país no es reconocido como existente.

Para Iara y Guillermo, Kosovo no fue un destino cómodo ni diseñado para el turismo. Fue otra cosa. Un lugar que obliga a observar más de lo que permite consumir.

"Es de esos lugares que te sacan del rol de turista y te ponen en el lugar de aprendiz", concluyeron sobre una experiencia que, como su propia vida, no busca llegar a un destino final, sino seguir en movimiento.