Argentina Historia de vida

La fotógrafa que eligió vivir entre bosques sumergidos

Romina Giorno se dedica a la fotografía submarina y suele viajar todos los años al lago Traful.

Martes, 14 de Abril de 2026

El bote se detiene en medio del lago Traful. El agua es tan transparente que parece no existir. Debajo, a varios metros de profundidad, se levanta un bosque completo: troncos rectos, ramas extendidas y una geometría perfecta que quedó suspendida en el tiempo tras un antiguo derrumbe ocurrido en 1960, cuando parte de la ladera del cerro arrastró la vida hacia el fondo del lago.

Allí llega cada año Romina Giorno, buceadora y fotógrafa submarina, que dejó la arquitectura para dedicarse a registrar el mundo bajo el agua. Su vida cambió en un viaje al Caribe mexicano, donde tomó por primera vez una cámara en profundidad y descubrió que su lugar estaba en ese universo silencioso. Desde entonces, no volvió atrás.

"El silencio es casi total. Solo escucho mi respiración", describe sobre sus inmersiones en el lago patagónico.

El Traful es uno de los escenarios más singulares de la Patagonia argentina. El agua fría y cristalina conserva intactos los árboles caídos, que permanecen erguidos como columnas naturales a unos 30 metros de profundidad. La excursión parte desde la costa en pequeñas embarcaciones que recorren kilómetros hasta llegar al punto exacto donde el bosque emerge bajo la superficie.

Romina explica que no hace falta ser profesional para fotografiar ese mundo oculto. Hoy incluso los celulares pueden sumergirse con accesorios adecuados, lo que abre la posibilidad de registrar un paisaje que parece de otro planeta.

"Se pueden hacer fotos muy bien con el celular", señala.

La fotografía submarina, sin embargo, exige una técnica distinta. La luz se filtra de manera irregular, el agua reduce la visibilidad y cada movimiento requiere control y precisión. Por eso recomienda sumergirse en horas de sol alto, cuando los rayos caen verticalmente sobre el bosque sumergido y revelan su forma con mayor claridad.

Bajo el agua, la experiencia cambia por completo. El paisaje se vuelve lento, casi suspendido. Los troncos aparecen como esculturas antiguas y el sonido desaparece casi por completo. En ese entorno, Romina desciende con su cámara en un compartimento estanco, avanzando entre los árboles como si caminara en otro mundo.

"Es como una meditación profunda, se me borran todos los problemas de la cabeza", cuenta sobre la experiencia de bucear en el Traful.

El agua, que en verano ronda los 16 grados, obliga al uso de trajes especiales, pero permite inmersiones prolongadas. Allí, a 30 metros de profundidad, Romina busca capturar la arquitectura natural del bosque sumergido, donde la luz y la materia se combinan en una escena irrepetible.

Su trabajo no se limita a la Patagonia. Junto a su pareja, también buzo e instructor, desarrollan expediciones alrededor del mundo en lo que llaman "safaris submarinos". Han explorado el Pacífico californiano nadando con ballenas jorobadas y también aguas de la Polinesia francesa y las Bahamas, donde registran encuentros con tiburones martillo y otras especies marinas.

En una de esas experiencias, Romina relató el encuentro con una ballena y su cría, un momento poco frecuente en el comportamiento de estos animales en libertad.

Más allá de la aventura, su mirada está puesta en la conservación. Para ella, los océanos son una fuente esencial de vida y oxígeno para el planeta, pero también un ecosistema amenazado por la presencia de residuos.

"Nos encontramos con gran cantidad de basura plástica que no debería estar ahí", advierte.

Cada descenso es, para Romina, una forma de registro y también de memoria. En el lago Traful, la fotografía no solo captura imágenes: documenta un mundo oculto que permanece vivo bajo el agua, donde el bosque sigue en pie como si el tiempo se hubiera detenido.