La suba de las materias primas energéticas afecta a los mercados internacionales.
Los precios del petróleo y el gas se disparan este jueves impactando en los mercados internacionales, que registran caídas generalizadas ante el recrudecimiento en la guerra de Medio Oriente.
En las últimas horas los valores de las materias primas energéticas se volvieron a revalorizar tras sucesivos ataques a infraestructuras petroleras y gasíferas, marcando una nueva escalada en el conflicto que ya lleva más de dos semanas.
Los precios de referencia del petróleo Brent superaron los 119 dólares por barril después de que Irán atacara instalaciones energéticas a raíz del bombardeo israelí contra su yacimiento de gas de South Pars, lo que supone una grave escalada del conflicto.
A las 10.26 GMT, los futuros del Brent ganaban 7,39 dólares, o un 6,9%, a 114,77 dólares el barril, después de avanzar más de 10 dólares más temprano, hasta tocar un pico de 119,13 dólares, cerca del máximo de tres años y medio registrado el 9 de marzo.
El West Texas Intermediate en Estados Unidos (WTI) subía 27 centavos, o un 0,3%, a 96,59 dólares por barril, tras mejorar casi 4 dólares antes, a 100,02 dólares. El WTI cotizó con su mayor descuento respecto al Brent en 11 años.
Ambos índices de referencia se revalorizan más de un 60% en lo que va de 2026, ante el impacto de la guerra en Medio Oriente en los mercados energéticos, que ven reducida su capacidad de abastecimiento por el bloqueo del estrecho de Ormuz.
El precio del gas natural, por su parte, se dispara un 24% este jueves y se duplica desde el principio de la guerra, al trepar hasta la zona de los 70 euros megavatios/hora (MWh), en el mercado holandés (TTF)
Los repuntes en los precios energéticos se dan tras una escalada de ataques cruzados contra infraestructuras de gas en Medio Oriente. En primera instancia, Israel bombardeó instalaciones clave del gigantesco yacimiento de gas South Pars en Irán, uno de los mayores del mundo, dañando plantas de procesamiento.
Como respuesta, el régimen iraní lanzó misiles y drones contra instalaciones energéticas en países del Golfo, especialmente a la planta de gas natural licuado (GNL) de Ras Laffan en Qatar, que sufrió importantes daños a raíz de los incendios provocados por los ataques.
La planta es la mayor del mundo y produce cerca de una quinta parte del suministro global, aunque está paralizada desde el principio de la guerra a partir de que los barcos de gas licuado tienen impedido el paso por el estrecho de Ormuz.

El presidente de EE.UU. se expresó sobre los ataques a centrales energéticas en Irán e Israel; aseguró que Tel Aviv no volverá a bombardear la gasífera South Pars mientras Teherán se limite a no agredir al estado qatarí.