El mandatario participó del tributo al Rebe de Lubavitch, donde compartió fragmentos de su próxima obra y ratificó su fuerte alineamiento con los valores judeocristianos en el actual escenario internacional.
El presidente Javier Milei encabezó este lunes por la noche el Tributo al Rebe de Lubavitch en el Palacio Libertad, un acto celebrado en conmemoración del aniversario del fallecimiento del rabino Menajem Mendel Schneerson, considerado una de las figuras espirituales más influyentes del judaísmo contemporáneo. La asistencia del jefe de Estado vuelve a escenificar su estrecha relación con la comunidad judía y consolida el fuerte alineamiento geopolítico de su gestión con Israel, en un contexto global marcado por la tensión en Medio Oriente.
Al inicio de su alocución, el mandatario sorprendió al auditorio al adelantar que compartiría un fragmento del epílogo de su nuevo libro, titulado La moral como política de Estado. Milei reveló que la inspiración para esta obra nació precisamente en un encuentro de idénticas características en el mismo recinto, y explicó cómo el proceso de escritura comenzó a nutrirse de diversas enseñanzas surgidas de las conversaciones cotidianas con su rabino de cabecera.
Durante su discurso, el Presidente apeló a la memoria emotiva al rememorar una anécdota de su primera celebración del Año Nuevo judío. Recordó que, al momento de pedírsele que eligiera tres deseos para su vida, optó por solicitar "sabiduría para distinguir el bien del mal, coraje para elegir el bien y templanza para mantenerse en ese camino". Según relató, tras manifestar sus anhelos, los presentes le hicieron notar que esos conceptos coincidían de manera exacta con las peticiones históricamente atribuidas al rey Salomón.
Con un tono marcadamente personal y doctrinario, Milei reflexionó sobre las motivaciones que lo impulsan a volcar sus ideas al papel: "Hay textos que se escriben para informar, textos que se escriben para convencer y otros que se escriben porque no hacerlos es una traición", sentenció. De esta manera, el líder libertario buscó otorgarle un sentido de trascendencia a su publicación, ligando directamente la gestión pública con una profunda base ética y espiritual.
En el tramo final de su exposición, el jefe de Estado reforzó su plataforma ideológica al asegurar que "si uno abraza los valores judeocristianos, su vida espiritual vibra en sintonía con su vida material". Lejos de calificarlo como una simple apreciación subjetiva, Milei concluyó de forma tajante afirmando que esta sinergia "no es una intuición ni una metáfora", sino una regla de cumplimiento estricto a la que describió como "una ley tan rigurosa como cualquier ley económica".