Span, fundada por un exingeniero de Tesla, planea instalar microcentros de datos en hogares de Estados Unidos con GPUs de Nvidia para aprovechar excedentes de energía residencial.
La industria de los centros de datos enfrenta un nuevo desafío: ya no alcanza con sumar potencia de cómputo en grandes instalaciones. El crecimiento de la inteligencia artificial, los juegos en la nube y los servicios de streaming obliga a pensar soluciones distribuidas, más cercanas a los usuarios y con menores costos de implementación.
En ese contexto aparece Span, una startup fundada en 2018 por Arch Rao, exingeniero de Tesla especializado en baterías, que busca convertir hogares particulares en pequeños centros de datos residenciales. La empresa, valuada en más de 1.000 millones de dólares, propone instalar microdata centers equipados con chips de Nvidia para aprovechar la capacidad energética disponible en viviendas de Estados Unidos.
Span no nació como una compañía de inteligencia artificial, sino como una firma dedicada a la gestión energética del hogar. Su negocio principal está vinculado a la fabricación de paneles eléctricos inteligentes y cargadores para vehículos eléctricos, con el objetivo de optimizar el consumo de electricidad residencial.
La nueva iniciativa contempla la instalación de 100 microcentros de datos XFRA en 100 hogares de Estados Unidos durante este año. Según explicó Chris Lander, vicepresidente del proyecto XFRA en Span, cada unidad funcionaría como un nodo equipado con GPU Nvidia RTX Pro 6000 Blackwell.
Estos dispositivos contarían con un sistema de refrigeración líquida diseñado para mantener bajo el nivel de ruido, lo que permitiría instalarlos en exteriores de viviendas sin generar molestias significativas para los residentes.
El diferencial de la propuesta no está únicamente en colocar servidores en casas particulares, sino en utilizar el sistema inteligente de Span para detectar excedentes de energía y redirigirlos hacia los microservidores. La empresa sostiene que los hogares estadounidenses utilizan, en promedio, solo el 42% de la electricidad asignada por los servicios públicos, por lo que existiría una capacidad disponible que podría aprovecharse para tareas de cómputo.
De acuerdo con Lander, el hogar promedio dispone de un excedente cercano a los 80 amperios en todo momento. Bajo esa lógica, una red distribuida permitiría alimentar procesos digitales sin afrontar los costos, permisos y demoras asociados a la construcción de grandes centros de datos.
La compañía sostiene que, si bien el proyecto todavía se encuentra en etapa de prototipo, la instalación de 8.000 unidades XFRA podría costar hasta cinco veces menos que construir un centro de datos convencional de 100 megavatios.
Además, el modelo evitaría algunos de los principales conflictos que enfrenta la infraestructura tradicional, como el uso intensivo de suelo, el alto consumo de agua para refrigeración y la resistencia de comunidades locales frente a instalaciones de gran escala.
"Los centros de datos son ruidosos, antiestéticos y, a menudo, disparan las facturas de electricidad locales", afirmó Lander. Según el ejecutivo, la propuesta de Span sería más silenciosa y permitiría que la energía resulte más accesible tanto para el proveedor como para la comunidad.
El mercado potencial explica el interés de la industria. El segmento de los microdata centers fue valuado en 9.170 millones de dólares en 2025 y se proyecta que alcance los 104.520 millones de dólares en 2034.
Estos centros de datos en escala reducida incorporan componentes similares a los de una instalación tradicional, como sistemas de suministro ininterrumpido de energía, controles climáticos, unidades de enfriamiento y software de monitoreo remoto, pero concentrados en un espacio mucho menor.
La red planteada por Span no busca reemplazar a los grandes centros de datos que construyen compañías como Google y Microsoft para entrenar modelos de inteligencia artificial. Ese tipo de procesos requiere miles de GPUs funcionando de manera coordinada y una infraestructura centralizada de alta potencia.
En cambio, los microcentros residenciales estarían mejor preparados para tareas de inferencia de IA, juegos en la nube o transmisión de contenidos. La inferencia es el proceso mediante el cual herramientas de inteligencia artificial generan respuestas para los usuarios después de que el modelo ya fue entrenado.
Benjamin Lee, ingeniero informático de la Universidad de Pensilvania, respaldó la lógica de esta arquitectura distribuida. Según explicó, la inferencia de IA debería implementarse en el borde de la red, es decir, en plataformas más pequeñas ubicadas cerca de los centros de población.
Desde esa perspectiva, los nodos residenciales podrían tener un impacto menor sobre la red eléctrica que los centros de datos tradicionales, ya que muchas tareas no requieren miles de GPUs trabajando en simultáneo.
A pesar del potencial de la iniciativa, los desafíos todavía son significativos. Las tareas de inferencia de IA pueden variar mucho en complejidad: desde responder preguntas sobre documentos hasta mantener conversaciones extensas o generar código de software. Cada una de esas operaciones demanda niveles distintos de capacidad computacional.
Por eso, uno de los primeros retos será garantizar que la infraestructura distribuida pueda ofrecer el rendimiento necesario para distintos tipos de cargas de trabajo.
El proyecto también se encuentra en una fase temprana. Aunque Span asegura haber realizado estudios técnicos internos, hasta ahora solo instaló una unidad real en colaboración con Pulte Homes, una constructora con sede en Atlanta.
El aspecto regulatorio aparece como otro punto crítico. En Estados Unidos, obtener permisos para nuevos centros de datos se volvió cada vez más complejo por las restricciones de gobiernos locales. Span apuesta a que utilizar energía ya suministrada a hogares particulares pueda facilitar la aprobación de este tipo de proyectos.
Sin embargo, especialistas advierten que las compañías eléctricas deberán adaptar la gestión de sus redes si la tecnología se populariza. Un vecindario con múltiples viviendas equipadas con nodos de cómputo podría generar un consumo energético muy elevado en una zona específica.
También existen preocupaciones vinculadas a la seguridad de los datos y de la infraestructura física. A diferencia de los centros de datos tradicionales, que suelen estar protegidos en instalaciones de acceso restringido, los nodos distribuidos en zonas residenciales podrían ser más vulnerables a ataques o manipulaciones que requieran proximidad física.
El robo de componentes es otro riesgo. Las GPUs de Nvidia utilizadas en estos sistemas pueden alcanzar valores cercanos a los 10.000 dólares cada una, lo que convierte a los dispositivos XFRA en activos especialmente atractivos.
La propuesta de Span todavía debe demostrar viabilidad técnica, regulatoria y comercial. Sin embargo, expone una tendencia de fondo: a medida que la demanda de cómputo crece por el avance de la inteligencia artificial, la infraestructura digital empieza a expandirse hacia espacios antes impensados, incluso el propio hogar.