El Gobierno buscó despejar dudas sobre cómo pagará los vencimientos de deuda. Mientras, apunta a acelerar reformas en el Congreso y sostener una desaceleración de la inflación que le de continuidad a su proyecto.
Desde el comienzo de la semana, el Gobierno dejó en claro cuál será su estrategia para encarar el año electoral. La hoja de ruta se apoya sobre dos ejes: el ordenamiento financiero para afrontar los vencimientos de deuda y la negociación con los gobernadores. El tercer pilar, el desempeño de la macro y la microeconomía, en la Casa Rosada lo dan prácticamente por descontado.
El objetivo es uno: la reelección.
El lunes, el ministro de Economía, Luis Caputo, explicitó cómo piensa cubrir los vencimientos por unos US$ 24.000 millones. Horas más tarde, durante el Tedeum, Javier Milei se mostró junto a 13 gobernadores con los que mantiene diálogo político y aseguró que "se inicia una nueva etapa". Para el oficialismo, ese es el camino que conduce a las elecciones presidenciales de 2027.Caputo decidió avanzar sobre el frente financiero con la presentación del programa que, según explicó, permitirá afrontar todos los vencimientos hasta fines de 2027 y alejar el fantasma de un default.
En el Gobierno consideran que el riesgo de un regreso del kirchnerismo es bajo, aunque admiten que siempre existe la posibilidad de que un cambio en las expectativas electorales impacte sobre el tipo de cambio. Por eso buscan minimizar riesgos y construir un blindaje que despeje el horizonte electoral, aporte certidumbre y reduzca la posibilidad de una corrida cambiaria o bancaria.
Cuatro días antes, el Banco Central había anunciado que refinanció préstamos por US$ 6000 millones con diez entidades financieras mediante una operación tipo REPO, entregando bonos como garantía. De esa manera postergó los vencimientos hasta 2028, es decir, después de las elecciones, y consiguió una tasa de interés más baja.
Además, Caputo explicó cómo se pagarán los vencimientos de este año y de 2027 sin necesidad de volver al mercado internacional. Dejó abierta esa posibilidad únicamente si las tasas de interés descienden, pero aclaró que no constituye un objetivo en sí mismo.
La primera reacción del mercado fue positiva. Desde el mismo lunes, el riesgo país se mantuvo cerca de los 400 puntos básicos, mientras subieron tanto los bonos como las acciones.
El gobernador de Catamarca, Raúl Jalil, en su reunión con Diego Santilli, Martín Menem y Eduardo Menem. (Foto: Jefatura de Gabinete)
El segundo eje de la estrategia oficial pasa por la necesidad de avanzar en el Congreso con distintos proyectos, especialmente los vinculados con la reforma política.
A último momento, Milei sumó otra iniciativa: modificar la Carta Orgánica del Banco Central para limitar la facultad de emitir dinero. Durante la presidencia de Cristina Kirchner y la gestión de Mercedes Marcó del Pont se incorporó entre los objetivos de la autoridad monetaria no solo preservar el valor de la moneda, sino también promover el empleo y el desarrollo económico con equidad social. Milei busca eliminar esas referencias.
También pretende obtener autorización para disponer el cierre de las oficinas de la administración pública ("shutdown") cuando se agote el presupuesto. El objetivo es reducir el margen para que alguna decisión altere el rumbo del mercado. El Presidente aplica así las enseñanzas de Friedrich Hayek en su versión más pura.
La iniciativa también funciona como un gesto hacia la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, que llegará a la Argentina antes de fin de julio como señal de respaldo al programa económico. De hecho, el jueves la vocera del organismo, Julie Kozack, elogió la mayor transparencia en el financiamiento del sector público.
Durante su discurso en Tucumán, Milei repasó los logros de su gestión y los proyectos que impulsa en el Congreso. Pero el dato político más relevante fue la presencia de los gobernadores que habitualmente mantienen una actitud dialoguista con la Casa Rosada. El Presidente les agradeció especialmente el respaldo y dejó abierta la puerta para profundizar esos acuerdos de cara a la reelección.
El contexto explica buena parte de esa estrategia. La mayoría de los gobernadores buscará la reelección en sus provincias o, cuando no tenga habilitado un nuevo mandato, intentará imponer a un sucesor propio.
En ese escenario, la negociación entre Diego Santilli y los mandatarios provinciales tiene dos caras.
La primera está vinculada con los fondos, avales y obras que reclaman las provincias, afectadas por la caída de la recaudación nacional y de la coparticipación. Si esa cara tuviera un nombre, sería el de Luis Caputo. La lógica que guía a Santilli es que toda asistencia económica debe traducirse en gobernabilidad para Milei.
La otra cara del acuerdo pasa por una discusión todavía abierta: si La Libertad Avanza impulsará candidatos propios en cada distrito o permitirá que los gobernadores compitan sin enfrentar una verdadera alternativa libertaria. En ese terreno, quien tiene la última palabra es Karina Milei, cuya estrategia hasta ahora dio resultado en las elecciones de medio término.
Santilli administra ese delicado equilibrio entre gobernadores, Caputo y Karina Milei.
Ahora, sin la presión que implicó la campaña de Manuel Adorni, el Gobierno necesita que los proyectos avancen en el Congreso. Tanto la reunión de la mesa política del miércoles como el encuentro de Labor Parlamentaria en el Senado, que prepara la sesión prevista para la próxima semana, apuntan en esa dirección: impulsar una agenda que habilite nuevas negociaciones.
Aunque para la mayoría de los ciudadanos las elecciones todavía parecen lejanas, para la dirigencia política ya comenzaron a influir sobre todas las decisiones.
El cronograma provincial suele iniciarse en febrero y los gobernadores necesitan saber cuál será el escenario político antes de definir si desdoblan los comicios o los hacen en forma simultánea con los nacionales. En la mayoría de los casos no solo se ponen en juego bancas legislativas, sino también la continuidad de sus propios proyectos políticos. La excepción es Corrientes, que tiene un calendario diferente.
Con el Mundial de fútbol a ocho días de finalizar, los tiempos políticos comenzarán a acelerarse.
El proyecto de reforma política enviado por Milei todavía no reúne el respaldo de la mayoría de los gobernadores. Solo manifestaron apoyo Raúl Jalil, Leandro Zdero y Gustavo Valdés.
Mientras tanto, el Gobierno puso sobre la mesa otra alternativa: el regreso de las colectoras o alguna variante de listas de adhesión.
No se trata de una discusión sencilla. Ese mecanismo fue utilizado en distintas elecciones hasta que Mauricio Macri lo prohibió por decreto. Bastaría con derogar esa norma para volver a habilitarlo, aunque la implementación presenta complejidades, especialmente con la Boleta Única de Papel.
Además, Patricia Bullrich considera que volver a las colectoras sería un retroceso porque implica resolver las internas el mismo día de la elección general. Santilli evalúa otras alternativas, aunque toda reforma electoral enfrenta un obstáculo adicional: requiere una ley especial aprobada por mayoría absoluta de ambas cámaras, es decir, 37 senadores y 129 diputados.
El viceministro de Economía, José Luis Daza, junto al titular del Palacio de Hacienda, Luis Caputo, y el secretario de Finanzas, Federico Furiase. (Foto: Ministerio de Economía)
El tercer eje de cualquier estrategia electoral es la economía. Sin embargo, en el Gobierno parten de la premisa de que las condiciones macroeconómicas llegarán alineadas al momento de la elección.
El miércoles se conoció que la inflación de la Ciudad de Buenos Aires fue del 1,8%. Ese dato coincide con las proyecciones del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que estima una inflación nacional cercana al 2% para junio, mientras que los diez pronosticadores más precisos la ubican entre 1,8% y 1,9%.
Para el período comprendido entre julio y diciembre, el REM proyecta registros mensuales cercanos al 1,8%, equivalentes a una inflación anual del orden del 30%.
Todo indica que el próximo martes el Indec difundirá un dato nacional en línea con esas previsiones.
El Gobierno sostiene una fuerte política de contracción monetaria para contener la inflación y evitar un salto del dólar. A su vez, el Fondo Monetario Internacional proyectó un crecimiento del 3,5% para la economía argentina durante este año.
La incógnita pasa por determinar cuándo esa mejora de la actividad llegará a los sectores urbanos. Mientras la construcción mostró un crecimiento sólido, con una suba del 6,3% intermensual y del 4,1% interanual en mayo, la industria continúa exhibiendo un comportamiento irregular, con un avance del 0,4% mensual y del 5,7% interanual.
¿Ese crecimiento ya se refleja en el bolsillo de la gente? El viceministro de Economía, José Luis Daza, reconoció que todavía hay personas que no perciben esos beneficios, aunque aseguró: "No habrá plan platita. No hay atajos populistas". Según sostuvo, la recuperación llegará a través de la expansión del crédito.
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El oficialismo reconoce que el respaldo de su núcleo duro no alcanza para garantizar el triunfo en las próximas elecciones. La llegada de Santilli a la Jefatura de Gabinete y de Adrián Ravier a la vocería, postales del viraje hacia el centro