La administración Trump impulsa un esquema para sostener precios de minerales estratégicos y reducir la dependencia de China. Sin embargo, aliados del G7 y empresas mineras advierten dudas sobre costos, gobernanza y efectos sobre la cadena de suministro.
La administración de Donald Trump enfrenta resistencias dentro del G7 por su plan para impulsar la producción de minerales críticos mediante mecanismos de regulación de precios, subsidios y acuerdos comerciales orientados a reducir la dependencia de China.
La propuesta, impulsada inicialmente por el vicepresidente estadounidense JD Vance, busca crear un bloque occidental capaz de sostener la producción de minerales esenciales para semiconductores, servidores, equipamiento militar, baterías y otros sectores estratégicos.
Sin embargo, las negociaciones avanzan con dificultades. Diplomáticos europeos y representantes de la industria minera expresaron dudas sobre quién pagaría los sobreprecios, cómo se administraría el sistema y qué alcance tendría sobre las distintas etapas de la cadena de suministro.
China se consolidó como el principal actor mundial en varios minerales críticos al operar durante años con precios bajos, en muchos casos por debajo de los costos de producción de sus competidores occidentales.
Esa estrategia dificultó el desarrollo de proyectos mineros en Estados Unidos, Europa y otros países aliados, afectando especialmente a sectores como el litio, el cobalto, el níquel, las tierras raras, el grafito, el tungsteno y el antimonio.
El plan estadounidense busca contrarrestar ese dominio mediante apoyos de precios, estándares de mercado, subsidios o compras garantizadas que permitan hacer viables nuevos proyectos fuera de China.
La administración Trump también evalúa aplicar aranceles ajustables para defender esos precios y evitar que la producción occidental quede nuevamente desplazada por la competencia china.
Los aliados europeos recibieron con cautela la propuesta de Washington. Una de las principales preocupaciones es que el sistema de precios sea calculado mediante un modelo de inteligencia artificial desarrollado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos.
Ese programa, conocido como OPEN, fue creado por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa y busca estimar cuál debería ser el precio real de un metal al considerar costos laborales, procesamiento y otras variables, excluyendo presuntas distorsiones generadas por China.
Para varios funcionarios europeos, permitir que Estados Unidos defina los precios mediante una herramienta propia podría otorgarle demasiada influencia sobre el funcionamiento del bloque.
En Europa también piden un esquema más amplio, con gobernanza flexible y herramientas adaptadas a cada mineral y a cada etapa de la cadena productiva.
Nicola Beer, responsable de financiamiento de minerales en el Banco Europeo de Inversiones, sostuvo que para Europa sería preferible contar con un índice basado en operaciones reales del mercado europeo, más transparente, menos opaco y menos susceptible a manipulaciones.
Otra diferencia central está en el formato institucional del bloque. Francia y Canadá impulsan un esquema liderado por el G7, mientras que Estados Unidos prefiere evitar negociaciones multilaterales largas y avanzar con acuerdos bilaterales concretos.
Washington busca presentar antes de fin de junio una propuesta de acuerdos vinculantes a Japón y a la Unión Europea, como primer paso sobre planes de acción anunciados previamente.
Según fuentes citadas por Reuters, el primer acuerdo podría incluir entre cinco y diez minerales, entre ellos tierras raras pesadas, antimonio, grafito y tungsteno, todos alcanzados por restricciones o prohibiciones de exportación impuestas por China.
La administración Trump también se muestra reticente a la idea francesa de crear una secretaría permanente dentro de organismos como la Agencia Internacional de Energía o la OCDE para monitorear las iniciativas sobre minerales críticos a medida que roten las presidencias del G7.
El sector minero estadounidense tampoco muestra una posición unificada. La oficina del representante comercial de Estados Unidos recibió más de 230 presentaciones públicas de mineras, refinadoras, fabricantes y clientes industriales.
Existe consenso en que el bloque debería enfocarse en minerales de nicho y estratégicos, en lugar de metales de gran mercado como el cobre. También hay acuerdo en que la política debería incluir productos más avanzados de la cadena, como teléfonos celulares, laptops y componentes tecnológicos.
Pero las diferencias aparecen cuando se discute cómo regular los precios. Varias compañías y cámaras empresarias recomendaron evitar un esquema de fijación directa de precios y priorizar incentivos fiscales, créditos tributarios y mecanismos de apoyo financiero.
La National Mining Association, principal cámara minera estadounidense, sugirió avanzar con cautela en la intervención de precios y concentrarse en herramientas de estímulo.
"Aunque las intervenciones de mercado, como los mecanismos de precios, pueden desempeñar un papel en ciertas circunstancias, los enfoques basados en incentivos son más adecuados para abordar los desafíos que enfrenta la industria minera nacional", sostuvo su CEO, Rich Nolan.
La disputa por los minerales críticos será uno de los temas centrales de la cumbre del G7 en Francia. Para los países occidentales, el desafío es construir una cadena de suministro completa, desde la mina hasta el producto final, que reduzca la exposición a China.
El problema es que muchos de estos minerales se comercializan en mercados poco transparentes, con operaciones extrabursátiles y referencias de precios dominadas por la producción china.
Además, la aplicación de aranceles o subsidios enfrenta dificultades prácticas, ya que varios países occidentales no importan grandes volúmenes de minerales en estado bruto, sino productos terminados que los contienen, como baterías, teléfonos o computadoras.
La propuesta de Trump apunta a resolver una vulnerabilidad estratégica real, pero el camino elegido genera interrogantes entre aliados y empresas. El resultado de estas negociaciones podría redefinir durante años la forma en que se compran, venden y financian los minerales críticos fuera de China.