En declaraciones atribuidas a una entrevista con Politico y en un acto en la Casa Blanca, el presidente de EE.UU. aseguró que su gobierno "está hablando con Cuba" y vinculó el agravamiento de la crisis en la isla al corte del petróleo venezolano tras la captura de Nicolás Maduro. Cuba, por su parte, negó negociaciones formales.
El presidente estadounidense Donald Trump afirmó que la Revolución cubana "va a caer" y planteó que un eventual derrumbe del sistema en la isla sería "la frutilla del postre" tras las acciones de la Casa Blanca en otros frentes internacionales. Las declaraciones fueron difundidas por medios que citan una entrevista telefónica con Politico y se reforzaron luego en un evento oficial en Washington.
Según esos reportes, Trump aseguró que su administración está en contacto con el gobierno cubano y deslizó que La Habana busca alcanzar un entendimiento con urgencia. "Necesitan ayuda. Estamos hablando con Cuba", dijo el mandatario, y sostuvo que "solo es cuestión de tiempo" para que su gobierno se enfoque en el caso cubano.
El republicano vinculó la presión sobre la isla al cambio de escenario en Venezuela tras la operación militar estadounidense del 3 de enero, cuando fuerzas de EE.UU. capturaron al entonces presidente venezolano Nicolás Maduro y lo trasladaron a Nueva York para enfrentar cargos, en un episodio que generó una fuerte controversia internacional.
En esa línea, Trump elogió a la presidenta venezolana encargada, Delcy Rodríguez, y destacó el impacto de las decisiones venezolanas sobre el suministro energético hacia Cuba. "Está haciendo un gran trabajo", dijo sobre Rodríguez, en declaraciones recogidas por Reuters.
El endurecimiento de la política energética de Washington también quedó en el centro del debate. Expertos de la ONU denunciaron a fines de febrero una orden ejecutiva firmada el 29 de enero de 2026 que habilitó medidas para imponer un "bloqueo de combustible" a Cuba y advirtieron sobre su impacto humanitario y su encuadre legal.
En paralelo, distintos medios internacionales describieron un agravamiento de la escasez de combustible y sus efectos cotidianos en Cuba -con apagones extendidos, problemas de transporte y faltantes- en un contexto de presión económica creciente.
Mientras Trump insistió en que su administración conversa con La Habana, desde el gobierno cubano rechazaron públicamente la existencia de negociaciones formales, según las versiones periodísticas que circularon tras sus declaraciones.