Evan González creció entre viñedos, cabras y silencios de campo y transformó su vida por completo
Hay personas que parecen vivir varias vidas dentro de una sola, como si el tiempo no les alcanzara para todo lo que sueñan. Evan González es una de ellas. Creció entre viñedos, cabras y silencios de campo en Mendoza, un mundo donde el reloj lo marcaban las estaciones y el trabajo de sus padres agricultores. Sin embargo, mientras ayudaba a hacer queso en la finca familiar, ya sentía adentro un impulso imposible de ignorar: quería ver qué había más allá del horizonte que conocía desde niña.
Con apenas 18 años tomó una decisión que cambiaría todo. Guardó su guitarra, un par de mudas de ropa y unos pocos pesos, y salió de su casa en un paraje rural mendocino rumbo a lo desconocido. Sin saberlo, ese primer viaje a dedo por Latinoamérica sería el punto de partida de un recorrido que la llevaría a pisar 45 países, trabajar en los oficios más diversos y descubrir que el mundo se podía recorrer con voluntad, creatividad y una inmensa fe en uno mismo.
Evan tocó la guitarra en calles de ciudades que jamás imaginó conocer, se convirtió en guía de buceo, vivió en una isla de Indonesia durante la pandemia, pescó salmones en Canadá y aprendió inglés e italiano mientras hacía malabares para llegar a fin de mes. Todo eso, mientras registraba cada paso con una cámara que pronto se transformaría en la llave para conectar con miles de personas. Su comunidad crecería tanto que hoy, desde su cuenta de Instagram @alinfinitoo, más de 281.000 seguidores acompañan sus aventuras, sus ocurrencias y su capacidad única de contagiar entusiasmo.
Instalada desde hace años en Wiesbaden, cerca de Frankfurt, donde organiza rutas, edita videos y prepara mates mientras planifica nuevos desafíos, Evan ideó sin querer el proyecto que la catapultaría todavía más lejos: viajar en skate eléctrico. Lo que comenzó como una ocurrencia para levantar el ánimo tras una crisis personal, terminó convertida en una hazaña: recorrió países enteros sobre cuatro ruedas, cruzó Portugal de punta a punta, unió Barcelona con Málaga, y finalmente completó la travesía que le daría un lugar en la historia: Frankfurt-Madrid, más de 2135 kilómetros en 31 días, un viaje que le valió el récord Guinness al trayecto más largo en skate eléctrico, superando incluso las marcas masculinas y femeninas.
Pero detrás de cada logro hubo esfuerzo: jornadas de ocho a diez horas sobre la tabla, mochilas pesadas, rutas interminables y esa soledad inevitable que obliga a mirarse hacia adentro. Aun así, Evan nunca frenó. Ni siquiera sabiendo que los patines eléctricos están prohibidos en Alemania; simplemente llevó su pasión a las rutas del mundo.
Lo más sorprendente es que su historia no se reduce a récords ni a viajes virales. Evan también transformó su influencia en proyectos solidarios. En Costa Rica organizó la limpieza manual del Parque Nacional Corcovado junto a 250 seguidores, un esfuerzo colosal en una de las selvas con mayor biodiversidad del planeta. La iniciativa, llamada "Casita Limpia", fue reconocida por Naciones Unidas y se convirtió en un símbolo de lo que se puede lograr cuando las redes sociales se usan para algo más que entretener. Además, impulsa campañas para ayudar a refugios caninos como Territorio de Zaguates y colaboró con un orfanato en Uganda, aportando recursos esenciales a través de la comunidad que confía en ella.
Evan dice que no hace lo que hace para recibir likes; que es al revés: gracias a los likes, puede hacer. Su historia lo confirma. Desde esa finca mendocina donde nunca se iban de vacaciones porque había que cuidar a los animales, hasta convertirse en una creadora de contenido admirada en todo el mundo, su vida demuestra que la curiosidad, el coraje y la bondad pueden llevarte tan lejos como te animes a llegar.
Su provincia natal sigue siendo, según ella, "el lugar más lindo del mundo". Y aunque hoy su hogar es el camino, esa raíz mendocina es la que le recuerda quién es, incluso cuando va a toda velocidad sobre un skate eléctrico en algún rincón remoto del planeta. Porque, al final, Evan González no solo viaja: inspira. Y ese, sin duda, es su mayor récord.