El malestar no es contra la ley, sino contra la forma. Según diversos testimonios de comerciantes y pequeños empresarios que prefieren resguardar su identidad por temor a represalias, la Subsecretaría de Trabajo estaría operando bajo una lógica que muchos califican como un "regreso al pasado".
En los cafés de la Peatonal y en los chats de las cámaras de comercio de Mendoza, el tema es recurrente. Mientras desde los principales despachos oficiales se pregona un discurso de "viento a favor" para las empresas, con promesas de flexibilización y una supuesta modernización laboral, la realidad que golpea a la puerta de los locales -literalmente- parece hablar otro idioma.
El malestar no es contra la ley, sino contra la forma. Según diversos testimonios de comerciantes y pequeños empresarios que prefieren resguardar su identidad por temor a represalias, la Subsecretaría de Trabajo estaría operando bajo una lógica que muchos califican como un "regreso al pasado".
Las sombras del procedimiento
No se discute el fondo: la seguridad y el bienestar del trabajador son pilares innegociables para cualquier sociedad civilizada. Lo que los testigos ponen bajo la lupa es la arbitrariedad y lo que perciben como un ensañamiento administrativo.
Los puntos de fricción más señalados son:
El peso de la forma: Se reportan multas de montos siderales por errores de papeleo meramente administrativos que, en la práctica, no alteran las condiciones reales de trabajo ni la seguridad del personal.
¿Criterio pedagógico o recaudatorio?: Existe la sensación de que el inspector no llega para "ayudar a cumplir", sino para "encontrar la falta". Algunos empresarios sugieren que los procedimientos parecen responder más a una necesidad de caja que a una vocación de control laboral.
Inoportunidad: Las inspecciones suelen caer en los momentos de mayor tensión comercial o durante crisis operativas, convirtiéndose en un obstáculo que asfixia en lugar de regular.
La paradoja del discurso oficial
Resulta, cuanto menos, llamativo que mientras se debate una reforma laboral orientada a "alivianar las cargas", las herramientas de control actuales se sientan como una tenaza sobre el sector formal. Es la clásica contradicción del "haz lo que digo, pero no lo que hago".
"La provincia dice fomentar el empleo, pero permite que sus organismos de control traten al empleador como un delincuente presunto", comentaba un referente del sector pyme local esta semana.
Esta dicotomía genera una incertidumbre jurídica peligrosa. De poco sirve cambiar las leyes si la cultura de la inspección sigue anclada en la sospecha y el castigo fiscal.
Sugerencias para el camino que viene
Si Mendoza busca realmente ser punta de lanza en la generación de empleo, la Subsecretaría de Trabajo debería, quizás, considerar una alineación de criterios. La reforma corre el riesgo de ser una "cáscara vacía" si el brazo ejecutor del Estado sigue viendo al que abre la persiana cada mañana como un objetivo a sancionar y no como un actor a acompañar.
El control es necesario, pero la asfixia es contraproducente. ¿Es momento de pasar de un modelo de inspección punitivo a uno de acompañamiento y corrección? El sector privado, motor de la provincia, parece estar esperando esa respuesta.
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