La crisis en torno al estrecho de Ormuz, la falta de respaldo de la OTAN y las tensiones dentro del propio oficialismo complican al presidente de Estados Unidos, que busca una salida rápida a un conflicto que amenaza con volverse un lastre en pleno año electoral.
Donald Trump comenzó a percibir el riesgo de un empantanamiento en la guerra en Medio Oriente, en un escenario cada vez más delicado para la Casa Blanca por la falta de apoyo internacional, el creciente malestar interno y la dificultad para mostrar una salida clara del conflicto.
Sin el respaldo de la OTAN y con un frente doméstico sacudido por la renuncia y las explosivas declaraciones del director del Centro Nacional de Contraterrorismo, Joseph Kent, el presidente estadounidense enfrenta un cuadro complejo mientras intenta reabrir el estrecho de Ormuz y declarar el fin de la guerra.
La salida de Kent dejó expuesto un descontento que, según distintas señales, no solo atraviesa al gobierno sino también al Partido Republicano y, en particular, al núcleo duro del movimiento MAGA, que respaldó a Trump con la promesa de mantener a Estados Unidos alejado de nuevas guerras y bajo la consigna de "America first".
"Irán no representaba una amenaza inminente contra nuestra nación, y está claro que iniciamos esta guerra a causa de la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense", escribió Kent en la red social X, en un mensaje que provocó fuerte impacto en la Casa Blanca.
Trump respondió con dureza. Lo calificó de "débil" y sostuvo que su salida era positiva. "No lo conocía bien, pensé que parecía un tipo bastante agradable, pero cuando leí su declaración, me di cuenta de que es algo bueno que se haya ido, porque dijo que Irán no era una amenaza. Irán era una amenaza", afirmó el mandatario.
El presidente también descargó críticas contra la OTAN, que dejó en claro que no participará de maniobras para reabrir el estrecho de Ormuz, un paso estratégico por el que circula cerca del 20% del petróleo y del gas natural licuado del mundo. "Creo que la OTAN está cometiendo un error realmente estúpido", dijo Trump, antes de remarcar que Estados Unidos no necesita ayuda externa para afrontar el conflicto.
Pero más allá de sus declaraciones, el problema central para Washington sigue siendo cómo garantizar la reapertura del estrecho si Irán, aun debilitado, mantiene la presión sobre esa vía marítima clave para el comercio energético global.
El analista Mehran Kamrava, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Georgetown en Qatar, advirtió que las opciones de Trump son limitadas. Según explicó, cerrar el estrecho es relativamente sencillo para Irán, mientras que mantenerlo abierto resulta mucho más complejo para Estados Unidos.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha valorado este martes como una buena noticia la reciente...
En ese marco, señaló que una posibilidad sería desembarcar tropas en alguna de las islas iraníes del Golfo Pérsico, como Kharg, Qeshm o Kish, o bien profundizar el deterioro de la armada iraní. Sin embargo, alertó que fuera de esas alternativas no se observan muchas opciones viables para Washington.
La extensión del conflicto genera además preocupación política en un año electoral sensible para el oficialismo.Con las elecciones de medio término previstas para el 3 de noviembre, dentro del Partido Republicano crece el temor a que una guerra prolongada termine afectando la campaña y complique a los candidatos del oficialismo.
Lo que en un comienzo podía aparecer como una ofensiva breve empieza a mostrar signos de prolongación. Según distintos analistas, Irán logró mantener abierta una guerra de difícil resolución mediante ataques sobre objetivos en el Golfo y la presión sobre el estrecho de Ormuz.
En ese contexto, el medio estadounidense Politico advirtió que algunos aliados de Trump creen que el presidente ya no controla con claridad cómo ni cuándo podría terminar la guerra. La preocupación es que los ataques iraníes contra petroleros terminen empujándolo a una escalada mayor e incluso al envío de tropas para poder mostrar una victoria creíble.
Una fuente cercana a la Casa Blanca, citada por ese medio, sintetizó la inquietud con crudeza: pese a los éxitos militares de Estados Unidos, "ahora ellos tienen la sartén por el mango". Según esa visión, Irán puede condicionar la duración del involucramiento estadounidense e incluso forzar un despliegue terrestre si Washington intenta preservar la apariencia de control.
Otros sectores cercanos al trumpismo, como el activista Jack Posobiec, sostienen que aún quedan opciones antes de una invasión, entre ellas la detención de petroleros iraníes, la ejecución de ciberataques y el bloqueo de activos financieros. Aun así, reconocen que cualquiera de esos caminos también implica una escalada.
El malestar no se limita al debate estratégico. La renuncia de Kent amplificó tensiones que, de acuerdo con medios estadounidenses, ya eran perceptibles dentro del gobierno. The Washington Post citó incluso a un funcionario anónimo que expresó su desánimo por el curso de la guerra con una frase contundente: "Todo el mundo está harto de esta mierda".
Así, más allá de la retórica de victoria que intenta sostener la Casa Blanca, el tiempo empieza a jugar en contra de Trump. Sin una salida visible y con costos políticos crecientes, la guerra amenaza con convertirse en una pesada ancla para el presidente en una etapa clave de su mandato.