A un año de la Operación Sindoor, India volvió a defender su respuesta militar tras el atentado en Pahalgam. Nueva Delhi la presenta como una acción precisa y no escalatoria.
El trasfondo se remonta al 22 de abril de 2025, cuando un ataque en Pahalgam dejó 26 civiles muertos. India atribuyó el hecho a grupos con respaldo desde territorio pakistaní y, semanas después, lanzó la Operación Sindoor contra objetivos identificados como infraestructura terrorista en Pakistán y en la Cachemira administrada por Islamabad.
Ese fue uno de los puntos centrales del mensaje defendido por el embajador de India en la Argentina, Ajaneesh Kumar, quien sostuvo que la operación estuvo dirigida exclusivamente contra estructuras vinculadas al terrorismo transfronterizo.
De acuerdo con la versión oficial india, los ataques alcanzaron nueve objetivos asociados a organizaciones como Lashkar-e-Taiba y Jaish-e-Mohammed, sin apuntar contra blancos civiles ni contra instalaciones militares convencionales. Nueva Delhi describió la acción como una respuesta calibrada para evitar una guerra abierta con Pakistán.
Más allá del aspecto militar, la Operación Sindoor fue utilizada por el Gobierno de Narendra Modi para marcar un cambio doctrinario. La posición india sostiene que no puede separarse a los grupos armados de quienes les dan refugio, financiamiento o apoyo operativo.
En esa línea, Kumar afirmó que "el terrorismo no puede justificarse, contextualizarse ni idealizarse bajo ningún pretexto político" y pidió a la comunidad internacional una postura más clara frente a los Estados que, según Nueva Delhi, permiten o respaldan estructuras terroristas.
El diplomático también vinculó la experiencia india con los atentados sufridos por la Argentina contra la Embajada de Israel y la AMIA, al señalar que ambos países comparten la convicción de que el terrorismo no debe normalizarse.
La operación también incluyó medidas no estrictamente militares, como restricciones diplomáticas, cierre de pasos comerciales y la suspensión de acuerdos bilaterales clave. Entre esos puntos, India dejó en suspenso el Tratado de Aguas del Indo, un instrumento histórico que regula el uso de recursos hídricos compartidos con Pakistán.
Desde el punto de vista operativo, la acción mostró coordinación entre las fuerzas indias y capacidad de ataque de precisión. Medios indios señalaron que el despliegue incluyó misiles, bombas guiadas y drones, en una demostración de fuego destinada a enviar una advertencia tanto a Pakistán como a otros actores regionales.
Pese al alto el fuego acordado días después, la relación entre India y Pakistán se mantiene frágil. La difusión del balance de la Operación Sindoor un año después busca reforzar tres mensajes: la capacidad de respuesta militar de India, su narrativa internacional contra el terrorismo y el límite que Nueva Delhi dice estar dispuesta a imponer ante nuevos ataques contra civiles.
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Dos tripulantes describieron misteriosos fragmentos que flotaban cerca de su nave espacial durante su misión en 1972.