Por qué los adultos mayores son más vulnerables al calor y cómo actuar rápido ante los primeros síntomas.
Las olas de calor que atraviesan gran parte del país no afectan a todos por igual. Mientras muchas personas jóvenes pueden adaptarse con medidas básicas, en los adultos mayores el calor extremo puede transformarse en un riesgo silencioso, incluso sin síntomas evidentes.
"El problema no es solo la temperatura ambiente, sino cómo el organismo envejecido responde al calor", explica el José Ricardo Jauregui (M.N. 74.384), presidente de la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatría."Con los años, se altera la sensación de sed, la percepción térmica y la capacidad de regular la temperatura corporal. Eso hace que el peligro llegue antes y se note menos".
En una persona mayor, el cuerpo puede estar deshidratándose o sobrecalentándose sin que aparezca la sensación clásica de sed o agotamiento. A esto se suman enfermedades crónicas, deterioro cognitivo y medicamentos que modifican el equilibrio hídrico.
"El golpe de calor no siempre empieza con desmayo o fiebre alta. Muchas veces comienza con confusión leve, somnolencia o cambios de conducta que se confunden con 'cosas de la edad'", advierte Jauregui.
La deshidratación es uno de los problemas más frecuentes durante las olas de calor, y se potencia en personas con deterioro cognitivo o demencia.
"Hay personas que simplemente se olvidan de beber, otras no reconocen la sed y algunas no pueden expresar que se sienten mal", explica el geriatra.Por eso, esperar a que pidan agua no es suficiente.
Durante los días de calor extremo, es fundamental estar atentos a:
"Cuando aparecen estos signos, el organismo ya está en estrés térmico. Actuar rápido puede evitar una internación", remarca Jaúregui.
La prevención en adultos mayores no es solo dar consejos, sino generar condiciones que faciliten el cuidado.
Si una persona mayor presenta síntomas compatibles:
"El golpe de calor es una urgencia médica. La rapidez con la que se actúa define el pronóstico", subraya Jaúregui.
Familiares, cuidadores y vecinos cumplen un papel central. "No se trata de alarmar, sino de entender que el calor extremo exige más acompañamiento. Un llamado, una visita o un vaso de agua a tiempo pueden marcar la diferencia", concluye el especialista.
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