El doctor explicó los alcances del consumo de la droga.
La preocupación por el uso indebido de anestésicos como el Propofol volvió a instalarse en la agenda pública tras una serie de los ocurridos en la Ciudad de Buenos Aires, que incluyeron investigaciones por fiestas privadas con estas sustancias, el robo de fármacos en un hospital privado y la muerte del enfermero Eduardo Bentancourt en el barrio de Palermo.
El impacto de estos casos generó inquietud en otras provincias como Mendoza, donde incluso algunas instituciones de salud adoptaron medidas internas para evitar la difusión de información que pudiera alarmar a los pacientes. En este contexto, el toxicólogo Sergio Saracco brindó precisiones sobre el uso médico y los riesgos asociados a estas drogas en una entrevista con MNews Radio de El Observador Mendoza.
El propofol es un anestésico de uso estrictamente hospitalario que se administra por vía endovenosa y produce sedación e inconsciencia en un lapso de entre 30 segundos y un minuto. Su efecto es breve y desaparece entre los 5 y 10 minutos posteriores a su aplicación, lo que permite realizar procedimientos sin que el paciente experimente dolor o molestias.
"Es un anestésico muy efectivo, con un efecto sedativo inmediato y de rápida recuperación".
Su utilización está limitada a ámbitos controlados como quirófanos o unidades de terapia intensiva, debido a los riesgos que implica. Entre ellos, puede generar disminución de la frecuencia cardíaca, caída de la presión arterial y depresión respiratoria, por lo que requiere monitoreo constante y asistencia médica inmediata ante cualquier complicación.
"Siempre fuera del ámbito hospitalario es peligroso".
Además del propofol, otras sustancias como el Fentanilo y la Ketamina también forman parte del debate. El fentanilo se utiliza principalmente como analgésico en cuadros de dolor intenso, mientras que la ketamina posee efectos disociativos y es empleada tanto en medicina humana como veterinaria para inducir anestesia.
El acceso a estos fármacos está estrictamente regulado. No se comercializan en farmacias al público y su distribución se realiza desde droguerías hacia farmacias hospitalarias, donde se lleva un control detallado de su uso, incluyendo dosis, responsables y destino dentro de la institución.
"Existe un seguimiento de quién lo retira, en qué dosis y dónde se utiliza".
Sin embargo, se reconocen posibles fallas en los sistemas de control, como la adulteración de registros o desvíos ilegales, situaciones que derivan en sanciones administrativas y judiciales para los responsables.
El principal riesgo se presenta cuando estas sustancias se utilizan fuera del ámbito médico o sin supervisión profesional. El consumo indebido puede derivar en sobredosis, ya que generan tolerancia y requieren dosis cada vez mayores para lograr los mismos efectos, aumentando exponencialmente el peligro de muerte.
"Es una verdadera locura: se ponen en riesgo a sabiendas de lo que puede pasar".
El debate también se extiende a la necesidad de controles más estrictos en profesiones de alta responsabilidad, incluyendo el ámbito sanitario, el transporte y la seguridad. En algunos sectores ya se implementan políticas de control de consumo de sustancias, aunque no de manera uniforme.
"Estamos viendo el árbol y no el bosque".
El caso encendió alertas en toda la comunidad médica y abrió un nuevo interrogante sobre los mecanismos de control, el uso responsable de fármacos y la prevención de adicciones en entornos donde estas sustancias están disponibles.