La policía israelí bloqueó este domingo el ingreso del cardenal Pierbattista Pizzaballa y del custodio de Tierra Santa a la basílica del Santo Sepulcro, donde iban a oficiar una celebración privada de Domingo de Ramos. La Iglesia denunció un "grave precedente", mientras Israel alegó motivos de seguridad por la guerra con Irán.
El incidente ocurrió en la mañana del Domingo de Ramos, cuando Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén y máxima autoridad católica en Tierra Santa, y monseñor Francesco Ielpo fueron interceptados por la policía mientras se dirigían al Santo Sepulcro sin procesión ni acto público. Según el Patriarcado Latino y la Custodia de Tierra Santa, fue la primera vez en siglos que los jefes de la Iglesia no pudieron celebrar allí esa misa.
En un comunicado conjunto, las autoridades eclesiásticas calificaron lo sucedido como un "grave precedente" y una medida "manifiestamente irrazonable y desproporcionada". También remarcaron que, desde el inicio de la guerra, ya habían acatado todas las restricciones, cancelado reuniones públicas y organizado transmisiones para los fieles de todo el mundo.
La explicación israelí fue que los lugares santos de la Ciudad Vieja permanecen cerrados a los fieles por riesgo de ataques y por la falta de refugios y accesos adecuados para vehículos de emergencia. La policía dijo que ya había rechazado el sábado un pedido de excepción para la celebración, y Benjamin Netanyahu sostuvo después que no hubo "ninguna intención maliciosa", sino preocupación por la seguridad de Pizzaballa y su comitiva.
La decisión desató una rápida reacción internacional. Italia convocó al embajador israelí para pedir explicaciones y Giorgia Meloni calificó el episodio como una ofensa a la libertad religiosa. Emmanuel Macron también cuestionó el hecho, mientras que el embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, lo definió como un exceso difícil de justificar para una ceremonia privada de menos de 50 personas.
En paralelo, el papa León XIV aprovechó su primera misa de Domingo de Ramos en la Plaza de San Pedro para condenar cualquier intento de usar a Dios como justificación de la guerra. El pontífice afirmó que Jesús es "Rey de la paz", que rechaza la violencia y que Dios no escucha las oraciones de quienes tienen "las manos llenas de sangre". También dijo que rezaba especialmente por los cristianos de Medio Oriente, muchos de los cuales no pueden vivir plenamente los ritos de Semana Santa.
Así, el arranque de la Semana Santa quedó atravesado por un episodio inédito en Jerusalén y por una tensión que excede el plano religioso. La prohibición a Pizzaballa abrió un frente diplomático para Israel en medio de la guerra con Irán y volvió a poner bajo la lupa el equilibrio entre seguridad, statu quo y libertad de culto en los lugares santos de la ciudad.