El empresario del sector agrícola apuntó contra el organismo.
El sector productivo mendocino atraviesa un escenario complejo marcado por dificultades en la cadena de pagos, mayores costos en dólares, caída de los márgenes y problemas para cumplir en tiempo y forma con las obligaciones fiscales. Así lo explicó Pablo Palmiro, empresario del sector agrícola, durante una entrevista con MNews Radio, El Observador Mendoza.
Palmiro sostuvo que los empresarios buscan cumplir con sus obligaciones impositivas, pero señaló que los atrasos en los cobros pueden generar dificultades financieras que luego repercuten en el pago de impuestos. En ese contexto, mencionó un incremento de los embargos sobre cuentas corrientes y advirtió sobre las consecuencias que estas medidas pueden tener sobre el funcionamiento cotidiano de las empresas.
El empresario tomó como ejemplo la producción de ajo, actividad en la que trabaja. Explicó que entre el 70% y el 80% del ajo argentino se destina a la exportación y que los productores dependen de un mercado internacional en el que no tienen capacidad para determinar los precios. Además, el cultivo tiene un ciclo cercano a los nueve meses, por lo que al momento de sembrar resulta difícil anticipar cuáles serán las condiciones comerciales al momento de vender.
China, como principal productor mundial de ajo, tiene una fuerte incidencia sobre los valores internacionales. Una mayor oferta proveniente de ese país puede repercutir sobre los precios del producto en distintos mercados. Según Palmiro, esta situación incidió en la última temporada y complicó la comercialización del ajo argentino.
La demora en los pagos es otro de los problemas que enfrenta el sector. Palmiro indicó que existen productores y empresarios que comercializaron ajo entre diciembre, enero y febrero y todavía no lograron cobrar la totalidad de esas operaciones.
"Eso indefectiblemente hace que vos te atrases en tu obligación fiscal."
El problema se profundiza cuando se produce un embargo sobre una cuenta corriente, debido a que ese mismo instrumento es utilizado por las empresas tanto para cobrar como para realizar pagos. La inmovilización de esos fondos puede afectar el pago de salarios, proveedores y otras obligaciones.
A esto se suman los costos asociados al proceso para resolver un embargo. De acuerdo con Palmiro, los gastos legales pueden hacer que el monto final sea considerablemente superior a la deuda que originó la medida.
El empresario también puso el foco en la situación general de las economías regionales. Señaló que distintas actividades productivas de Mendoza, entre ellas la vitivinicultura, el ajo, el tomate, la cebolla, los frutales y la industria, vienen de un período complejo.
En ese sentido, destacó la importancia de estas actividades en la generación de empleo. A diferencia de otras producciones agrícolas que pueden trabajar grandes extensiones con poco personal, el sistema agroindustrial mendocino requiere una cantidad importante de mano de obra distribuida en diferentes puntos de la provincia.
Otro de los factores que condiciona al sector es el incremento de los costos medidos en dólares. Palmiro explicó que producir actualmente en Argentina dejó de ser barato en esos términos, por lo que las empresas necesitan aumentar su eficiencia, controlar los costos y mejorar la productividad para sostener su competitividad en los mercados internacionales.
"Hoy producir algo en Argentina en dólares no es más barato como era antes."
El escenario también alcanza al mercado interno. Según el empresario, las rentabilidades disminuyeron en diferentes rubros, mientras que las ventas se encuentran ralentizadas. Esto obliga a las empresas a buscar mayores niveles de eficiencia y reducir costos para sostener su actividad.
En materia de financiamiento, Palmiro reconoció una reducción de las tasas respecto de períodos anteriores. Los créditos en dólares presentan actualmente condiciones más accesibles, mientras que las tasas de los préstamos en pesos también disminuyeron, aunque desde el sector productivo todavía son consideradas elevadas.
Las dificultades en la cadena de pagos y el aumento de la morosidad también generaron mayor cautela entre las entidades financieras. Frente a este escenario, algunas empresas proveedoras de maquinaria comenzaron a ofrecer financiación propia para facilitar las ventas.
Respecto de la nueva campaña, Palmiro indicó que Argentina produce aproximadamente 15.000 hectáreas de ajo por año y que esta temporada presenta niveles similares, aunque se habría registrado una reducción del área implantada de entre el 15% y el 20%.
Una de las principales preocupaciones está vinculada con las condiciones climáticas previstas para la etapa de cosecha. El exceso de lluvias puede provocar pérdidas o deteriorar la calidad del ajo, lo que reduce su valor comercial y puede hacer que parte de la producción termine destinada a la industria.
Además de la superficie cultivada, el resultado de la campaña dependerá de la calidad y del rendimiento obtenido por hectárea. La reducción de la siembra se produce después de una temporada anterior que fue calificada como compleja para el sector.
Brasil continúa siendo históricamente el principal destino del ajo argentino, aunque la producción también llega a mercados como México, Estados Unidos, Canadá, Australia y distintos países europeos.
Palmiro destacó que el ajo argentino cuenta con reconocimiento internacional por su calidad y sostuvo que mantener ese diferencial resulta fundamental para competir y obtener mejores precios.
"El comprador internacional que nos viene a visitar cada año viene acá buscando un ajo de calidad."
Para el empresario, el desafío del sector productivo pasa por adaptarse al nuevo escenario económico, mejorar la eficiencia y sostener la competitividad, en un contexto en el que las empresas deben afrontar simultáneamente mayores costos, dificultades de financiamiento, menor rentabilidad y problemas en la cadena de pagos.