El Presidente impuso una serie de condiciones para las reuniones de Gabinete y mantuvo diferencias con la senadora por la situación económica. Mientras tanto, la expresidenta diseña una estrategia judicial y electoral con la que busca volver a irrumpir en la interna del peronismo.
El lunes, Javier Milei volvió a la Casa Rosada después de 24 días de ausencia y encabezó una reunión de Gabinete tras aquel último encuentro improvisado del 9 de julio cuando terminó el Tedeum en la Catedral y juntó a todos sus ministros. La cita esta semana era a las 10 y así sucedió siguiendo rituales que no se conocen con el detalle suficiente y que revelan profundidades del comportamiento presidencial.
En ese manual de reglas que va sumando complejidad para los asistentes, los postigos del salón Eva Perón -donde se hace la reunión-, deben permanecer cerrados para no afectar la fotofobia de Milei. El aire acondicionado, se sabe, está institucionalizado en 16 grados aunque sea invierno; los mozos sólo pueden entrar con el café antes del comienzo de la reunión y no volver a aparecer bajo ninguna excusa. Los ministros e invitados deben revolver con sus cucharitas el café antes de que él empiece a hablar porque lo perturban esos ruidos. Los celulares quedan todos afuera. Y sin importar cuántas horas dure el encuentro, nadie puede retirarse ni para ir al baño, probablemente la condición más conversada entre los asistentes porque más de uno la pasó mal con sus ganas de hacer pis.
El que llega tarde, no entra. Y el que sale, no vuelve. ¿Fue esa la razón de la ausencia de Santiago Caputo que en el medio de una semana donde se instaló un cambio de roles en la comunicación digital oficial faltó a la reunión de Gabinete pero llegó a Gobierno a las 11 en punto, es decir a tiempo para entrar si él quisiera? En la Rosada aseguran que sí. Es un capítulo que merecería abrirse por todo lo que está pasando en ese vínculo entre el asesor, el Presidente y Karina.
Esta vez, la juntada ministerial duró tres horas y fue centralmente sobre la Economía y más que nada, sobre su sensación de sentirse "incomprendido" por la sociedad, por el círculo rojo y por casi todo el universo de la política. Es un estado emocional que también lo llevó a la reclusión en Olivos y a un temperamento que sumado a la agudización de sus dolores de espalda, lo tiene más inquieto, más irascible.
Patricia Bullrich en la Casa Rosada. (Foto: Télam/Alejo Santa Cruz).
A pesar de que no hay una fecha ni una organización programada con certeza para la presentación de su nuevo libro, en su agenda mental, hay un espacio muy grande para la difusión de ese proyecto que llamó "La moral como política de Estado" adonde quiere repetir aquella presentación disruptiva en el Movistar Arena, pero sus asesores le tratan de explicarle que no es momento para banda de rock y discurso desaforado. Las encuestas, aseguran, demandan otra cosa.
Patricia Bullrich viene siendo claramente la que más enfrenta ese posicionamiento pidiéndole empatía con la realidad y así lo hizo en el Salón Eva Perón el lunes en Gabinete. Milei no está de acuerdo y tiene una versión más homogénea del devenir de su plan. Dio datos sobre morosidad y consumo avalando su creencia de que este camino no puede tener renunciamientos ni flexibilizaciones.
Sin embargo, naturalmente hay una conciencia de las necesidades de una temporada electoral. Lo demuestra el anuncio, cuarenta y ocho horas después de la reunión de Milei con sus ministros, sobre un plan de créditos hipotecarios financiado con el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES. Sucedió antes de la sesión en Diputados donde el Gobierno buscaba aire y lo encontró después del derrape de la Ley de Tierras. Con ese anuncio, la difusión de la mejora en el Índice de Confianza de la Di Tella y la media sanción de la reforma de la carta orgánica del BCRA y la segunda parte de Inocencia Fiscal más la aprobación masiva de pliegos de jueces en el Senado -sobre todo la invaluable sala de la Cámara Federal que decide sobre el caso LIBRA- se abrió una ventana de reordenamiento donde otra vez se impone la prioridad de avanzar y lograr tratar en el Congreso la Reforma Electoral.
También, luego del avance de la reforma del Central, está pendiente algo que el Gobierno quiere lograr y se presenta difícil: la aprobación del pliego de Santiago Bausilli en el BCRA, un requisito reglamentario que hace rato no se cumple en la Argentina y que le otorga una esperable autonomía al Presidente de esa entidad. Sucede que por ahora Bausilli, de innegables capacidades, funciona dentro del esquema del Gobierno como una dupla histórica con Caputo. Está de hecho en las reuniones de Gabinete. El poroteo muestra difícil que el Senado avale esta votación considerando que de aprobarse, lo dejaría en el cargo hasta 2028.
Bullrich parece opinar lo mismo. Con total discreción, hace dos meses, en el tradicional y cerrado almuerzo del Harvard Club de Argentina en el Club Francés, la senadora fue consultada por uno de los asistentes qué funcionarios no mantendría si el Gobierno llegara a una reelección y ella pudiera opinar. En su respuesta mencionó sólo a una persona: Santiago Bausilli.
La casa de al lado
Esta semana el foco volvió por San José 1111 por razones sugestivas acerca del departamento de abajo de la ex Presidenta. Dos meses después de que comenzara a cumplir allí su prisión domiciliaria, María Soledad Calle, dirigente de la UOM y referente de La Cámpora en Campana, compró por US$189.000 el departamento de 252 metros cuadrados ubicado exactamente debajo del de CFK y que antes de su reclusión solía cotizarse casi cien mil dólares más. Calle está ahora bajo investigación por un polémico contrato entre la UOM y USEM, una empresa que integra, y está muy abierta la pregunta sobre de dónde salió el dinero para comprar esa propiedad y sobre todo si hay posibilidades de que Cristina o su gente la estén usando como una reconstrucción de su prisión.
La casa de Cristina Kirchner en San José 1111. (Foto: Agustina Ribó / TN)
La rutina de la ex Presidenta venía muy entretenida para ella cuando estalló este escándalo. Sostiene una rutina intensísima de entrenamiento. Dicen quiénes la ven que nunca tuvo mejor estado físico. Aprende chino con el profesor de ese idioma de Sabino Vaca Narvaja, el ex embajador argentino durante el kirchnerismo, y dedica gran parte de su tiempo a desplegar su visión sobre el escenario que vislumbra para la carrera electoral.
Con condena firme en la causa vialidad, la ex Presidenta decidió -como ya se sabe- ir al Comité de Derechos Humanos de la ONU a intentar conseguir un fallo que valide su posición alrededor de la sentencia que la condenó a seis años de prisión y la prohibición de por vida a ejercer cargos públicos en la causa que se conoce como Vialidad. Es una jugada que esconde un secreto.
El secreto de Cristina Kirchner
Hay algo más -que no se ve a simple vista- muy vinculante y que ahora ampliaremos, que determina gran parte de sus imposibilidades: una condena firme te saca del padrón electoral, es una situación distinta a los reclusos que todavía tienen instancias penales pendientes y podrían votar. Su nombre, entonces, no aparecerá y el que no está en el padrón, no sólo no puede sufragar, mucho menos puede ser candidato. Es una minucia al lado del resto de sus prohibiciones pero es la clave desconocida de su estrategia judicial, política y electoral.
El Comité de la ONU no es un órgano jurisdiccional por lo cual su opinión no tiene consecuencias ni compromisos sobre las actuaciones de la justicia argentina pero sí es reconocido por Pactos Internacionales validados constitucionalmente en nuestro país.
¿Qué busca entonces? Una opinión favorable de ese Comité puede producirse en un tiempo bastante más acotado que por ejemplo, la Corte Interamericana de DDHH, que sí implicaría una posible situación de revisión judicial acá si fallara a su favor. Pero hay dos peros: suelen tener plazos largos de resolución y sus abogados razonan serias dudas de obtener un fallo favorable.
Atención con la estrategia que es enredada pero clave: suponiendo que logre que en Naciones Unidas escriban una respuesta que valide su posición dentro del plazo previo a inscribir candidaturas, piensan en intentar presentarse en la Cámara de Casación para pedir -con ese aval- la revisión de su caso. Si se abriera una revisión, estaría en el padrón porque seguiría en el marco de un proceso penal. Mientras tanto, presentaría una fórmula presidencial compuesta por ella junto a un o una misteriosa vice. Nadie duda de que aún así es imposible que la justicia reabra su caso. Entonces, ¿qué está buscando?
Si la justicia dispusiera entonces que su candidatura es inválida, la norma dispone que su vice ocupe el lugar de postulante a la Presidencia. Otra vez su vieja apuesta al factor sorpresa con un candidato inesperado.

Es una maraña que muestra el estado de situación al que está expuesto el kirchnerismo y que busca usar de algún modo esa vieja herramienta de CFK de irrumpir en la escena política pero es un casting acotado, venido a menos. ¿Quién será? Aseguran que jamás lo dirá antes del momento indicado. Aquel clip viral donde ungía a Alberto Fernández fue su movida más famosa. Así terminó. No se trata de una maniobra para volver a la Presidencia sino para no perder el rol de dominar la discusión del peronismo.
Ella está convencida de que en este momento la sociedad está dividida en cuatro cuartos: kirchnerismo, el peronismo no K, el mileismo y los desencantados de Milei que tampoco quieren a los K. Ese espacio que está apareciendo en todas las encuestas producto del sufrimiento social por la economía real y los desbordes a los que suele llegar el Presidente.
¿Dónde queda Axel Kicillof en este escenario? "Si viene a hablar conmigo, vemos", dice. No tiene otra propuesta que aquel modelo de sumisión que implantó con Alberto. Él se candidatea pero ella decidiría por casi todo lo que está debajo. Parece un camino sin salida.
Los que la visitan la escuchan repetir una y otra vez que el Gobernador es un producto político que debería estarle eternamente agradecido. Un invento de ella. Es la historia más clásica de la política y sus sucesiones. La gran pregunta es ¿en qué cuarto jugará el Gobernador de Buenos Aires?
Son días en que la atmósfera de fragilidad política que venía mostrando el Gobierno abrieron el escenario y hubo apariciones.
Daniel Hadad, después de su gira mediática y su convocante presentación de un documental sobre San Martín, está volviendo al país. Gente que lo ve asegura que también piensa en otras alternativas sorprendentes.
Jorge Brito tiene funcionando una intensa mesa política liderada por Emilio Monzó, Nicolás Massot, Jaime Durán Barba, Diego Bossio y un hombre que pertenecía al entorno de Santilli pero hace rato rompió con él y se llama Bruno Scrensci. Es una candidatura totalmente incierta todavía pero esa mesa trabaja para influir sobre quién podría ocupar ese tercer espacio que parece abrirse cuando falta apenas un año para las elecciones si es que las PASO se hacen.
El Pastor Gebel llegará al país para un gran acto masivo pero hay un convencimiento en la conversación política de que todavía no se conoce quién será el verdadero competidor del Presidente. La sociedad ni siquiera los está escuchando. ¿Existirá esa aparición? Faltan pocos meses para saberlo.
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El oficialismo busca controlar el debate en la Cámara baja con una convocatoria a comisiones. La oposición insiste con una sesión especial para el 9 de septiembre.