Argentina Alineado

Mas allá de lo comercial: Milei ve la crisis en Irán como oportunidad de afianzar alianza con Trump 

Para Milei, más importante que beneficiarse con el precio del petróleo es "quedar del lado de los ganadores". Argentina Week, con timing inmejorable

Jueves, 5 de Marzo de 2026

Para Javier Milei, en este momento hay un tema más importante que la fluctuación del precio del petróleo: quiere asegurarse que Argentina se encuentre al tope de la lista de países que quedan como aliados de "los ganadores" en el conflicto de Medio Oriente.

Y los hechos de las últimas horas terminaron de convencerlo de que su política externa de alineamiento incondicional con Estados Unidos es el camino correcto. Prueba de ello es la situación de España, un miembro de la Unión Europea que forma parte de la OTAN y tiene bases militares de la alianza occidental, sufrió la "proscripción comercial" por parte de Donald Trump, irritado por la negativa del presidente Pedro Sánchez a colaborar con las fuerzas militares estadounidenses.

Esa reacción no hizo más que confirmar que toda la agenda bilateral entre la Casa Rosada y Washington podría súbitamente entrar en un "freezer" si el gobierno argentino no hiciera una demostración explícita de apoyo. Y en esa agenda está incluido, por ejemplo, el tratado de preferencia comercial por el cual se quintuplicará la exportación de carne al mercado estadounidense, así como la llegada de inversiones para minería y el sector tecnológico.

No por casualidad, cuando ante un auditorio de empresarios le preguntaron, Toto Caputo, si le entusiasmaba la posibilidad de poder aumentar la exportación proyectada tras la suba en la cotización del petróleo, el ministro de Economía relativizó la importancia de esos datos, a los que consideró parte de una fluctuación de corto plazo.

Y también desestimó, como una situación pasajera, el súbito aumento en el índice de riesgo país argentino, que encarece el ya de por sí elevado costo financiero para el Tesoro nacional.

En cambio, se mostró mucho más preocupado por el alineamiento geopolítico y se preguntó qué ocurriría si, en vez de haber mostrado desde el inicio una alianza con EE.UU. e Israel, se mantuviera cercano a Venezuela e Irán. Era, naturalmente, una alusión a la política del anterior gobierno, que enfrió el vínculo con Washington al tiempo que Alberto Fernández, en vísperas de la invasión rusa a Ucrania, le dijo a Vladimir Putin que Argentina podría transformarse en "la puerta de entrada a la región" para Rusia.

¿Un seguro contra las crisis?

En definitiva, lo que el gobierno de Milei concluye es que, si se diera una volatilidad de precios que perjudicase a Argentina -como ocurrió con la importación de gas en la guerra de Ucrania, o como podría ocurrir si se encarecieran excesivamente los insumos agrícolas derivados del petróleo-, siempre estaría a mano la posibilidad de una ayuda económica de Estados Unidos.

El propio presidente lo mencionó en su discurso de apertura del año legislativo. Algo opacado por el intercambio de "chicanas" con la bancada kirchnerista, hubo una porción del discurso en la que reconoció explícitamente que ni el acuerdo de marzo del año pasado con el Fondo Monetario Internacional ni el salvataje para evitar una crisis devaluatoria en septiembre ni el acuerdo comercial podría haberse logrado si no fuera por su afinidad con Trump.

Y el propio presidente de EE.UU., en una conferencia de prensa, destacó cómo los gobiernos "amigos" habían logrado buenos resultados en la economía. Llegó al punto de atribuirse el mérito de la remontada de Milei en la elección legislativa, luego de haber sufrido una derrota en la provincia de Buenos Aires.

El día de su discurso ante el Congreso, el pedido de Milei para que esa alianza con Estados Unidos fuera duradera y no dependiera de la afinidad personal de dos presidentes fue rechazado con los clásicos epítetos "anti yankee" de parte de los legisladores del kirchnerismo y de la izquierda.

Pero si algo demostró la última elección es que ese voto ideológico basado en el discurso anti-imperialista ya no tiene el efecto de otros tiempos. En la campaña, Cristina Kirchner reflotó el viejo eslogan electoral de 1946 -"Braden o Perón", en alusión al entonces embajador estadounidense- que le permitió la primera victoria a Juan Domingo Perón. Y planteó que la nueva disyuntiva era "Trump o Perón".

"Algunos pretenden volver a los tiempos en los que la soberanía argentina se decidía en una embajada", chicaneó la líder kirchnerista, quien calificó a Milei como "el empleado del mes de Donald Trump". Pero el argumento nacionalista sólo llegó al núcleo duro de peronistas veteranos que mantienen el lenguaje "setentista", y que son los que apoyan la agenda de combatir a las inversiones extranjeras en la minería y la energía.

Para la generación joven, en cambio, esa apelación no dice mucho: habituada a consumir la cultura estadounidense, a la que ve como un aspiracional de estilo de vida, no se sintió interpelada por el discurso anti-norteamericano.

En cambio, en EE.UU. sí se utiliza el término "peronista" ya no sólo como alusión a un movimiento político argentino sino a cualquier postura populista. El momento más evidente de ello ocurrió cuando el secretario del Tesoro, Scott Bessent, para descalificar a la senadora Elizabeth Warren, del partido Demócrata, la llamó "American Peronist". Y no fue necesario aclarar qué significaba esa frase: el público norteamericano interpretó que Bessent estaba acusando a sus rivales de irresponsabilidad fiscal en el debate presupuestario.

La "Argentina Week", en un momento clave

Milei tendrá una nueva oportunidad para mostrar en el terreno su alineamiento total con Trump. Con inmejorable "timing" diplomático, la semana próxima se realiza la "Argentina Week" en Nueva York.

Se trata de una serie de eventos y conferencias en los que el presidente, junto a una comitiva de funcionarios y empresarios mostrarán las ventajas que el país ofrece a los inversores, sobre todo en las áreas de petróleo, gas, minería, agricultura y economía del conocimiento.

Además de la abundancia de los recursos naturales, el gobierno mostrará sus recientes victorias políticas en el plano regulatorio. Por ejemplo, la aprobación en el Senado del nuevo régimen para la zona de glaciares en la Patagonia, que permite la explotación minera sin que surjan impedimentos judiciales de índole ambientalista.

"La Argentina ya es un país invertible y continuará profundizando ese proceso. Quienes ingresen en esta etapa inicial podrán capturar oportunidades diferenciales en sectores con alto potencial de crecimiento y escala", escribió Alec Oxenford, el embajador argentino en Washington, en un comunicado que confirmaba la asistencia de ejecutivos de empresas de primera línea. Entusiasmado por la respuesta de los invitados, el embajador dijo que se había agotado la capacidad de las salas donde hablarán Milei, Toto Caputo, Federico Sturzenegger y también empresarios argentinos.

Más allá del comercio, la geopolítica

La eficacia de este tipo de eventos como imán de inversiones está por verse, pero el impacto en términos geopolíticos es indudable: mientras otros países de la región son criticados y hasta castigados en el plano comercial, Milei vuelve a dar fe de su sintonía. A esta altura, después de haber estado presente en la Casa Blanca, en la residencia presidencial de Mar a Lago y en los foros conservadores realizados en Washington y en Silicon Valley, ya el presidente argentino se transformó en una figura conocida para los medios de prensa estadounidense.

En realidad, el objetivo de Milei es que la Argentina Week trascienda su naturaleza comercial y financiera para que adquiera un cariz geopolítico.

"La Argentina ya dejó pasar dos veces el tren de la historia. En la Segunda Guerra Mundial, nuestra neutralidad nos costó décadas de marginalidad; con el 'No al ALCA' nos quedamos afuera del mayor ciclo de expansión económica en la historia humana", recordó el presidente en su discurso ante el Congreso.

Desde su punto de vista, se está reconfigurando el mapa mundial con una disputa entre las potencias por consolidar "cadenas de integración verticales". Y afirma que Argentina tiene como punto a favor su ubicación geográfica estratégica, con salida a los dos océanos y presencia en la Antártida.

Por eso, en un contexto de conflictividad mundial, Milei quiere destacar que su alineamiento pasará también al área de la defensa. En ese sentido, destacó la adquisición de los nuevos aviones F-16 como parte de esa política. 

¿Una Groenlandia del Sur?

"El Atlántico Sur es el terreno de disputa estratégica de las próximas décadas: rutas comerciales, recursos naturales, soberanía marítima y la presencia creciente de actores que no comparten nuestros valores. Quien lo controle, controlará una parte clave del trabajo global. Argentina tiene que ser ese actor", fue la definición de Milei.

Para sus críticos, el presidente está por dar un paso que podría calificar como cesión de soberanía, al dar cada vez más injerencia al gobierno estadounidense en la zona austral. El último hecho polémico fue el aterrizaje sorpresivo en Ushuaia de un avión del ministerio de defensa estadounidense, que traía una comitiva de legisladores. La explicación oficial era que los norteamericanos venían a conocer in situ los yacimientos de los llamados "minerales críticos", aunque la oposición denunció que se trataba de un paso más en la instalación de una base militar conjunta en Tierra del Fuego.

Es por eso que aumentaron las especulaciones respecto de que los estrategas de Trump estén pensando en una "Groenlandia del Sur", como parte de la política de defensa estadounidense.

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