Óscar Muñoz, ingeniero comercial y emprendedor de alma, fundó una empresa de reciclado de vidrio cuando tenía 18 años.
La historia de Óscar Muñoz no empieza con éxito, ni con inversión, ni con certezas. Empieza con una crisis.
A los 18 años, en 2009, era apenas un estudiante de ingeniería comercial en Chile, con una idea que nadie entendía del todo: crear una empresa que no dañara el planeta. En medio de una clase universitaria propuso fabricar vasos a partir de botellas recicladas. La respuesta fue un golpe duro: sus compañeros rechazaron el proyecto y su profesor también.
"No tenía pasta de emprendedor y tenía malas ideas"
Esa frase quedó marcada. Desaprobó la materia que más le gustaba y atravesó uno de sus primeros grandes fracasos. Pero lo que parecía un final fue apenas el inicio. Una segunda oportunidad cambió el rumbo: junto a un amigo retomó la idea, la desarrolló y logró revertir la historia. El proyecto fue aprobado con la mejor calificación.
Mientras ese proyecto daba sus primeros pasos, su vida personal atravesaba uno de los momentos más difíciles. Su familia estaba endeudada, el negocio familiar en quiebra y el riesgo de perder la casa era real.
"Nos iban a rematar la casa y yo no podía ni pagar la universidad"
Como el mayor de tres hermanos, asumió un rol clave. No solo estudiaba: necesitaba generar ingresos urgentes. La escasez era cotidiana.
"En mi casa no había nada en el refrigerador"
La imagen que marcó un antes y un después fue la de su madre llorando en la calle, de madrugada, después de salir de una clínica. Ese momento se convirtió en un punto de quiebre.
"Aunque me ponga en la esquina a vender vasos, voy a salir de esto"
De fabricar en casa a crear una empresa sustentable
Los primeros años fueron extremadamente duros. Sin capital, sin experiencia y con una presión económica constante, comenzó fabricando los vasos desde su casa. Luego pasó a un centro de reciclaje y, años después, logró instalarse en una planta propia.
"Los primeros cinco años fueron extremadamente duros"
Se graduó en 2015 con una deuda de 47.000 dólares, que logró pagar recién en 2017. Ese mismo año marcó un cambio clave: empezó a estudiar marketing digital por su cuenta y transformó completamente la manera de comunicar su marca.
La propuesta dejó de ser solo un producto para convertirse en una historia, en una causa.
El crecimiento de un modelo con propósito
La empresa se consolidó con un modelo basado en la economía circular: transformar botellas de vidrio descartadas en vasos con diseño, identidad y valor emocional.
"El secreto es ofrecerle a la gente lo que quiere, no lo que me gusta a mí"
A partir de ahí, comenzaron a diseñar productos con temáticas que conectan con las personas: profesiones, películas, artistas, causas sociales. Cada vaso pasó a representar algo más que un objeto.
Con el tiempo, el negocio se expandió. Hoy, gran parte de las ventas se realiza a través de comercio electrónico, junto con una tienda física en Santiago de Chile. Además, el 60% de su facturación proviene de empresas que buscan productos personalizados.
La compañía se construyó sobre valores claros: sustentabilidad, transparencia y compromiso social. Publican sus balances financieros mensualmente y operan con una fábrica sustentable, utilizando transporte eléctrico para reducir el impacto ambiental.
El proceso de producción es complejo: las botellas se recolectan a través de recicladores urbanos, se limpian, pulen y transforman en nuevos productos listos para el mercado.
Además, incorporaron un modelo de negocio con impacto social, destinando parte de sus ingresos a causas benéficas.
"Mi sueño era que las ganancias sirvan para ayudar"
Con el paso de los años, el emprendimiento logró consolidarse y alcanzar reconocimiento internacional. La revista Forbes destacó su historia como un ejemplo de innovación con impacto.
La empresa ya superó los 10 millones de dólares en ventas y vendió más de 2 millones de vasos, posicionándose como una de las compañías con mejor reputación corporativa en Chile.
Pero más allá de los números, su historia sigue siendo la misma: la de alguien que empezó sin nada, en un contexto adverso, y decidió transformar una idea rechazada en un proyecto con sentido.
"Todo empieza en casa, necesitamos personas dispuestas a pelear por el planeta"
Hoy, su camino refleja que emprender no es solo crear un negocio, sino también construir una forma de cambiar la realidad, incluso cuando todo parece estar en contra.