El placer sexual femenino sigue rodeado de tabúes, de presiones culturales y de expectativas que pueden dificultar el que muchas mujeres disfruten plenamente de su sexualidad.
El placer sexual femenino sigue rodeado de tabúes, de presiones culturales y de expectativas que pueden dificultar el que muchas mujeres disfruten plenamente de su sexualidad. Especialistas en salud sexual advierten de que factores como la culpa, el estrés, o la idea de que el sexo debe ser una 'performance' para complacer a la pareja pueden generar desconexión con las propias sensaciones.
Esta presión, sumada a la falta de educación sexual centrada en el autoconocimiento, hace que muchas mujeres lleguen a consulta sin saber qué les gusta realmente o cómo experimentar placer, según denuncia en una entrevista con Europa Press salud Infosalus la sexóloga Mónica Branni, quien nos ofrece una entrevista a Europa Press Salud Infosalus con motivo de la publicación de '¡Mujeres al placer!' (La Esfera de los libros).
Así, sostiene que alrededor del placer femenino en la actualidad éste se entiende desde el punto de vista complaciente, son muchas las normas culturales que les impiden sentir placer y les exigen darlo constantemente, y sobre el que además suelen rondar la inseguridad, los miedos o la confusión.
"Uno de los primeros problemas que hay en torno al placer sexual femenino es sobre cómo lo entendemos. Si el placer entra a formar parte de la esfera de la validación de nuestra pareja, desde la complacencia, si se aleja mucho de nuestras sensaciones, de la conexión emocional con la otra persona, o de nosotras mismas, y puede entrar a formar parte de una performance menos relacionada con la autenticidad", advierte esta experta y divulgadora.
Todo es una "cascada de efectos", según prosigue, donde también tiene lugar el autodescubrimiento: "Si el placer y el sexo los planteamos como opcionales descartamos el autoexplorarnos y el saber cómo funciona el placer para nosotras. Muchas mujeres llegan a la consulta porque no saben qué les gusta, no saben lo que les gusta, y vemos una desconexión tremenda con lo que se entiende como 'sexualidad'".
Sobre la culpa sexual, dice que las mujeres en muchas ocasiones sienten que tienen que adaptarse a una representación de la mujer determinada en el sexo, de manera que la mujer debe estar disponible, ser complaciente, así como hábil en el sexo con la otra persona, "pero no tanto como para demostrar ser experimentadas, curiosas, y capaces de darnos autoplacer"; algo que, en su opinión, también genera ese sentimiento de culpa e impide el placer sexual en muchas mujeres.
"Y todas estas esferas en lo público asustan y generan culpa, opresión. Vivimos entre la espada y la pared con nuestra sexualidad, intentamos no ser frígidas, pero también no ser unas personas que no se permiten explorar la sexualidad porque cuando lo hagan deben estar guiadas. Y todo ello, si nos pasamos esa línea, entonces la culpa aparece", resalta Branni.
Con ello, manifiesta una vez más que la culpa sexual viene de las actuales restricciones culturales y que advierte de que traspasamos a futuras generaciones. "Es muy fácil sentir culpa sexual, pero también vergüenza en la sexualidad y en la experimentación", afirma.
En cuanto al estrés, otro de los problemas del placer sexual, subraya esta sexóloga que en la actual sociedad estamos todos configurados por el estrés, sobre todo a nivel social y en Occidente lo vivimos constantemente. Esto, tal y como indica, conlleva una serie de expectativas, de forma que las mujeres pueden llegar a sentirse estresadas por no poder cumplir con unas determinadas expectativas de una sexualidad romántica, que siempre se intenta cumplir.
Pero, a su juicio, el gran problema es que con el amor ya hay más referentes como el amor sano o maduro, pero en la sexualidad no los tenemos, y estamos rodeados de creencias de que 'para tener sexo hay que tener, por ejemplo, determinadas predisposiciones'. "Entonces cuando esa es nuestra visión del sexo, todo lo que no sepa hacer nos genera estrés, y nos afecta y hace que tengamos pensamientos intrusivos, sobre todo durante las relaciones sexuales, y esto nos desconecta terriblemente de las sensaciones. De esta manera, cuanto más racionalizamos el sexo, menos percepción tendremos de las sensaciones corporales", subraya.
Habla igualmente de la hormona del estrés, del cortisol, que sube a medida que empezamos a sentir esa expectativa de autoexigencia, suprimiendo en consecuencia nuestra respuesta sexual: "Nos pone en alerta, se activa nuestro sistema nervios simpático, y nos impide relajarnos y fluir".
El tema hormonal también es un escollo a la hora de sentir más o menos placer sexual en la mujer, según prosigue Mónica Branni, y en la sociedad actual dice que se tiene entendido el deseo como una línea que baja en determinadas etapas de la vida, y por ejemplo el deseo baja durante la lactancia, durante el embarazo.

Según relevamientos privados, los precios de los productos tradicionales de la época sufrieron alzas de hasta 63%, en un marco de caída del consumo.