Una salida de Adorni marcaría el triunfo del sector que impulsó una restructuración interna en el Gabinete tras intensas disputas políticas
El Gobierno dio un giro de último momento. Diego Santilli reemplazaría a Manuel Adorni, mientras Ignacio Devitt ocupará el lugar de Santilli en el Ministerio del Interior, según confiaron fuentes oficiales a iProfesional, aunque el Gobierno aún no lo confirmó oficialmente.
"Va Santilli. Ganó Patricia. Llevar a Adorni al Senado pondría en peligro al gobierno. Lo iban a destripar. Era poner al gobierno en el precipicio. Gran derrota de Karina", señalaron fuentes gubernamentales.
Santilli proviene del PRO y estuvo en el Ministerio del Interior durante los últimos meses, mientras que Devitt también es un exconcejal macrista de Vicente López con un paso por el sector privado en la tabacalera Philip Morris, negociador y con fuertes vínculos en todo el arco político. Se ganó la confianza de Karina Milei y de Adorni.
Hasta hacía apenas una hora, Javier Milei mantenía la decisión de sostener a Manuel Adorni al frente de la Jefatura de Gabinete, aun frente a una eventual interpelación y moción de censura en el Congreso. Sin embargo, la creciente presión de la senadora Patricia Bullrich, jefa del bloque de La Libertad Avanza y aliada clave de la Casa Rosada, y de sectores empresarios, terminó modificando el escenario.
En la Casa Rosada concluyeron que exponer a Adorni en el Senado podía convertirse en un golpe político de consecuencias imprevisibles para el Gobierno.
La decisión representa una victoria política de Patricia Bullrich y una derrota del sector que encabezaba Karina Milei, que hasta último momento impulsó sostener al exvocero a cualquier costo. En Balcarce 50 ahora intentan presentar a Santilli como un dirigente cercano a Karina Milei para amortiguar el costo político del cambio.
Si bien es cierto que Santilli generó una buena relación con Karina Milei y con Eduardo "Lule" Menem, su mano derecha, también es cierto que es un dirigente venido del PRO y que tiene la venia de Patricia Bullrich.
El temor de la senadora era una crisis de gobernabilidad que se saliera de las manos del Presidente, quien está de viaje en España. Hasta entrada la tarde, la estrategia de Javier Milei parecía inalterable. El Presidente estaba decidido a sostener a Manuel Adorni aun si el Senado avanzaba con una interpelación, una eventual moción de censura o incluso si la Justicia resolvía procesarlo en la causa por presunto enriquecimiento ilícito y evasión tributaria.
La lógica presidencial era política antes que jurídica. En la Casa Rosada sostenían que un procesamiento no equivalía a una condena y que sólo una sentencia firme justificaría apartarlo del cargo. El propio Milei transmitía a sus colaboradores que entregar a Adorni significaba abrir la puerta para que luego avanzaran sobre Karina Milei y, finalmente, sobre él mismo.
Ese diagnóstico alimentaba la convicción de que, detrás de la ofensiva parlamentaria y judicial, existía una maniobra destinada a debilitar al Gobierno, impulsada por el kirchnerismo y acompañada, según la mirada oficial, por sectores del establishment empresario enfrentados con la administración libertaria.
Sin embargo, el escenario cambió abruptamente. Según reconstruyeron a iProfesional distintas fuentes oficiales, Patricia Bullrich insistió durante las últimas horas en que llevar a Adorni al Senado era "un suicidio político". La ministra advirtió que la interpelación podía transformarse en una sesión devastadora para el Gobierno y abrir una crisis institucional de enorme magnitud.
Esto es así porque Adorni está acusado e investigado por enriquecimiento ilícito en el juzgado federal de Ariel Lijo, y el fiscal federal Gerardo Pollicita está a punto de citarlo para justificar sus bienes y luego a una declaración indagatoria de la que podría resultar procesado. Además, el jefe de Gabinete saliente había confesado haber evadido impuestos durante 25 años y haber originado su fortuna en inversiones antiguas en bitcoins que no estaban bien fundamentadas.
El exfuncionario no pudo explicar nunca el origen de u$s860.000 de incremento de su patrimonio en dos años, ni el aumento de su declaración jurada de u$s42.000 en 2025 a $944 M, como declaró hace dos semanas ante la Oficina Anticorrupción. Tampoco el salto de dos propiedades a cuatro, con refacciones, viajes de lujo y compras de alto valor durante estos dos años.
A esa presión se sumaron sectores del denominado círculo rojo, preocupados por el nivel de incertidumbre política que comenzaba a generar el conflicto entre el Poder Ejecutivo, el Congreso y la Justicia.
El argumento terminó imponiéndose: exponer a Adorni en el Senado podía terminar convirtiéndose en un factor de desestabilización para toda la administración libertaria. La decisión fue entonces desplazar al jefe de Gabinete antes de que la crisis escalara.
El cambio implica la llegada de Diego Santilli para reemplazar a Manuel Adorni, mientras Ignacio Devitt pasará a ocupar el lugar de Santilli en el Ministerio del Interior.
En términos políticos, dentro del oficialismo pocos dudan de quién ganó la pulseada. "Ganó Patricia Bullrich", resumió una fuente con acceso a las negociaciones. Si bien el Senado y la Cámara de Diputados no pudieron tratar la interpelación la semana última, el debate pasó a las comisiones de Asuntos Constitucionales de ambas cámaras, donde iba a ser aprobada la interpelación y luego la moción de censura.
Milei buscó interrumpir esa pérdida de poder político. En cambio, la decisión representa un fuerte revés para Karina Milei, quien hasta último momento defendía mantener a Adorni. Ahora, en el Gobierno intentan instalar que Santilli responde políticamente al karinismo para disimular el retroceso interno.
Hasta pocas horas antes del desenlace, el discurso oficial era exactamente el contrario. "No hay ninguna posibilidad de que Javier eche a Manuel", repetían en la Casa Rosada.
Incluso aseguraban que si el Senado llegaba a removerlo mediante una moción de censura, Milei volvería inmediatamente a nombrarlo. "El Senado no es la Justicia", afirmaban. También descartaban cualquier presión empresaria. Pero el riesgo político terminó modificando esa evaluación. El temor principal era la comparecencia de Adorni ante los senadores, justo cuando la causa judicial avanza.
En la fiscalía de Gerardo Pollicita continúan las últimas medidas de prueba, que incluyen pedidos de información a múltiples instituciones para reconstruir la evolución patrimonial de Adorni y fundamentar la acusación de enriquecimiento ilícito. Entre ellas:
En Tribunales estiman que en aproximadamente dos semanas podría solicitarse formalmente la justificación patrimonial y luego definirse una eventual citación a declaración indagatoria. Ese calendario coincidía casi exactamente con la ofensiva parlamentaria.
El próximo 1° de julio la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado deberá tratar los proyectos de interpelación impulsados por Unión por la Patria y por sectores del PRO. Los números previos muestran una mayoría favorable a avanzar con la convocatoria.
De prosperar el dictamen, el 8 de julio el Senado podría votar la interpelación y citar a Adorni para mediados de ese mes. Ese escenario terminó siendo considerado demasiado riesgoso. La preocupación no provenía únicamente de la oposición.
También dentro de La Libertad Avanza varios legisladores advertían que sostener a Adorni estaba paralizando la agenda parlamentaria y profundizando el enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Congreso.
La decisión final evitó, al menos por ahora, que el Gobierno quedara expuesto a un choque institucional de consecuencias inciertas.
El giro también refleja que, aun en un esquema de fuerte concentración de poder presidencial, la presión política interna puede modificar decisiones que hasta pocas horas antes parecían inamovibles.
La crisis dejó además una conclusión dentro del oficialismo: la defensa irrestricta de Adorni comenzaba a poner en riesgo algo más importante que el futuro de un funcionario. Comenzaba a poner en riesgo la estabilidad política del propio Gobierno.
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Los abogados de la modelo presentaron un escrito ante la Justicia luego de que trascendiera que la fiscalía habría solicitado su arresto. Sostuvieron que nunca intentó entorpecer la investigación y cuestionaron que se conociera el supuesto pedido a través de los medios.