La estrategia de superávit fiscal y el saneamiento del Banco Central permitieron una reducción histórica del endeudamiento en solo dos años. El ministro Luis Caputo ratificó que la tendencia a la baja continuará.
La República Argentina atraviesa un proceso de desendeudamiento sin precedentes en su historia reciente. Según los últimos informes de coyuntura económica, la deuda neta consolidada -indicador que mide el peso real de los pasivos sobre la economía- experimentó una caída drástica desde la asunción del presidente Javier Milei, pasando de un agobiante 99,4% del PBI al cierre de 2023 a un saludable 39,2% en marzo de 2026.
Esta reducción de 60 puntos porcentuales en el ratio deuda/PBI es el resultado directo de la política de "Déficit Cero" y la defensa irrestricta del superávit fiscal. Al eliminar la necesidad de emitir para financiar al Tesoro y sanear el balance del Banco Central de la República Argentina (BCRA), la administración libertaria logró revertir una tendencia que parecía irreversible tras décadas de desmanejo financiero.
La metodología de análisis, que incluye los pasivos remunerados en pesos del BCRA y descuenta los depósitos del Tesoro, revela que entre noviembre de 2023 y septiembre de 2025 la deuda pública se redujo en USD 27.486 millones. Este éxito se explica primordialmente por la gestión de Santiago Bausili al frente del Banco Central, donde se logró una poda de pasivos cercana a los USD 56.000 millones, compensando con creces cualquier incremento en la deuda bruta.

El mandatario lanzó una inciativa que contempla una serie de cambios de cara a las próximas elecciones. PASO, Boleta Única y Ficha Limpia, entre otros.
El ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, celebró estos indicadores a través de sus redes sociales con un mensaje contundente: "Y va a seguir cayendo.". La frase ratifica que el Gobierno no se desviará del camino del orden macroeconómico, manteniendo el foco en el desendeudamiento genuino como herramienta para bajar el riesgo país y devolverle el crédito al sector privado.
Los datos comparativos exponen el costo financiero de las administraciones previas. Durante los dos mandatos de Cristina Fernández de Kirchner, la deuda bajo esta metodología aumentó en USD 101.900 millones. El periodo de Mauricio Macri registró una suba de USD 32.540 millones, mientras que la gestión de Alberto Fernández marcó el récord negativo con un incremento sideral de USD 164.878 millones, impulsado por el descontrol en la emisión y los pasivos del BCRA.
En contraste, si se aplica una metodología que excluye al sector público e incorpora la evolución de las reservas netas, la era Milei ya registra una caída aproximada de USD 35.000 millones. Este proceso de ordenamiento no solo aleja definitivamente el fantasma del default, sino que establece las bases de una economía sólida donde el Estado deja de ser una carga para los contribuyentes y el desarrollo productivo.