Cada 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), una enfermedad que representa la primera causa de discapacidad adquirida en adultos y provoca alrededor de 17.000 muertes anuales en Argentina.
Cada 29 de octubre se conmemora el Día Mundial del Accidente Cerebrovascular (ACV), una enfermedad que representa la primera causa de discapacidad adquirida en adultos y provoca alrededor de 17.000 muertes anuales en Argentina.
En este contexto, el médico neurólogo Federico Giner, coordinador de la Red de ACV de Mendoza, analizó en una entrevista con MNews Radio, El Observador Mendoza, la situación de esta enfermedad, sus principales síntomas y la importancia de recibir atención médica inmediata para reducir las consecuencias.
El especialista advirtió que los accidentes cerebrovasculares tienen un fuerte impacto sanitario y social debido a que pueden producirse repentinamente, incluso en personas que no presentan síntomas previos.
Además, señaló que, si bien existe una mayor visibilización de los casos gracias a los avances en diagnóstico y tratamiento, también se observa una tendencia preocupante entre los adultos jóvenes.
"El ACV le puede dar a cualquiera, no solo a las personas de edad avanzada", remarcó Giner, quien explicó que entre los pacientes atendidos recientemente en Mendoza hubo personas de entre 30 y 40 años.
El neurólogo explicó que existen dos grandes tipos de accidentes cerebrovasculares. El ACV isquémico ocurre cuando una arteria que transporta sangre al cerebro se obstruye, mientras que el ACV hemorrágico se produce por la ruptura de un vaso sanguíneo, lo que provoca un sangrado cerebral.
Entre las posibles causas mencionó problemas cardíacos que favorecen la formación de coágulos y enfermedades que afectan las arterias encargadas de transportar sangre al cerebro.
Sin embargo, destacó que uno de los aspectos más importantes es trabajar sobre los factores de riesgo modificables.
Para disminuir las probabilidades de sufrir un ACV, recomendó mantener una alimentación saludable, realizar actividad física regularmente, reducir el consumo de alimentos ultraprocesados y controlar la ingesta de sodio.
También hizo hincapié en la necesidad de incorporar herramientas para manejar el estrés y realizar controles médicos periódicos.
Según el especialista, estas medidas contribuyen no solamente a prevenir enfermedades cardiovasculares, sino también a mejorar la calidad de vida a largo plazo.
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la importancia de identificar rápidamente los síntomas de un accidente cerebrovascular.
Giner explicó que el tiempo es determinante para acceder a determinados tratamientos y reducir el riesgo de secuelas permanentes. En algunos pacientes, existe una ventana terapéutica de hasta cuatro horas y media desde el inicio de los síntomas para administrar medicamentos específicos, aunque cuanto antes se actúe, mayores serán las posibilidades de obtener mejores resultados.
Para reconocer un posible ACV, el médico recomendó prestar atención a tres señales:
1. Sonrisa: Pedirle a la persona que sonría y observar si presenta una desviación o asimetría en el rostro.
2. Brazos: Solicitarle que levante ambos brazos y verificar si tiene dificultades para mantener uno de ellos elevado.
3. Habla: Pedirle que repita una frase sencilla y comprobar si presenta problemas para hablar, expresarse o comprender.
Otros síntomas que pueden aparecer de manera repentina son la pérdida del equilibrio, las dificultades para caminar y la pérdida de visión de un ojo.
Ante cualquiera de estas manifestaciones, es fundamental llamar inmediatamente al 911 y comunicar que la persona podría estar sufriendo un ACV.
El neurólogo insistió en que reconocer estas señales y activar rápidamente el sistema de emergencias puede marcar una diferencia decisiva en la recuperación del paciente.
Durante la entrevista, Giner destacó el funcionamiento de la Red de ACV de Mendoza, que articula el trabajo de centros de salud, servicios de emergencia y hospitales para acelerar la atención de los pacientes.
Actualmente, la provincia cuenta con ocho hospitales públicos que brindan tratamiento para el ACV, además de establecimientos privados que también disponen de recursos especializados.
Cuando una persona presenta síntomas compatibles con esta enfermedad, los equipos médicos realizan una evaluación inicial y coordinan su traslado a un centro que cuente con las herramientas necesarias para establecer un diagnóstico.
Entre los estudios indispensables se encuentran las imágenes cerebrales, que permiten determinar el tipo de ACV y definir el tratamiento adecuado.
En los casos de ACV isquémico que cumplen determinados criterios médicos, existen dos alternativas principales: la administración de medicamentos intravenosos para disolver el coágulo y la trombectomía mecánica, un procedimiento que permite extraerlo mediante un catéter.
Giner destacó que estos tratamientos han transformado las posibilidades de recuperación, aunque aclaró que no todos los pacientes reúnen las condiciones para recibirlos.
Otro aspecto abordado fue la recuperación de las personas que sobreviven a un accidente cerebrovascular.
El especialista explicó que las consecuencias pueden variar considerablemente. Algunos pacientes logran recuperarse sin secuelas, mientras que otros presentan dificultades motoras, cognitivas o funcionales que requieren tratamientos prolongados.
En estos casos, la rehabilitación cumple un papel fundamental para recuperar capacidades y favorecer la autonomía de los pacientes.
Incluso cuando las secuelas no pueden revertirse completamente, los tratamientos de rehabilitación permiten desarrollar herramientas para adaptarse a las limitaciones y mejorar la independencia en la vida cotidiana.
Giner reconoció que existen situaciones especialmente complejas y que no todos los pacientes consiguen recuperar completamente sus capacidades. Por eso, volvió a destacar la prevención como la principal herramienta para reducir el impacto de la enfermedad.
"El mejor ACV es el que no pasa", sintetizó el neurólogo durante su participación en MNews Radio.
Finalmente, remarcó que la combinación de hábitos saludables, reconocimiento temprano de los síntomas, atención médica inmediata y rehabilitación resulta fundamental para disminuir la mortalidad y las discapacidades asociadas a esta enfermedad.