Una fundación, el apoyo académico de una universidad nacional y la herencia de un médico visionario que murió hace doce años. Así nació el galardón que busca los mejores proyectos de salud humanizada del país.
Hay una pregunta que recorre los pasillos de hospitales y centros de salud de todo el mundo: ¿es posible que un sistema tan complejo y a veces tan frío como el sanitario aprenda a tratar a las personas como personas?
En Argentina, un grupo de profesionales lleva años apostando a que sí. Y este año volvió a convocar a quienes están haciendo esa apuesta desde adentro.
La Fundación FICEM (Para la Innovación y Calidad Estratégica en el Management), con el respaldo de Johnson & Johnson y el apoyo académico de la Universidad Católica Argentina, lanzó la segunda edición del Premio Afectivo-Efectivo, una distinción nacional para iniciativas que humanicen la atención sanitaria. Las postulaciones ya están abiertas y se reciben hasta el 19 de junio en el sitio oficial del certamen.
El premio lleva el sello intelectual del doctor Albert J. Jovell, médico y activista catalán en favor de los derechos del paciente, fallecido hace doce años. Jovell fue uno de los impulsores más consecuentes de la idea de que el enfermo no es un caso clínico sino una persona con historia, vínculos y dignidad. Su modelo -el llamado Afectivo-Efectivo- propone combinar la evidencia científica con la empatía y la confianza como ingredientes centrales de cualquier tratamiento.
"Nos complace presentar la segunda edición del Premio Afectivo-Efectivo, una iniciativa que distingue aquellos programas que contribuyen a humanizar la atención sanitaria y son ejemplo e inspiración de toda la comunidad", señaló la doctora María Cristina Ferrari, fundadora y presidente de Fundación FICEM.
El galardón distingue proyectos en tres frentes.
Cada iniciativa será evaluada por un comité de expertos de distintas instituciones del sector. Los criterios de selección incluyen innovación, impacto social, relevancia, replicabilidad y la adhesión al modelo Afectivo-Efectivo. El primer puesto de cada categoría suma, además del diploma y la estatuilla, la producción de un video sobre el proyecto para amplificar su difusión.
Más allá de los trofeos, el espíritu del premio apunta a algo más difícil de medir pero igual de valioso: que las buenas prácticas circulen, se conozcan y se imiten. En un sistema de salud que suele avanzar a dos velocidades -la tecnológica y la humana-, iniciativas como esta intentan que la segunda no se quede atrás.