Teherán confirmó que el Parlamento analiza una eventual salida del Tratado de No Proliferación Nuclear en plena guerra regional. La advertencia encendió alarmas por su posible impacto estratégico, en una zona donde Arabia Saudita, Israel y Estados Unidos siguen de cerca cualquier cambio en el programa atómico iraní.
Irán volvió a elevar este lunes el tono de su confrontación con Occidente al advertir que evalúa retirarse del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), uno de los principales pilares del sistema internacional de control atómico. El anuncio fue formulado por el vocero de la Cancillería, Esmaeil Baghaei, quien confirmó que la cuestión está bajo análisis del Parlamento iraní.
"¿Qué beneficio tiene formar parte de un acuerdo cuando ciertas potencias no nos permiten utilizar sus derechos y beneficios?", planteó Baghaei al justificar la discusión interna. Al mismo tiempo, el funcionario insistió en que Teherán sostiene formalmente que no busca fabricar armas nucleares, una postura que el Gobierno iraní viene repitiendo pese a la creciente presión militar y diplomática de Estados Unidos e Israel.
El TNP fue abierto a la firma en 1968, entró en vigor en 1970 y hoy reúne a 191 Estados parte. Su objetivo es limitar la expansión de armas nucleares, permitir el uso pacífico de la energía atómica y someter los programas civiles a controles e inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que actualmente dirige el argentino Rafael Grossi.
La amenaza iraní adquiere una dimensión regional delicada porque una eventual salida del tratado podría acelerar una carrera armamentista en Medio Oriente. Analistas consultados por distintos medios internacionales advierten que, si Irán abandona el marco de inspecciones y control, otros actores regionales podrían reforzar su apuesta por capacidades nucleares de disuasión.
En ese tablero, Israel ocupa un lugar central. El país no es parte del TNP y mantiene una política de ambigüedad sobre su arsenal, aunque estimaciones ampliamente citadas, como las del SIPRI, le atribuyen alrededor de 90 ojivas nucleares. Esa asimetría es uno de los argumentos que Irán suele esgrimir para denunciar un doble estándar internacional.
La discusión se da, además, en medio de nuevas sospechas sobre las reservas iraníes de uranio enriquecido. Reuters informó este mes que el OIEA cree que una parte sustancial del material enriquecido al 60% sigue en Isfahán, mientras en Washington crecieron las versiones sobre posibles operaciones para apoderarse de ese stock. Con ese trasfondo, la sola posibilidad de que Irán abandone el TNP ya funciona como una señal de máxima presión en una guerra que suma cada vez menos márgenes para la diplomacia.