Un relevamiento global ubicó al cuerpo de hielo sureño como el caso más paradigmático de retracción en la región. El drama de la seguridad hídrica, el trabajo de los científicos del Ianigla y la preocupante comparación con San Juan y Perú.
La cordillera de los Andes acaba de encender una de sus alarmas ambientales más severas, con implicancias directas sobre el futuro del suministro de agua en la región. El informe más reciente de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre el estado del clima ubicó al glaciar Azufre, situado en el departamento mendocino de Malargüe, como el cuerpo de hielo que más masa y superficie perdió en los últimos cuatro años en toda Sudamérica. El monitoreo oficial, desarrollado en el marco del Inventario Nacional de Glaciares, reveló una realidad dramática para una zona que de por sí es árida y semiárida: en los últimos diez años el glaciar Azufre perdió una pared equivalente a 17 metros de altura, liderando un ranking de retroceso que amenaza la seguridad hídrica de las comunidades de montaña.
Este fenómeno de derretimiento acelerado representa un perjuicio considerable para los ecosistemas andinos, los cuales funcionan como "torres de agua" vitales que abastecen a cerca de 90 millones de personas en América Latina para el consumo residencial, la actividad agrícola, los desarrollos industriales y la generación de energía hidroeléctrica. Los datos recopilados en el terreno por el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla), dependiente del Conicet, permitieron determinar que el Azufre se desprendió de alrededor del 50% de su superficie total en las últimas dos décadas. Los científicos que suben hasta los 3.700 metros sobre el nivel del mar dos veces al año para medir el balance de masa confiesan que, en cada campaña, la retracción es tan evidente que el hielo se vuelve geográficamente más inaccesible.
Las causas de esta preocupante retracción masiva responden a variables globales derivadas directamente del cambio climático, manifestadas a través de un aumento sostenido de las temperaturas promedio y drásticas alteraciones en los regímenes de precipitaciones níveas. Los expertos advierten que los cuerpos de hielo vecinos corren una suerte similar y no muestran un mejor estado de salud desde el año 2010. A nivel continental, el Azufre se posicionó en el tercer puesto de las mayores pérdidas absolutas, quedando apenas por detrás del glaciar sanjuanino Agua Negra y del glaciar Huillca en Perú, dos gigantes que sufren un drenaje constante de millones de metros cúbicos debido a la megasequía extrema que golpea a la región de los Andes desde 2009.
La pérdida de espesor promedio para el gigante de Malargüe se ubicó en el orden de menos 1,5 metros de agua equivalente por año, registrando un derretimiento en su frente que ya superó la barrera de los 60 metros. Al pertenecer de manera directa a la cuenca del río Colorado, cualquier desequilibrio en su volumen impacta de forma neta en el caudal que llegará a los humedales y ríos durante los meses más calurosos del verano, cuando las precipitaciones escasean y el deshielo se convierte en el único sustento natural de la red hídrica. La convergencia de una demanda de agua en ascenso y una limitada capacidad de adaptación rural convierte a esta crisis de la alta montaña en uno de los desafíos políticos y ambientales más urgentes para la sustentabilidad de la provincia.